Phumzile Mlambo-Ngucka habla durante la Cumbre Jobs Reset.
Dos tercios de los empleos perdidos de forma permanente por la COVID eran de mujeres, según la OIT.
Debemos evitar que las oficinas se conviertan en «vestuarios»: espacios reservados para los hombres.
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Esta entrevista de preguntas y respuestas es una versión editada de una conversación con Phumzile Mlambo-Ngcuka, subsecretaria general de las Naciones Unidas y directora ejecutiva de ONU Mujeres, que tuvo lugar antes de la Cumbre Jobs Reset.
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¿Qué impacto ha tenido la COVID-19 en las oportunidades laborales de las mujeres?
La COVID-19 no es como muchas otras pandemias. No es neutral en cuanto al género: ha afectado de manera desproporcionada a las mujeres. Es una crisis sanitaria, pero también económica y social.
Las mujeres se han visto afectadas no solo por la enfermedad en sí, sino también porque trabajan en empleos inseguros. Por eso es fácil despedirlas: no tienen contratos exigibles, ahorros ni seguro. Esto les ha dificultado mantener su actividad económica.
Lo que hemos visto durante la COVID es que la mayoría de las personas que han perdido el empleo son mujeres. La OIT [Organización Internacional del Trabajo] calcula que dos tercios de los empleos que se perderán y no se recuperarán son empleos de mujeres. Esto se debe a que las mujeres trabajan en el sector servicios, la hostelería y el turismo. También se debe a que ocupan puestos en los que no hay contratos adecuados que puedan hacerse cumplir. Ahora debemos reconstruir mejor, ofreciendo a las mujeres mejores contratos y evitando que se encuentren en esta situación.
¿Qué se necesita ahora en materia de planes de estímulo y para garantizar una recuperación completa de la pandemia?
Mientras los gobiernos apoyan y rescatan a las industrias para que salgan de esta crisis, es importante que, al ofrecer paquetes de estímulo a los empleadores, también se dirijan a las mujeres que trabajan en esas empresas. No se debe dejar de lado a las mujeres solo porque no tengan el contrato adecuado ni puedan plantear las exigencias correspondientes.
Es importante que el estímulo fiscal también se dirija a las mujeres, que en su mayoría trabajan en el sector informal. Es importante apoyarlas porque, en ese sector, las mujeres no tienen forma de salir adelante por sí solas.

Aprendimos de la crisis del ébola, por ejemplo, que, mientras los hombres pudieron recuperarse económicamente tras una crisis de ese tipo, las mujeres tardaron mucho más. Y en algunos casos nunca pudieron recuperarse, porque eran la única persona que sostenía su negocio. No había estructura, apoyo ni leyes laborales: solo se tenían a sí mismas. Por eso, esta vez decimos a los gobiernos que debe haber una forma específica de atender las necesidades de las mujeres.
Algunos países están incorporando a las mujeres en sus planes de recuperación, pero la mayoría no lo hace. Hay margen para mejorar e involucrar e incluir a más mujeres en las actividades de recuperación que llevan a cabo los distintos gobiernos y países.
¿Cuáles son los efectos a largo plazo de que las mujeres hayan asumido la carga del trabajo de cuidados durante la crisis?
La COVID también ha afectado a las mujeres porque son cuidadoras. Se explotó el trabajo de cuidados no remunerado, ya que las mujeres intervinieron para cuidar a familiares enfermos. Cuidaron de sus padres mayores. También cuidaron de los niños.
Así, la carga de cuidados, que ya era tres veces mayor para las mujeres que para los hombres, aumentó considerablemente. La mayoría de las economías debe medirla, reducirla y redistribuirla, y formular políticas que permitan a las mujeres no cargar con este trabajo de cuidados no remunerado. También es cierto que, en muchos países con políticas adecuadas para quienes cuidan de otras personas, las mujeres pueden desempeñar un papel más importante en el mercado laboral. Pero durante la COVID-19 hemos visto cuántas mujeres han asumido la carga en casa.
Por eso debemos evitar que las mujeres se retiren del mercado laboral y acaben cuidando en casa en vez de trabajar en el mercado abierto, porque eso nos haría retroceder. Hemos trabajado mucho para que las mujeres salgan del hogar por decisión propia y puedan incorporarse al mercado laboral.
Y, a medida que el mundo salga de la pandemia y digamos que las mujeres también pueden trabajar desde casa, no debemos crear una situación en la que solo las mujeres acaben trabajando desde casa mientras los hombres van a la oficina. Así, las oficinas se convertirían en vestuarios, lugares a los que solo van los hombres. Los empleadores deben ser conscientes de ello y asegurarse de que las políticas no lo fomenten. De lo contrario, crearemos un nuevo problema para la sociedad.
¿Y qué pasa con los puestos de liderazgo?
El 85 % del personal de enfermería en primera línea son mujeres, pero ellas no forman parte de los grupos directivos durante esta crisis. De cada tres personas que hacen declaraciones públicas sobre la COVID, solo una es mujer.
Así, estamos viendo el reto que supone la infrarrepresentación de las mujeres en puestos de liderazgo, incluso en sectores donde, en general, están bien representadas.
En los sectores de la salud, donde las mujeres ya son mayoría, no hay una vía para que accedan a puestos de liderazgo. Deben estar incluidas; no hay razón para que los hombres estén al frente. Necesitamos que hombres y mujeres lideren la recuperación para garantizar que se aborden por igual los problemas que afectan a las mujeres y los que afectan a los hombres.
¿Qué debe ocurrir ahora?
Algunos de los avances logrados por las mujeres se están erosionando. Ahora debemos proteger esos avances y, al mismo tiempo, seguir progresando. No podemos aceptar que, como consecuencia de la pandemia, se dejen de lado las cuestiones que afectan a la igualdad de género.
Reconstruir mejor y crear una nueva normalidad muy distinta de la antigua normalidad, que era perjudicial, significa abordar estas cuestiones de frente y ahora mismo, sin dejarlas desatendidas.
Pensemos, por ejemplo, en las niñas y su educación. Cuando cerraron las escuelas en países donde existe el matrimonio infantil, este aumentó.
Por eso pedimos a los gobiernos que aborden estos hechos y corrijan la situación. Esto es una mala gestión del talento, porque las niñas tienen talento.
Si se niega a las niñas la oportunidad de contribuir a la sociedad y de cuidar de sí mismas y de sus familias, se reduce el número de personas que contribuirán a aumentar el PIB. También se reduce el número de personas que contribuirán a mejorar los resultados de salud de un país.
También disminuye el número de personas que podrán contribuir y mejorar la sociedad. No podemos pensar que un mundo dirigido por hombres sea un mundo bueno para todos. No funciona así.
