¿Las mujeres son mejores representantes políticos que los hombres? 

A woman casts her vote during the municipal and parliamentary elections at a polling station in San Salvador, El Salvador, March 4, 2018. REUTERS/Jose Cabezas
Women in the US are running for office in greater numbers than ever before.Image: REUTERS/Jose Cabezas
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Este año, las mujeres están a punto de lograr grandes avances en la representación en el Congreso.

En todo el país, cada vez más mujeres se postulan a cargos públicos, en cifras nunca antes vistas, sobre todo para ocupar escaños en el Congreso. Entre titulares y aspirantes, más de 500 mujeres se postulan para ocupar escaños en la Cámara de Representantes y el Senado. Actualmente, solo alrededor del 20 % de todos los miembros del Congreso son mujeres: 22 de los 100 senadores de Estados Unidos son mujeres, al igual que 84 de los 435 miembros de la Cámara de Representantes.

Las elecciones de 2018 recuerdan al “año de la mujer”. En 1992, las mujeres se postularon a cargos públicos en cifras nunca antes vistas en la política estadounidense. Los resultados fueron sorprendentes. Tras las elecciones, el número de mujeres en la Cámara de Representantes pasó de 33 a 55, y el número de mujeres en el Senado se triplicó, hasta llegar a seis.

Los escépticos quizá se pregunten: ¿realmente importa el género de quien te representa en el Congreso?

Sostenemos en un nuevo libro que la respuesta es, sin duda, sí. A las mujeres les resulta más difícil ganar la reelección que a los hombres y, por eso, se esfuerzan más en el cargo para servir a sus electores.

Mujeres que se postulan a cargos públicos en Estados Unidos en 2018Image: NBC News

Más esfuerzo para conseguir votos

Numerosas investigaciones han demostrado que las candidatas afrontan muchos más obstáculos que los hombres al postularse a cargos públicos.

Por ejemplo, los medios de comunicación tratan de manera diferente a las candidatas y a los candidatos. En general, los medios no dan tanta cobertura a las mujeres como a los hombres, aunque algunos datos indican que la disparidad podría estar disminuyendo. Sin embargo, sigue siendo cierto que las noticias publicadas sobre las candidatas se centran abrumadoramente en aspectos secundarios de la campaña, como la apariencia de las mujeres o su vida familiar, en lugar de sus propuestas políticas. Se ha descubierto que añadir a una noticia información sobre la ropa de una candidata —por ejemplo, hablar de los tacones de Nancy Pelosi o las gafas de Elizabeth Warren— reduce la probabilidad de que los votantes emitan su voto a favor de ella.

Las candidatas suelen enfrentarse a oponentes de calidad y con abundantes recursos. Por lo general, la entrada en la contienda de un rival fuerte disuade a otros aspirantes de presentarse, o «despeja el campo». Sin embargo, cuando una mujer se presenta —aunque sea objetivamente una candidata fuerte—, otros candidatos suelen persistir en su intento de competir contra ella. Asimismo, es más probable que las mujeres que ocupan un cargo se enfrenten a rivales fuertes, incluidos aspirantes en las primarias, que sus homólogos masculinos. Incluso ahora, ocho candidatos compiten contra la senadora Dianne Feinstein, que lleva 26 años en el cargo, aunque ella ganó las últimas elecciones por más de 20 puntos porcentuales.

Las mujeres también deben hacer frente a votantes que sostienen estereotipos de género y a grupos de interés o posibles donantes que a menudo no toman tan en serio a las candidatas como a los candidatos. Un reciente estudio experimental concluye que al menos algunos votantes prefieren explícitamente a los candidatos, incluso cuando las pruebas indican claramente que la candidata está más cualificada. Los datos de encuestas también revelan que un segmento considerable de la población, el 39 %, prefiere explícitamente un gobierno con mayoría masculina, frente a solo el 9 % que declara preferir uno con mayoría femenina.

Además de estos factores electorales concretos, hay varias formas en que se socializa a las mujeres, tanto dentro como fuera de la política, para que duden de sus propias capacidades, lo que las lleva a percibir que el entorno electoral está en su contra, incluso más de lo que realmente está.

En nuestro libro sostenemos que todas estas fuerzas llevan a las políticas a creer que deben dedicar más tiempo a protegerse de la oposición de sus electores, de posibles rivales e incluso de otros políticos. Como resultado, demostramos que las mujeres que ocupan cargos públicos adoptan un enfoque legislativo claramente distinto al de los hombres, y que ese enfoque les permite representar mejor a sus electores.

¿Son las mujeres mejores representantes?

Estas son las pruebas que hemos encontrado para respaldar este argumento:

En primer lugar, las mujeres dedican más tiempo y esfuerzo que los hombres a comunicarse con sus electores.

Incluso en el siglo XXI, el correo postal tradicional sigue siendo una forma importante de informar a los votantes sobre lo que ocurre en el Congreso. En promedio, los miembros del Congreso envían bastante más de 100.000 piezas de correspondencia al año. Lo hacen porque les ayuda a ganarse el favor de los votantes y, en última instancia, a ganar las elecciones. Además, las mujeres miembros de la Cámara de Representantes envían, en promedio, un 17 % más de correspondencia a sus electores que los hombres.

Otra forma importante en que los miembros del Congreso interactúan con sus electores es asignando personal a oficinas en sus estados y distritos de origen. Ese personal se ocupa de casos y presta otros servicios a los votantes. Tras controlar varias explicaciones alternativas, observamos que las senadoras destinan, en promedio, 3,5 empleados más a sus oficinas en el estado de origen que los senadores.

En segundo lugar, las mujeres consiguen más gasto público para sus distritos que los representantes hombres. Los miembros del Congreso canalizan fondos a sus distritos de muchas maneras, por ejemplo, mediante partidas presupuestarias específicas o asignaciones burocráticas. Según el método, las mujeres dirigen a sus votantes entre un 20 % y un 100 % más de gasto.

Por ejemplo, analizamos el dinero gastado como resultado del paquete de estímulo que aprobó el Congreso en respuesta a la recesión de 2008. En promedio, incluso tras controlar factores como la densidad de población y el nivel de pobreza, observamos que los distritos de la Cámara de Representantes representados por mujeres recibieron fondos de estímulo por valor de 55 millones de dólares estadounidenses. En cambio, los distritos representados por hombres recibieron un promedio de solo 35 millones de dólares.

En tercer lugar, observamos que las mujeres miembros del Congreso representan más fielmente los intereses y las necesidades de sus electores al participar en el proceso legislativo. Al analizar los datos, comprobamos que es más probable que las mujeres que los hombres acepten cargos en comisiones que reflejan los intereses y las demandas de sus distritos. Las mujeres también presentan más proyectos de ley sobre ámbitos políticos importantes para sus electores y, según una evaluación de la correspondencia entre los intereses del distrito y la ideología de sus representantes, tienen más probabilidades de votar de maneras que reflejan las necesidades de sus electores.

Argumentos a favor de las mujeres en cargos públicos

Hay otras razones intuitivas por las que es importante elegir a mujeres. Por ejemplo, elegir a mujeres hace que el Congreso refleje mejor la proporción de mujeres en Estados Unidos. Las mujeres representan el 51 % del electorado estadounidense, pero actualmente solo constituyen el 20 % de los miembros del Congreso.

Elegir a mujeres probablemente también aumentaría el tiempo que el Congreso dedica a los llamados «temas de mujeres» como la educación, el acoso sexual y las licencias familiares. Las legisladoras de todos los niveles tienen muchas más probabilidades de dedicar tiempo y energía a estos temas; por eso, elegir a más mujeres aumenta la presión que pueden ejercer sobre toda la cámara para que los aborde.

Sin embargo, elegir a mujeres no es simplemente una cuestión de política identitaria. Sí, elegir a mujeres es importante para las mujeres. Pero también observamos que, en una amplia variedad de actividades, las mujeres tienen más en cuenta a sus electores que los hombres. Esto da lugar a un Congreso que representa mejor a Estados Unidos y a la diversidad de sus intereses en su conjunto.

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