Las cifras son alarmantes: las mujeres representan menos del 25 % de la fuerza laboral STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) en Estados Unidos. Los datos de la Fundación Nacional de Ciencias de EE. UU. muestran que, entre 2006 y 2014, incluso disminuyó el número de mujeres que se graduaron con un título en informática.
La participación es mayor en las ciencias de la vida y las ciencias sociales, y las ciencias físicas están mejorando, pero las cifras aún no son representativas de la población general.
¿Por qué importa esta infrarrepresentación de las mujeres? Las investigaciones muestran que los equipos diversos obtienen mejores resultados. Las personas de distintos géneros, razas, orígenes y experiencias aportan perspectivas diferentes que pueden conducir a soluciones innovadoras. Ante los cambios que está impulsando la Cuarta Revolución Industrial (4RI), no podemos permitirnos prescindir de nadie.
El número de empleos en los campos STEM está aumentando, y están bien remunerados, porque estos campos son clave para aprovechar los beneficios de la 4RI, como una mejor atención sanitaria, acceso a la educación y un nivel de vida más alto. Pero también son esenciales para afrontar los posibles efectos negativos de la revolución, como el cambio climático, la ciberguerra y la reorientación de los sectores laborales, por mencionar solo algunos. Por eso es imperativo que las mujeres se beneficien de estas oportunidades y participen en la búsqueda de soluciones.
No es una cuestión de capacidad
Conocemos algunas de las razones por las que las mujeres y las niñas participan menos en los campos STEM: falta de estímulo, desaliento activo, falta de modelos a seguir, presión negativa de sus pares y acoso. Los estudios muestran que no se trata de una cuestión de capacidad. Las mujeres de grupos infrarrepresentados se enfrentan a un doble prejuicio: por su género y por su raza. En algunos países en desarrollo, las niñas aún luchan por acceder a la educación básica y, después, por ser aceptadas en el ámbito laboral. Muchos programas han intentado corregir la situación, con resultados dispares. Entonces, ¿qué está funcionando? ¿Qué motivos hay para el optimismo?
Cada vez se reconoce más el problema de la falta de modelos a seguir, que la activista por los derechos de la infancia Marian Wright Edelman expresó tan bien: «No puedes ser lo que no puedes ver». Cuando se pide a los estudiantes que dibujen a un científico, la mayoría dibuja a un hombre blanco con bata de laboratorio. La gran mayoría de las representaciones de científicos e ingenieros en películas y programas de televisión han sido hombres.
Pero, a medida que ha aumentado la conciencia sobre el problema, gracias a defensoras como Megan Smith, exdirectora de tecnología de Estados Unidos, y Susan Wojcicki, de YouTube, las representaciones de científicas e ingenieras en los medios han empezado a cambiar. El extraordinario éxito de películas como Talentos ocultos, que cuenta la historia de varias mujeres afroamericanas que trabajaron en la NASA en la década de 1960 y cuyas contribuciones a la ingeniería y las matemáticas ayudaron a llevar a los primeros seres humanos al espacio, permite a las niñas no solo ver lo que las mujeres ya han aportado, sino también imaginarse desempeñando ese papel.
La ciencia de ayudar a los demás
Las investigaciones han demostrado que las mujeres quieren marcar una diferencia en el mundo. Por ejemplo, la Asociación Estadounidense de Mujeres Universitarias realizó un estudio que reveló que las mujeres valoran más las carreras que implican ayudar y trabajar con otras personas. El Harvey Mudd College de California llevó esta idea a la práctica al crear cursos de informática e ingeniería que hacían hincapié en la colaboración y la resolución de problemas. Dio resultado: desde entonces, el college ha graduado promociones de ingeniería e informática compuestas mayoritariamente por mujeres. El Dartmouth College ha obtenido un éxito similar con un programa de ingeniería centrado en la resolución de problemas, la colaboración y el apoyo al alumnado. El énfasis tradicional de los cursos iniciales de ciencias, matemáticas e ingeniería en «eliminar» estudiantes ha alejado a las mujeres; ahora debemos centrarnos en cómo incluir a todas las personas.
Otra solución que se está probando en distintas comunidades consiste en atraer directamente a las niñas con programas de programación y empezar a enseñar a los niños sus fundamentos desde una edad temprana, incluso desde el jardín de infancia. Empezar pronto ofrece a todos los niños las mismas oportunidades antes de que arraiguen los estereotipos de género y comienza a preparar tanto a las niñas como a los niños para los empleos del futuro.
Modelos femeninos como Karlie Kloss ayudan al mostrar un interés activo por la programación; su programa Kode with Klossy anima a las jóvenes a seguir carreras en tecnología. Grupos como Girls Who Code han llegado a más de 40.000 niñas y les han mostrado que programar es divertido y puede servir para resolver problemas del mundo real. En el Reino Unido, programas como #techmums , dirigido por Sue Black, están dotando a las mujeres de las competencias digitales que necesitarán para desenvolverse en el ámbito laboral del futuro. Estos son solo algunos ejemplos del creciente número de soluciones innovadoras y eficaces.
La Cuarta Revolución Industrial está cambiando la forma en que recibimos la información, cómo la procesamos, cómo trabajamos y qué empleos tendremos. Está ocurriendo a un ritmo sin precedentes. Por eso, sencillamente no podemos permitirnos que una parte de la población no participe ni contribuya.
Las respuestas están a nuestro alcance: ofrecer modelos a seguir a las niñas, enseñarles las competencias que necesitarán, animarlas y mostrarles que las carreras tecnológicas ayudarán a cambiar el mundo para mejor. De aquí a 2030, las mujeres pueden y deben desempeñar un papel fundamental para aprovechar esta revolución en beneficio de nuestra sociedad global.
