Nuevas investigaciones ofrecen una perspectiva sobre la relación entre la desigualdad y el crecimiento económico
Cuando las oportunidades son desiguales, es más probable que el aumento de la igualdad de ingresos se consolide, lo que perjudica a las personas y al crecimiento
La igualdad de oportunidades puede incrementarse mediante políticas como ampliar el acceso a la educación temprana y diversificar las fuentes de financiación para los emprendedores
Existen puntos de vista enfrentados sobre la relación entre la desigualdad de ingresos y el crecimiento. Algunos han señalado que al menos cierto grado de desigualdad es un resultado necesario de las recompensas a la innovación y a la asunción de riesgos. Otros han sostenido que la desigualdad de ingresos excesiva deprime la inversión tanto en capital humano como en capital físico, dos fuentes clave del crecimiento a largo plazo.
En investigaciones recientes investigación, sostenemos que el eslabón perdido crucial en la relación entre desigualdad y crecimiento es la desigualdad de oportunidades.
La oportunidad actúa como árbitro en la relación entre la desigualdad de ingresos y el crecimiento a largo plazo.
En las sociedades donde las oportunidades son desiguales, incluso entre generaciones, un aumento de la desigualdad de ingresos tiende a consolidarse, lo que limita el potencial y las perspectivas de quienes tienen ingresos bajos y frena el crecimiento a largo plazo.
Nuestro gráfico de la semana muestra cómo la desigualdad de oportunidades actúa como árbitro en la relación entre la desigualdad de ingresos y el crecimiento a largo plazo.
Utilizamos datos sobre desigualdad de oportunidades de la Base de datos mundial sobre movilidad intergeneracional, del Banco Mundial, que calcula la correlación entre los ingresos de los padres y de los hijos para una amplia muestra de países. Cuanto mayor es la correlación, menos probable es que una persona esté en mejor situación que sus padres, lo que indica una distribución menos equitativa de las oportunidades. Así, la correlación es una medida de lo que en el lenguaje económico se denomina movilidad intergeneracional.
En la figura, dividimos la muestra de países entre aquellos con alta movilidad intergeneracional y aquellos con baja movilidad intergeneracional.
En los países con alta movilidad, encontramos una relación poco perceptible entre el crecimiento del PIB real per cápita y la desigualdad de ingresos, medida mediante el coeficiente de Gini, de uso generalizado. Sin embargo, en los países con baja movilidad, la relación es fuertemente negativa. Por tanto, la desigualdad de oportunidades es central para explicar la relación entre desigualdad y crecimiento.
Como muestra una creciente literatura, una mayor desigualdad de oportunidades tiende a persistir en presencia de un acceso desigual a la educación, de mercados laborales segmentados entre insiders y outsiders, y de mercados financieros que favorecen a los más acomodados.
Los gobiernos necesitan políticas que amplíen el acceso a una educación temprana de alta calidad, reduzcan la dualidad del mercado laboral y el desempleo estructural, y diversifiquen las fuentes de financiación disponibles para los nuevos emprendedores.
Las pruebas de nuestro estudio sugieren que nivelar el terreno de juego de esta manera no solo promovería la justicia social, sino que también impulsaría el crecimiento.

