Incluso existe una brecha de género en el uso de internet

A man uses his computer next to a woman writing a message on her mobile phone at a cafe in Sao Paulo, Brazil October 17, 2017. REUTERS/Nacho Doce - RC1F35182670
Closing the gender gap would disproportionately help women and the global economy.Image: REUTERS/Nacho Doce
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Todos hemos oído hablar de una brecha en la participación de las mujeres en la industria tecnológica. Facebook, Google y Apple tienen un 17 %, un 19 % y un 23 % de mujeres en sus plantillas tecnológicas, respectivamente. Diversas encuestas, como «The Elephant in the Valley», han documentado la discriminación sistemática contra las mujeres. Además, se suceden continuamente las noticias sobre los desafíos a los que se enfrentan las mujeres en numerosas empresas emblemáticas de Silicon Valley. Las mujeres ocupan como máximo una cuarta parte de los puestos de informática y matemáticas en Estados Unidos, en consonancia con los datos que indican que alrededor del 26 % de la fuerza laboral STEM de los países desarrollados son mujeres. En los países en desarrollo, esas diferencias son aún mayores.

Pero el problema de la brecha de género no acaba ahí. También escasean las mujeres que usan algunos de los productos de la industria. La Unión Internacional de Telecomunicaciones informa de que la proporción de mujeres que usan internet es un 12 % menor que la de los hombres; esta brecha de género alcanza el 32,9 % en los países menos adelantados. Y, aunque una mujer tenga un teléfono o esté conectada, puede enfrentarse a una hostilidad adicional. La World Wide Web Foundation afirma en un informe que «mujeres de todo el mundo cuentan que se ven bombardeadas por una cultura de misoginia en línea, que incluye discursos de odio agresivos y a menudo sexualizados, amenazas directas de violencia, acoso y pornografía vengativa que utiliza información personal o privada para difamar».

Esto pone de manifiesto una oportunidad para la industria tecnológica: abordar tanto los problemas de diversidad interna como la manera en que las empresas conciben los productos que crean para todo el mundo.

Pensemos en los beneficios de reducir la brecha de género. Cuando las mujeres quedan excluidas de los productos digitales, las empresas pierden clientela y se frena el desarrollo de productos. Por ejemplo, el informe Connected Women de la GSMA muestra que es menos probable que las mujeres sean financieramente independientes cuando la brecha digital de género es amplia.

Cerrar esta brecha beneficiaría de manera desproporcionada a las mujeres y a la economía mundial; un reciente estudio de Accenture indica que las mujeres obtienen más valor que los hombres de la «fluidez digital» en el lugar de trabajo. Además, un estudio del popular servicio M-PESA de Kenia sugiere que los servicios financieros digitales pueden aumentar la participación de las mujeres en la fuerza laboral y crear oportunidades para ellas en la economía de mercado formal. Pensemos también en la nueva generación de emprendedoras inesperadas que usan Instagram, propiedad de Facebook, en la conservadora sociedad de Arabia Saudita: cada vez más mujeres recurren a la aplicación para iniciar negocios que pueden sortear tanto la burocracia como las restricciones sociales. Miles de mujeres han creado negocios en Instagram para vender artesanías, alimentos, ropa y accesorios. Además, las mujeres suelen ejercer una influencia desproporcionada en las decisiones relativas a la familia, la comunidad y los hijos. Suelen invertir más de sus ingresos en sus familias que los hombres: casi 10 veces más. Por tanto, cerrar la brecha digital de género probablemente tendría beneficios de gran alcance.

Image: UIT

Por supuesto, esta cuestión va más allá de cualquier objetivo empresarial. Como dijo el fundador del Foro Económico Mundial, el Dr. Klaus Schwab: «Lograr la igualdad de género es, obviamente, necesario por razones económicas. Solo las economías que tengan pleno acceso a todo su talento seguirán siendo competitivas y prosperarán. Pero, más importante aún, la igualdad de género es una cuestión de justicia. Como humanidad, también tenemos la obligación de garantizar un conjunto equilibrado de valores».

Comprender la oportunidad que ofrece la inclusión digital

Además de los numerosos beneficios de la adopción de la tecnología digital, ¿pueden realmente los avances de la industria contribuir a abordar esta disparidad de género? ¿Pueden ayudar a cerrar la brecha de género y poner en marcha sus numerosos efectos multiplicadores?

Como parte de nuestro estudio mundial de los patrones de evolución digital, una colaboración entre The Fletcher School y Mastercard, nos propusimos plantear una pregunta relacionada: ¿qué impacto tiene el aumento de la adopción digital en distintos países sobre la inclusión de género?

Creamos dos medidas. Una mide la inclusión de género mediante un índice que combina varios indicadores de participación femenina, como las tasas de alfabetización de las mujeres, la proporción de mujeres con cuentas en una institución financiera, las tasas de participación femenina en la fuerza laboral y la proporción de escaños ocupados por mujeres en el parlamento nacional. La segunda mide la adopción digital mediante un índice que comprende la adopción de internet, las conexiones móviles o de línea fija, el consumo digital y el uso de la tecnología digital con fines comerciales.

Nuestros análisis de la relación entre estas medidas apuntan a un resultado interesante. Observamos que cada punto porcentual de crecimiento de la adopción digital durante el periodo 2008-2011 conduce a una tasa positiva de crecimiento de la inclusión digital de género de alrededor del 2,3 % durante el periodo 2011-15.

Si de los 60 países analizados se consideran únicamente los del mundo en desarrollo, cada punto porcentual de crecimiento de la adopción digital durante el periodo 2008-2011 conduce a una tasa positiva de crecimiento de la inclusión digital de género de alrededor del 2 % durante el periodo 2011-15.

Consideramos que esto aporta más pruebas de que la adopción digital contribuye a generar beneficios más amplios en toda la economía y a reducir la brecha de género. Según el McKinsey Global Institute, si eliminamos los obstáculos que impiden a las mujeres alcanzar la paridad con los hombres, se añadirían 28 billones de dólares de nuevo valor al PIB mundial en 10 años. Sin duda, esto debería alentarnos más respecto al impacto positivo de la tecnología digital para ayudar a reducir una forma clave de desequilibrio social, político y económico.

Si quienes crean tecnologías digitales se centraran más en crear productos y entornos virtuales en los que las mujeres se sintieran más incluidas, más mujeres usarían los productos de la industria, lo que, a su vez, generaría estos efectos multiplicadores en toda la sociedad. También aumentaría la necesidad de contratar a más mujeres para participar en la creación y venta de esos productos. Conviene recordar que las seis personas que programaron Eniac, el primer ordenador digital del mundo, eran mujeres; ha llegado el momento de que la industria esté a la altura de su propia historia.

Ahora tendremos que observar si la industria tecnológica encuentra mejores maneras de cerrar tanto la brecha de género en sus propias filas como la que existe entre sus clientes.

El autor es asesor sénior de Inclusión Digital del Mastercard Center for Inclusive Growth. Desea agradecer a Ravi Shankar Chaturvedi, Cassandra Pagan y Rasima Swarup sus ideas, investigaciones y análisis.

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