Impulsar el crecimiento sostenible en los países más pobres del mundo

A woman puts dry fish on a cloth at a market in Serekunda, Gambia, December 3, 2016. REUTERS - RC1CF1FA1EB0
Only 6% of all private finance mobilized by official development finance between 2012-2017 reached the poorest countries.Image: REUTERS
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El ámbito de la financiación para el desarrollo sostenible vive una especie de edad de oro. Cada mes llegan nuevas noticias de inversores privados globales, entre ellos gestores de activos e inversores institucionales, que asumen compromisos públicos para alinear sus inversiones con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas. Lo ideal sería que este impulso ayudara a que la globalización y los mercados de capitales internacionales funcionen en beneficio de los más pobres del mundo y contribuyan a cerrar la brecha de desigualdad que está provocando sacudidas políticas de gran alcance en todo el planeta.

Lamentablemente, este no ha sido el caso. Mientras los inversores globales buscan alinear el capital con un propósito, los 47 países menos adelantados (PMA) del mundo siguen quedándose atrás. Un informe presentado esta semana por el Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la Capitalización (UNCDF) y la OCDE mostró que solo el 6 % de todas las finanzas privadas movilizadas mediante financiación oficial para el desarrollo entre 2012 y 2017 llegó a los países más pobres.

Si bien aspiramos a aumentar los fondos destinados a alcanzar los ODS, pasando del proverbial «de miles de millones a billones», el llamamiento a más financiación no se limita solo a la cantidad; debemos centrarnos en la calidad, con un enfoque estratégico en el impacto. Pese al rápido crecimiento de la financiación para el desarrollo a pequeña y mediana escala y de otras inversiones de impacto, la tradicional ausencia de operaciones invertibles en los PMA convierte el debate sobre la canalización de capital hacia estos mercados en una cuestión inviable para la mayoría de los gestores de activos e inversores institucionales.

Por lo tanto, una cuestión clave es cómo reorientar los flujos de capital global a gran escala para apoyar el logro del desarrollo sostenible de los PMA.

Una primera área de innovación es la emisión de bonos soberanos que permiten a los inversores financiar el crecimiento sostenible e inclusivo de sectores industriales. La República de Seychelles, con el apoyo del Banco Mundial, se convirtió en el primer Estado soberano en lanzar un «bono azul» como forma de acceder a los mercados de capitales para financiar la gestión sostenible de sus pesquerías y recursos marinos. Aunque no es un PMA, la República de Seychelles ha enviado una señal contundente de que los bonos soberanos pueden ser una herramienta financiera innovadora para que las naciones más pobres atraigan financiación destinada, entre otros objetivos, a la energía limpia, la resiliencia climática y la sostenibilidad hídrica.

Otra área de innovación que se da a nivel mundial es la alianza entre el banco de inversión suizo UBS y el Banco Mundial para aumentar el acceso del capital privado a la deuda para el desarrollo sostenible de alta calificación crediticia emitida por los bancos multilaterales de desarrollo. Esta iniciativa pretende impulsar el desplazamiento de inversiones desde bonos gubernamentales más seguros hacia instrumentos de deuda que puedan financiar proyectos de desarrollo sostenible a mayor escala; además, demuestra una forma de orientar la financiación de inversiones para beneficiar a quienes tradicionalmente han sido desatendidos por la arquitectura financiera global. Sin embargo, para que esta tendencia contribuya de manera significativa a los PMA, los gobiernos y emisores deberían incluir requisitos rigurosos de información sobre impacto que dejen claro cómo se utilizará el capital para respaldar industrias inclusivas.

Una última área de innovación en los mercados globales son los fondos cotizados (ETF) de renta variable que apoyan los impactos de los ODS. A finales de 2018, el UNCDF trabajó con Impact Shares, un gestor de fondos sin ánimo de lucro respaldado por la Fundación Rockefeller, para lanzar el primer ETF afiliado a la ONU (NYSE: SDGA) que incluye empresas que generan un impacto económico positivo en los países más pobres del mundo. Las comisiones de gestión netas del fondo se donarán al UNCDF para apoyar su labor en los PMA: ayudar a las personas a acceder al ahorro y al crédito; catalizar inversiones para empresas dirigidas o propiedad de mujeres; prestar a pequeñas y medianas empresas en mercados emergentes de frontera; y apoyar a los gobiernos locales para gestionar sus finanzas públicas de forma transparente y responsable.

Los inversores institucionales y gestores de activos convencionales están actuando conforme a nuevos compromisos de invertir en línea con los ODS. Mantener este impulso requerirá mayor transparencia y rendición de cuentas en materia de impacto. También exigirá un enfoque estratégico en la innovación para garantizar que el capital global impulse de manera eficaz un crecimiento económico más sostenible en todo el mundo, en particular en los países más pobres. Si trabajamos juntos, podemos asegurar que esta nueva era de financiación innovadora beneficie a los ciudadanos y países más pobres del mundo.

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