En los países europeos, las mujeres siguen ganando menos que los hombres. Al analizar los datos de mujeres que trabajan a tiempo completo en 30 países, vemos que habrían necesitado un aumento medio del 19 % de su salario por hora para igualar los salarios de los hombres. Tomemos Francia como ejemplo, donde la brecha se acerca al promedio regional: esto supondría pasar de 584 euros a 697 euros por una semana laboral de 40 horas. De hecho, en algunos países la brecha era mayor y alcanzaba un tercio de los salarios de las mujeres en 2015 (véase la figura 1). Sin embargo, las brechas más bajas observadas no se encuentran en Escandinavia, como cabría esperar, sino en Croacia, Grecia y Bélgica, donde las mujeres necesitarían un aumento salarial del 12 % para cerrar la brecha. Además, estas brechas se han mantenido a lo largo del tiempo. En un período de cinco años, la brecha disminuyó en solo 10 de los 30 países europeos que analizamos. Los descensos más notables se registraron en Estonia (10 puntos porcentuales), la República Eslovaca (5 puntos porcentuales) y Suiza (7 puntos porcentuales). En otros países, la brecha aumentó, particularmente en Polonia, Bulgaria, Lituania y Francia, donde se duplicó, mientras que en algunos países escandinavos (Dinamarca, Finlandia y Noruega) y en Letonia se mantuvo relativamente estable.
¿Qué explica estas brechas? Nos centramos en los «sospechosos habituales», como las diferencias en educación, formación familiar y características del empleo, y usamos una metodología que empareja a hombres y mujeres según esas características. Observamos que, tanto en los países de Europa oriental como en los de Europa occidental de nuestra muestra, las brechas de ingresos entre hombres y mujeres no solo persisten al comparar a hombres y mujeres con las mismas características demográficas (edad, estado civil, nivel educativo, presencia de un hijo menor de 6 años y residencia urbana o rural), sino que son incluso mayores que las brechas simples que se muestran en la figura 1, en consonancia con estudios anteriores.
Esto significa que, incluso cuando las mujeres tienen características que deberían traducirse en una mejor remuneración, como más años de educación, siguen ganando menos que los hombres. En otras palabras, hay una parte considerable de la brecha de ingresos que sigue «sin explicarse» incluso después de tener en cuenta los factores habituales. Esto contradice en parte lo que observamos, por ejemplo, al analizar los avances educativos. La brecha de género en la matriculación educativa ha desaparecido en la mayor parte de Europa y, de hecho, los niños y los hombres jóvenes ahora van a la zaga de las niñas y las mujeres jóvenes; sin embargo, seguimos observando que las mujeres con el mismo nivel educativo que los hombres (y de la misma edad) no ganan tanto como deberían.
El matrimonio y los hijos explican parte de la brecha salarial que observamos —pero solo alrededor de un tercio— y, aun después de tener en cuenta características laborales como los sectores y las ocupaciones en que trabajan mujeres y hombres, sigue habiendo una parte persistente y considerable de la brecha salarial que no puede explicarse. Más importante aún, también acabamos comparando a un grupo muy reducido de hombres y mujeres, lo que sugiere que, como han señalado otros datos e investigaciones , existe segregación de género en los sectores económicos (y en las ocupaciones). La segregación por sexo es un factor importante para explicar las diferencias de ingresos entre hombres y mujeres. Por eso, observamos que los sectores con predominio femenino, como la educación y la salud, presentan las brechas sin explicar más bajas.
Pese a ello, los avances logrados por algunos países son motivo de esperanza, pero hacen falta políticas activas para cerrar las brechas salariales. Las recomendaciones de la Comisión Europea apuntan a varias medidas posibles, desde la transparencia salarial que permite a los trabajadores comparar sus salarios con los de otras personas, hasta la mejora de los marcos jurídicos, como la ley aprobada recientemente en Islandia para cerrar la brecha salarial de género. Sin embargo, aún queda mucho por hacer para seguir mejorando las políticas de contratación y salariales en toda Europa.

