Al pensar en la gestión del agua, el género probablemente sea lo último que se les viene a la mente a muchas personas. Pero, de hecho, todo el proceso de gestión del agua —las decisiones tecnológicas, la toma de decisiones, la implementación, los beneficios y los riesgos— está atravesado por el género.
Sabemos que los hombres y las mujeres suelen tener prioridades y necesidades distintas en lo que respecta al agua. Por ejemplo, las mujeres prefieren que el suministro de agua para uso doméstico y las estructuras de riego estén cerca de sus hogares. Esto les permite distribuir eficazmente su tiempo entre las responsabilidades productivas y las domésticas. Los hombres suelen tener más movilidad, por lo que la ubicación del suministro es menos importante para ellos.
Además, las mujeres suelen ser más responsables de la producción agrícola de subsistencia mientras que los hombres suelen dedicarse a la producción agrícola comercial. Esto significa que tienen distintas necesidades en cuanto al suministro y la gestión del agua.
En la mayoría de los países africanos, las mujeres y las niñas son responsables de buscar y acarrear agua. Esto les deja menos tiempo para mejorar sus vidas mediante la educación y el trabajo: así se perpetúa el ciclo de la pobreza en África.
El papel de las mujeres en la gestión del agua no se limita al ámbito doméstico. También desempeñan funciones importantes, aunque a menudo invisibles, en el uso productivo del agua desde el punto de vista económico, incluso en la agricultura, la pesca y la ganadería: son responsables de la mitad de la producción mundial de alimentos y, en África, las mujeres representan el 43% de la mano de obra agrícola y producen hasta el 80% de los alimentos.
La relación entre las personas y el agua no es neutral en cuanto al género, y hay un creciente conjunto de pruebas que demuestra los beneficios de incorporar las cuestiones de género a la gestión del agua. Las políticas e intervenciones relacionadas con la gestión del agua solo pueden tener éxito de verdad si las mujeres participan junto con los hombres en todos sus aspectos.
El papel de las mujeres
Tradicionalmente, las mujeres son responsables de gestionar y mantener los sistemas comunales de suministro de agua. Esto es bastante habitual en muchas comunidades africanas, donde las mujeres regulan y controlan el uso y el mantenimiento de los recursos hídricos. Por ejemplo, restringen el acceso del ganado al agua a lugares determinados y el lavado a sitios específicos río abajo.
Las mujeres también se ocupan de buscar alternativas y resolver problemas relacionados con el suministro de agua y alimentos. Cuando el rendimiento de los cultivos es bajo debido al agotamiento del suelo, son las mujeres quienes modifican las prácticas agrícolas. Desarrollan estrategias alternativas para responder al deterioro y la erosión del suelo.
Las mujeres también negocian con sus vecinos para acceder al suministro de agua. Evalúan las fuentes de agua, analizan los patrones de suministro, presionan a las autoridades pertinentes y organizan protestas cuando la disponibilidad de agua alcanza niveles críticos.
Sin embargo, estas tareas no forman parte de una estructura formal. Esto significa que las mujeres no participan en las conversaciones comunitarias con el gobierno sobre las distintas fuentes de agua y, por lo tanto, tienden a quedar excluidas de la planificación estratégica y la toma de decisiones.
Se trata de una grave omisión. A través de su trabajo informal, las mujeres adquieren conocimientos, experiencia y habilidades especiales en materia de gestión del agua. Los proyectos hídricos que pasan por alto el papel central de las mujeres en la gestión del agua y las excluyen no solo dejan de lado a la mitad de la población, sino que también reducen la eficiencia, la eficacia y la sostenibilidad de los proyectos.
Casos de éxito
En Marruecos, un proyecto del Banco Mundial facilitó el acceso al agua potable y redujo drásticamente el tiempo que las mujeres y las niñas dedicaban a recoger agua. Como resultado, la asistencia escolar de las niñas aumentó un 20%. Otro estudio en Tanzania mostró un aumento del 12% en la asistencia escolar cuando había agua disponible a menos de 15 minutos, en comparación con los casos en que se tardaba más de media hora en llegar hasta ella.
En Burkina Faso, se ha constatado que la participación de las mujeres aporta un valor considerable al éxito de los proyectos hídricos. Se descubrió que ellas disponían de información sobre la fiabilidad durante todo el año de las fuentes de agua tradicionales, un conocimiento del que carecían los jefes de las aldeas, los hombres y los ancianos.
También existe potencial para lograr un cambio social más amplio. Se cuestionan las perspectivas de los hombres sobre las capacidades de las mujeres, y ellas adquieren nuevas habilidades que les permiten apartarse de los roles estereotipados.
El proyecto Watersheds and Gender en El Salvador es un gran ejemplo. Se capacitó a las mujeres para que aprendieran nuevas habilidades y se pusieron a su cargo pequeñas empresas relacionadas con el agua. Adquirieron conocimientos técnicos agrícolas y realizaron tareas que antes se consideraban aptas solo para los hombres. En la aldea de Hoto, Pakistán, un proyecto hídrico tuvo un enorme éxito cuando se adoptó una solución propuesta por una mujer. Esto animó a las mujeres a participar activamente en la toma de decisiones y propició cambios importantes en sus vidas, como la apertura de una escuela para niñas.
Igualdad
Todos estos ejemplos demuestran que, cuando las mujeres y los hombres participan por igual en la toma de decisiones sobre el agua, las decisiones y las soluciones representan las necesidades de toda la comunidad.
Más proyectos de gestión del agua deberían prestar atención al género y al papel tan importante que pueden desempeñar las mujeres en el éxito —o el fracaso— de los proyectos.



