Independientemente de su etapa de desarrollo, la mayoría de las economías presentan brechas de género significativas en los salarios y otros resultados del mercado laboral. Un número creciente de estudios analiza si esas brechas podrían deberse a diferencias de género en las actitudes hacia la competencia o el riesgo. Sin embargo, los economistas aún no han llegado a un consenso sobre si las diferencias observadas en las preferencias económicas son innatas o si, en cambio, varían según los entornos en los que se desenvuelven hombres y mujeres. Si no son innatas, las políticas públicas podrían contribuir a reducir las brechas de género en los resultados del mercado laboral.
Los estudios experimentales han constatado que las decisiones competitivas de hombres y mujeres difieren según compitan contra hombres o contra mujeres (por ejemplo, Gneezy et al. 2003, Gneezy y Rustichini 2004, Niederle y Vesterlund 2011). Además, el rendimiento observado también varía según el género de los competidores, como en Gneezy et al. 2003. Otros estudios han explorado el papel de la naturaleza o la crianza en la explicación de estas diferencias y han constatado que estas preferencias competitivas pueden modificarse mediante la crianza (Gneezy et al. 2009, Booth y Nolen 2012a).
¿Por qué las mujeres rinden peor cuando compiten contra hombres?
Para investigarlo, en un artículo reciente analizamos datos únicos sobre el rendimiento en una actividad del mundo real —las carreras de lanchas rápidas en Japón—, que por su propia naturaleza es competitiva y en la que las posibles ganancias por ganar son elevadas (Booth y Yamamura 2016). La novedad de estos datos radica en que las personas participantes se asignan aleatoriamente a grupos de un solo sexo o mixtos para competir, y en que también se asignan al azar los equipos (la lancha y el motor) que utiliza cada participante el día de la carrera. Además, mujeres y hombres compiten en exactamente las mismas condiciones. En nuestro artículo se puede encontrar información detallada sobre las características institucionales de este deporte (Booth y Yamamura 2016).
Carreras de lanchas rápidas en Japón
En todo Japón hay 24 estadios de carreras de lanchas rápidas, y en cada estadio se celebran carreras al azar unos cuatro días por semana. Los pilotos compiten en muchos estadios distintos. Cada jornada de carreras consta de 12 pruebas, y en cada una compiten seis pilotos. El circuito es un gran estanque artificial o una sección delimitada de un cuerpo de agua de 600 metros de longitud. Los competidores lo recorren tres veces, para completar una distancia total de 1800 metros.
Las mujeres representan aproximadamente el 13% de todos los pilotos de lanchas rápidas. El cumplimiento de las reglas de las carreras se supervisa estrictamente, y cualquier infracción conlleva la descalificación. Las posibles ganancias son muy elevadas y proceden de las apuestas. Los ingresos anuales promedio oscilan entre 5 millones de yenes japoneses para los pilotos de la categoría más baja y 33 millones de yenes para los de la categoría más alta.1
Las carreras se supervisan rigurosamente, y las severas sanciones impuestas a los pilotos descalificados les impiden participar, lo que reduce sus ingresos anuales. Por consiguiente, los pilotos tienen fuertes incentivos para respetar las reglas y ganar la carrera. Sin embargo, también se enfrentan a disyuntivas porque, para ganar, quizá deban cambiar de carril de forma arriesgada con el fin de mejorar su posición.
Figura 1 Carrera en una curva del estadio de Suminoe, en Osaka

Con datos de siete estadios que contienen información completa sobre los registros de todos los pilotos durante 18 meses, analizamos en qué difieren el rendimiento y las estrategias de mujeres y hombres en las carreras mixtas y en las de un solo sexo. Nuestros datos están estructurados como un panel e incluyen información sobre el tiempo de rendimiento y la estrategia de cada piloto en todas las carreras en las que ha participado. Así, contamos con más de 15.000 observaciones de mujeres en carreras y más de 127.000 de hombres en carreras, un conjunto de datos mucho mayor que los utilizados hasta ahora en otros estudios. Cabe señalar que, debido al predominio de los hombres, la mayoría de los participantes en las carreras mixtas son hombres (esto reproduce la situación de las mujeres en las disciplinas STEM: ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas).
Nuestras conjeturas sobre el comportamiento
Hipótesis 1: Las pilotos son más rápidas en las carreras de un solo sexo que en las mixtas, mientras que los pilotos son más rápidos en las carreras mixtas que en las de un solo sexo.
¿Qué sustenta esta conjetura? Las normas sociales sobre las formas de comportamiento apropiadas para cada género podrían hacer que las personas sintieran que pierden su identidad si se apartan del código correspondiente (por ejemplo, Akerlof y Kranton 2000). Si en general se espera que las mujeres se comporten de forma menos agresiva que los hombres, es más probable que sigan ese código de comportamiento en una carrera mixta que en una carrera exclusivamente femenina. Esto se debe a que la carrera mixta —a la que se las asigna aleatoriamente— despierta en ellas la conciencia de su identidad de género.
Hipótesis 2:Las pilotos siguen una estrategia menos agresiva que los hombres, y esta diferencia será más pronunciada en las carreras mixtas.
Esta conjetura se desprende de los hallazgos de un estudio anterior, que muestra que las diferencias de género en la aversión al riesgo varían entre entornos de un solo sexo y mixtos (Booth y Nolen 2012b). Las carreras requieren habilidad no solo para maniobrar la lancha, sino también para disputar una posición conveniente, ya que los carriles interiores ofrecen una ventaja. Cambiar de carril puede aportar beneficios, pero también acarrea costos (reglas estrictas que conllevan sanciones severas). Si los hombres tienen más confianza y menos aversión al riesgo, será más probable que adopten una estrategia agresiva. En nuestro conjunto de datos, el cambio de carril sirve como indicador indirecto de la «agresividad».
Debido a las reglas de las carreras de lanchas rápidas, es más probable que los pilotos que se comportan de manera agresiva infrinjan las reglas y sean descalificados. Si se confirma la hipótesis 2, planteamos una hipótesis adicional:
Hipótesis 3: Es menos probable que las pilotos reciban sanciones que los hombres en las carreras mixtas.
La salida de la carrera se basa en el sistema de salida prematura, en el que se producen cambios de carril. Antes de esto, cada participante realiza una breve exhibición en solitario, durante la cual obtiene información sobre la lancha que se le ha asignado al azar y demuestra su habilidad ante el público apostador. Es evidente que la estrategia desempeña un papel importante en la carrera propiamente dicha, pero su papel es mucho menor en la exhibición en solitario, donde los participantes no compiten directamente con los demás pilotos. Por lo tanto, no es relevante disputar posiciones.
Nuestros resultados
Investigamos cómo afectan las circunstancias dominadas por hombres al rendimiento de mujeres y hombres en las carreras. Controlamos los efectos fijos individuales y una serie de otros factores que afectan al rendimiento. Nuestras estimaciones revelan que los tiempos de las mujeres son más lentos en las carreras mixtas que en las exclusivamente femeninas, mientras que los tiempos de los hombres son más rápidos en las carreras mixtas que en las exclusivamente masculinas. También obtenemos los mismos resultados cuando usamos como variable dependiente el «puesto en la carrera». Por lo tanto, nuestros datos respaldan la hipótesis 1.
También constatamos que, en las carreras mixtas, los pilotos tienden a ser más agresivos —según el indicador indirecto del cambio de carril—, pese al riesgo de recibir sanciones por infringir las reglas, mientras que las mujeres siguen estrategias menos agresivas. Esto respalda la hipótesis 2. Sin embargo, no encontramos diferencias entre los géneros en las tasas de descalificación, por lo que no hallamos respaldo para la hipótesis 3.
Sugerimos que las diferencias de género en las actitudes ante el riesgo y la confianza pueden dar lugar a distintas respuestas al entorno competitivo y a las sanciones por infringir las reglas, y que es probable que la identidad de género también desempeñe un papel.
El primer hallazgo anterior reviste especial interés. Muestra que el rendimiento competitivo de las mujeres —incluso entre aquellas que han elegido una carrera competitiva y son muy buenas en ella— mejora cuando se encuentran en un entorno de un solo sexo, en lugar de uno mixto en el que son minoría. Los demás hallazgos mencionados también son de gran interés, ya que se desprenden de nuestro análisis de los mecanismos por los que se produce el primero. En particular, sugerimos en el artículo que los pilotos son agresivos, pero no imprudentes, pues al disputar una posición tienen en cuenta tanto el estado de sus competidores como el riesgo de ser descalificados.
En las carreras mixtas de lanchas rápidas, la proporción de género está sesgada a favor de los hombres. Las pilotos asignadas por sorteo a una carrera mixta suelen enfrentarse a cinco competidores hombres y, con menor frecuencia, a cuatro. Sostenemos que este desequilibrio de género probablemente despierta la conciencia de la identidad de género tanto en hombres como en mujeres, y que esto podría contribuir a explicar las diferencias de comportamiento observadas entre los grupos mixtos y los de un solo sexo. Por ejemplo, la identidad de género de un hombre puede llevarlo a considerar más deshonroso que lo derrote una mujer que un hombre, y tratará de evitarlo.
Nuestros hallazgos podrían tener implicaciones para otras actividades en las que hombres y mujeres compiten entre sí y donde la proporción de género está sesgada a favor de los hombres. Un ejemplo son las disciplinas STEM, donde ser minoría podría afectar el rendimiento de las mujeres. Esperamos que futuras investigaciones profundicen en este tema.
Referencias
Akerlof, G A y R E Kranton (2000), «Economics and identity», Quarterly Journal of Economics 115, 715–53.
Booth, A L y P Nolen (2012a), «Choosing to compete: How different are girls and boys?», Journal of Economic Behavior & Organization 81(2), 542-555.
Booth, A L y P Nolen (2012b), «Gender differences in risk behaviour: does nurture matter?», Economic Journal 122(558), F56-F78.
Booth A L y E Yamamura (2016), «Performance in Mixed-sex and Single-sex Tournaments: What We Can Learn from Speedboat Races in Japan», CEPR Discussion Paper n.º 11685.
Gneezy, U, M Niederle y A Rustichini (2003), «Performance in competitive environments: Gender differences», Quarterly Journal of Economics 118, 1049-1074.
Gneezy, U y A Rustichini (2004), «Gender and Competition at a Young Age», The American Economic Review: Papers and Proceedings 94(2), 377-381.
Gneezy, U, K Leonard y J List (2009), «Gender differences in competition: evidence from a matrilineal and a patriarchal society», Econometrica 77, 1637-1664.
Niederle, M y L Vesterlund (2007), «Do Women Shy Away from Competition? Do Men Compete Too Much?», Quarterly Journal of Economics 122(3), 1067-1101.
Niederle, M y L Vesterlund (2011), «Gender and Competition», Annual Review of Economics, Annual Reviews, 3(1), 601-630.
Notas finales
[1] Un dólar estadounidense equivale aproximadamente a 100 yenes japoneses.
