La historia del bitcóin contada a través de cinco grupos diferentes

Representation of the Bitcoin virtual currency standing on the PC motherboard is seen in this illustration picture, February 3, 2018. REUTERS/Dado Ruvic/Illustration
It all began with a small group of idealistic cryptographers.Image: REUTERS/Dado Ruvic/Illustration
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Las recientes fluctuaciones del valor del bitcóin son solo las últimas de una serie de espectaculares máximos y mínimos desde su creación en 2009. (Aunque su precio ha bajado últimamente, sigue siendo cinco veces más alto que el pasado abril, antes de que comenzara el último gran repunte).

Los comentaristas suelen ser desdeñosos con quienes compran bitcóin y los descartan como víctimas ingenuas de una burbuja fraudulenta. Pero, si observamos con más atención, podemos rastrear la historia del bitcóin a través de cinco narrativas clave. Cada una ha atraído a un grupo diferente de compradores y, con ello, ha contribuido al crecimiento de su valor a largo plazo.

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Los idealistas

El bitcóin surgió de un pequeño grupo de criptógrafos que intentaban resolver el problema del «doble gasto» que afectaba al dinero digital: el «efectivo» almacenado como archivo digital podía copiarse fácilmente y utilizarse varias veces. Las instituciones financieras resuelven el problema con facilidad mediante un libro mayor central seguro que registra cuánto dinero tiene cada persona en sus cuentas, pero los criptógrafos querían una solución más parecida al efectivo físico: privada, imposible de rastrear e independiente de terceros como los bancos.

La solución de Satoshi Nakamoto fue la cadena de bloques de Bitcoin, un libro mayor público protegido mediante criptografía que registra transacciones de forma anónima y se conserva en múltiples copias en los ordenadores de muchos usuarios. La primera narrativa sobre el valor del bitcóin estaba incorporada en el «documento técnico» original de Nakamoto. En él se afirmaba que el bitcóin sería superior a las formas de dinero electrónico existentes, como las tarjetas de crédito, pues ofrecería ventajas como eliminar los contracargos a los comerciantes y reducir las comisiones por transacción.

Los libertarios

Pero, desde una etapa temprana, Nakamoto también promocionó el bitcóin entre un público libertario. Para ello, destacó la ausencia de una autoridad central y, en particular, la independencia del bitcóin tanto de los Estados como de las instituciones financieras existentes.

Nakamoto criticó a los bancos centrales por devaluar el dinero al emitir cantidades cada vez mayores y diseñó el bitcóin con un límite estricto a la cantidad que podía emitirse. También destacó el anonimato de las transacciones con bitcóin: en principio, están a salvo de las miradas indiscretas del Estado. Los libertarios se convirtieron en entusiastas defensores y compradores de bitcóin, más por rebeldía que por motivos financieros. Han seguido ejerciendo una gran influencia en la comunidad del bitcóin.

Los jóvenes entendidos en tecnología

Sin embargo, estos grupos eran pequeños, y el bitcóin realmente empezó a despegar en julio de 2010, cuando un breve artículo publicado en Slashdot.org («noticias para frikis») difundió la noticia entre muchos compradores jóvenes y con conocimientos técnicos. Esta comunidad estaba influida por la «ideología californiana»: la creencia en la capacidad de la tecnología y los emprendedores para transformar el mundo.

Muchos compraron pequeñas cantidades a bajo precio y se sorprendieron al descubrir que tenían inversiones considerables cuando el precio se multiplicó. Se acostumbraron a las enormes fluctuaciones de precio y a menudo defendían «hodlear» bitcóin (una falta de ortografía de «hold», mantener, utilizada por primera vez en un ahora icónico mensaje publicado por un usuario ebrio que quería resistirse a los constantes mensajes de «vender» de los operadores intradía). Los hodlers insistían, medio en serio, en que el bitcóin iba «¡a la luna!» (una expresión utilizada 178.000 veces en los foros de bitcointalk) y hablaban de comprarse «lambos» (Lamborghini) con sus ganancias. Esta ligereza contracultural generó un sentido de comunidad y un compromiso con conservar el bitcóin que contribuyen a sostener su valor.

Los inversores

Los dos últimos grupos que han contribuido a la historia del bitcóin son más convencionales. El cuarto grupo de inversores, tal como lo considero, está formado por especuladores atraídos por la volatilidad y los máximos de los precios del bitcóin.

Por un lado, están los operadores intradía, que esperan aprovechar la volatilidad del precio del bitcóin comprando y vendiendo rápidamente para sacar partido de los movimientos de precios a corto plazo. Como los especuladores de cualquier otro activo, no les interesa realmente el panorama general ni las cuestiones relacionadas con el valor intrínseco; solo les importa el precio de hoy. Sus únicas narrativas son «comprar» y «vender», a menudo utilizadas en un intento de influir en el mercado.

Por otro lado, están quienes se sienten atraídos por las noticias sobre burbujas de precios. Irónicamente, las narrativas sobre burbujas en la prensa, a menudo concebidas para disuadir a los inversores, pueden producir el efecto contrario. Estos inversores participan en lo que Keynes llamó un «concurso de belleza»: solo les importa cuánto podrían estar dispuestas a pagar otras personas por un bitcóin en el futuro a corto o medio plazo.

Los equilibradores de carteras

El último grupo, y el más reciente, de compradores de bitcóin está formado por quienes equilibran sus carteras: inversores más sofisticados que compran bitcóin para protegerse frente a riesgos más amplios del sistema financiero. Según la teoría moderna de carteras, los inversores pueden reducir el riesgo global de sus carteras comprando algo de bitcóin, porque sus máximos y mínimos no coinciden con los de otros activos, lo que ofrece cierta protección frente a las caídas bursátiles. Este grupo está emergiendo, pero podría aumentar considerablemente la aceptación del bitcóin entre los inversores convencionales.

Así pues, el valor del bitcóin se ha construido sobre una serie cambiante de narrativas que han atraído sucesivas oleadas de compradores. Aunque los comentaristas mayoritarios suelen desdeñar el bitcóin por carecer de valor intrínseco, el valor de mercado de todos los activos depende de procesos narrativos como estos.

Es muy posible que el bitcóin vuelva a desplomarse, pero lo mismo podría ocurrir con cualquier otro activo financiero. Invertir en bitcóin no es ni más ni menos arriesgado que invertir en la empresa tecnológica más reciente que haya empezado a cotizar en bolsa sin haber obtenido nunca beneficios.

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