La «movilidad como servicio» (MaaS) anima a compartir los desplazamientos en lugar de usar coches privados.
Sin embargo, las mujeres suelen tener necesidades de transporte distintas a las de los hombres, algo que las aplicaciones de transporte suelen pasar por alto.
La adopción entre las mujeres es baja, y la seguridad es uno de los principales motivos.
Los sistemas comunitarios locales y las funciones de seguridad integradas pueden ayudar a aliviar algunas de estas preocupaciones.
Las carreteras del Reino Unido son algunas de las principales responsables de sus emisiones de gases de efecto invernadero. Y en 2020, 92% de los kilómetros recorridos por pasajeros en el Reino Unido se hicieron en coches, furgonetas y taxis. Esto significa que desplazarse en un vehículo privado tiene un impacto negativo desproporcionadamente grande en el medio ambiente.
Además, solo el 5,8% de los vehículos que circulan por las carreteras del Reino Unido son de emisiones ultrabajas. Incluso los vehículos eléctricos, aunque contaminan menos al circular, tienen un impacto ambiental considerable debido a los materiales utilizados para fabricarlos. Deshacerse de ellos también tiene un coste ambiental. Además, la propiedad de automóviles está aumentando en algunas zonas: se prevé que el condado de Hertfordshire tenga un 20,9% más de coches privados en 2031.
Si la sostenibilidad y la movilidad son preocupaciones igualmente importantes, ¿cómo nos aseguramos de abordar ambas? Una solución consiste en animar a las personas a compartir el transporte mediante un sistema conocido como «movilidad como servicio» (MaaS).
En esencia, MaaS es una plataforma personalizada de gestión de viajes que combina los medios de transporte disponibles en una zona para crear un trayecto integrado para sus usuarios. Por ejemplo, la empresa finlandesa de MaaS Whim permite combinar coches compartidos, bicicletas y transporte público para crear un trayecto que se adapte a cada persona.
En algunos casos, esto ha tenido mucho éxito a la hora de reducir el número de coches privados en las carreteras. Por ejemplo, en varias ciudades de Finlandia, MaaS ha reducido el uso de coches privados del 40% al 20%. Sin embargo, los diseñadores de transporte han pasado por alto algo (y, al menos en Europa, son mayoritariamente hombres): que las necesidades de transporte de las mujeres son distintas a las de los hombres.
MaaS y género
En general, las mujeres de todo el mundo tienen menos acceso a coches privados y afrontan más riesgos que los hombres al desplazarse de un lugar a otro. En Europa, un promedio del 37% de las mujeres (frente al 72% de los hombres) tiene coche propio, mientras que el 51% (frente al 81% de los hombres) tiene permiso de conducir. Aun así, las mujeres tienen menos probabilidades que los hombres de usar MaaS. En países de la UE como Noruega, Finlandia, Alemania y Dinamarca, lo ha probado el 40% de las mujeres frente al 49% de los hombres.
Las razones de estas disparidades están relacionadas en parte con los roles de género. Es más probable que las mujeres sean las principales cuidadoras de su hogar, lo que implica que tienen que hacer numerosos recados, a menudo con varios desplazamientos dentro de un radio más reducido.
Por ejemplo, las mujeres en edad de criar hijos suelen conducir al supermercado, al gimnasio y al colegio, además de llevar a sus hijos a distintos lugares. También es más probable que necesiten espacio para llevar las compras, cochecitos, sillas de coche y a sus hijos, algo que muchas ofertas de MaaS no contemplan.
Otro factor es que las mujeres suelen ganar menos que los hombres, y el acceso a las aplicaciones de MaaS depende de tener un teléfono inteligente y conectividad 4G: algo que puede resultar inasequible o inaccesible para quienes tienen ingresos más bajos.
La preocupación de las mujeres por su seguridad personal también suele llevarlas a optar por la seguridad relativa de los coches privados. Incluso en el Reino Unido, donde las tasas registradas de acoso por motivos de género en el transporte público son comparativamente bajas, el 15% de las mujeres afirma haber sufrido acoso en autobuses o trenes.
Nuestra investigación, que se está llevando a cabo en Hertfordshire, Reino Unido, aporta aún más pruebas de estos problemas. Las participantes expresan preocupación por compartir vehículos con personas desconocidas y recibir atención no deseada.
Los cambios de vehículo (por ejemplo, bajarse de un coche y subirse a una bicicleta) hicieron que las participantes se sintieran especialmente vulnerables. También pueden surgir riesgos adicionales cuando los servicios de transporte llegan tarde y exponen a quienes esperan a situaciones potencialmente peligrosas. Estos factores sitúan a MaaS en desventaja frente a los vehículos privados, que muchas mujeres consideran «capullos» seguros para desplazarse.
Cómo hacer que MaaS sea más seguro
Es fundamental abordar estos problemas para que MaaS aporte todos los beneficios de sostenibilidad y seguridad que promete. Aunque se necesita más investigación en este ámbito, está claro que, si las mujeres y los hombres adoptaran MaaS al mismo ritmo, el impacto positivo en el medio ambiente sería considerable y miles de coches privados dejarían de ser necesarios en las carreteras.
Algunas de las personas participantes propusieron estrategias para proteger y tranquilizar a las usuarias de MaaS. Por ejemplo, los proveedores de MaaS podrían incorporar funciones de seguridad en sus aplicaciones para informar a las amistades de las usuarias sobre su ubicación y generar mapas basados en datos sobre delincuencia que muestren la ruta más segura a casa. Si fuera necesario, las usuarias también podrían consultar los datos del conductor. Un estudio ha constatado que al 62% de las personas —más a las mujeres que a los hombres— les interesaría usar funciones como estas, aunque sus deficiencias en materia de privacidad siguen siendo preocupantes.
Otra estrategia podría consistir en diseñar sistemas MaaS más pequeños y locales que fomenten el sentido de comunidad y confianza. En Suecia, por ejemplo, se suele compartir el coche en urbanizaciones y barrios, donde ya existen redes comunitarias y de confianza.
Los sistemas MaaS más pequeños y localizados, desarrollados en torno a grupos ya existentes como estos —en los que, algo fundamental, las personas que comparten el trayecto no serían totalmente desconocidas entre sí— podrían ayudar a que los usuarios se sintieran más seguros. Pero, en última instancia, debemos corregir el desequilibrio de género en el sector del transporte para garantizar que las ciudades del futuro respondan a las necesidades del 100% de sus habitantes, y no solo del 50%.


