Cómo la contraofensiva de las adolescentes está ayudando al feminismo a florecer en España

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Young people are getting more interested in social causes.Image: REUTERS/Andrea Comas
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Los adolescentes españoles Ari y Kalus puede que todavía estén en el instituto, pero ya forman parte de un colectivo feminista juvenil, que organiza charlas, actuaciones y protestas para luchar por la igualdad de género.

A los 17 años, están entre el creciente número de adolescentes que encabezan la nueva ola feminista de España, luchando por el cambio frente a la reacción de los políticos de extrema derecha.

Al igual que muchos de sus compañeros en edad escolar, se han sumado a las grandes manifestaciones por la igualdad de género que comenzaron hace dos años.

Desencadenadas inicialmente por una sentencia sobre una violación múltiple que muchos consideraron injusta, las protestas han ganado impulso, impulsadas por una serie de cuestiones, desde la violencia sexual hasta la desigualdad salarial.

«Para mí, declararse feminista significa decir que no eres invisible, que estás aquí y que tienes algo valioso que decir», declaró Ari, que pidió ser identificada únicamente por su nombre de pila, a la Fundación Thomson Reuters.

Ambas afirmaron que las jóvenes de su edad se enfrentan a un sexismo generalizado, desde el acoso en la calle o en las redes sociales hasta las miradas insistentes o el seguimiento, la amenaza de una posible agresión y la sensación de que sus preocupaciones no se toman en serio.

El colectivo feminista de su instituto, San Isidro, en el centro de Madrid, se llama Sakmis en honor a una antigua diosa egipcia y cuenta con 68 miembros, algunos de tan solo 13 años.

Aprovechan los recreos para reunirse y organizan una serie de actividades paralelas a sus estudios, entre ellas una reciente encuesta entre centros sobre acoso sexual.

«Somos un pequeño grupo que empezó en el instituto, pero creo que hacemos más que eso», dijo Kalus, que no quiso publicar su verdadero nombre, y añadió que tener un espacio para hablar con otras alumnas le ayuda a «encontrar la paz».

Al principio solo participaban chicas, pero recientemente se han unido tres chicos, lo que refleja el crecimiento del apoyo de los adolescentes al movimiento.

Una encuesta reciente del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud muestra que la mayoría de las mujeres de entre 15 y 29 años se definen ahora como feministas, al igual que más de un tercio de los jóvenes varones.

Otros países occidentales han registrado tendencias similares: un estudio de 2019 reveló que más de la mitad de las jóvenes de Inglaterra y Gales se identificaban como feministas.

En España, la indignación de las jóvenes ante la misoginia cultural e institucional arraigada se avivó con el caso de 2018 en el que cinco hombres que se hacían llamar «La Manada» se grabaron violando a una joven de 18 años.

Como la víctima no opuso resistencia, los jueces consideraron que los acusados no habían empleado violencia ni intimidación, requisito indispensable para el delito de violación según la legislación española, y fueron condenados por el delito menor de abuso sexual.

Aquella sentencia acabó siendo revocada, pero la indignación volvió a estallar el año pasado, cuando cinco hombres eludieron condenas por violación porque no se consideró que hubieran usado la fuerza contra su víctima, de 14 años, que se encontraba inconsciente.

La nueva ministra de Igualdad de España ha prometido una nueva legislación sobre el consentimiento tras las grandes protestas contra las sentencias.

Lucía Gallego (izquierda), de 16 años, posa para un retrato junto a la también adolescente feminista Nuria Ardid, de 17 años.Image: Thomson Reuters Foundation/Laura Mannering

«Hay que luchar»

España ha logrado avances significativos en materia de derechos de las mujeres desde su transición a la democracia a finales de los años setenta.

La mitad de los ministros del actual gobierno de coalición de izquierdas son mujeres, y el país fue pionero en la introducción de legislación específica contra la violencia de género. El Foro Económico Mundial sitúa a España en el octavo puesto a nivel mundial en paridad de género.

Pero algunos temen que estos avances se vean amenazados por el auge del partido ultraconservador Vox, que presenta el movimiento feminista como un enemigo radical de los valores familiares tradicionales y que ya es la tercera fuerza más numerosa en el Parlamento.

Vox considera que la ley de violencia de género de España es injusta con los hombres. También quiere que los padres puedan impedir que sus hijos participen en actividades escolares sobre «cuestiones morales socialmente polémicas» o sobre sexualidad, una medida que ya se ha implantado en uno de sus bastiones regionales.

«Desde que ha surgido la ultraderecha, no solo en España, sino también en otros países, la gente se ha dado cuenta de que hay que luchar contra ella», afirmó Nuria Ardid, de 17 años.

Ella y su amiga Lucía Gallego, de 16 años, que estudian en institutos a las afueras de Madrid, se han sumado a las huelgas estudiantiles para reivindicar los derechos de las mujeres.

«Hay más conciencia y más gente se suma al movimiento, así que la gente se atreve más a decir abiertamente “soy feminista”», afirmó Lucía.

El auge del feminismo adolescente también se produce en el contexto del movimiento #MeToo y de la creciente participación de los jóvenes en un papel protagonista en campañas de justicia social en todo el mundo, desde la violencia armada hasta el cambio climático, según la activista por los derechos de las mujeres Viviana Waisman.

«Llevo viviendo en España algo más de 20 años y nunca había visto un movimiento juvenil tan fuerte», afirmó Waisman, fundadora de la organización de derechos Women's Link.

«Creo que responde a un movimiento global que está teniendo lugar.»

Waisman afirmó que el debate y la educación sobre los roles de género desde una edad temprana son fundamentales para cambiar actitudes, una opinión que comparten algunos docentes que también piden un cambio profundo de enfoque.

«Hace falta centrarse más en los derechos humanos dentro de la enseñanza y hacer referencias más claras y concretas al feminismo, ya que los derechos de las mujeres son derechos humanos», afirmó Henar, profesora de artes en San Isidro, que no quiso dar su nombre completo.

Según el estudiante universitario Pablo Caraballo, de 18 años, que se define como feminista, cada vez más jóvenes varones también quieren un cambio. Pero también ha sido testigo de cómo las divisiones ideológicas de España siguen manifestándose en las aulas.

Pablo recordó una conversación con un compañero de su instituto que sostenía que la desigualdad no existe porque las mujeres ya son ministras y juezas, una opinión que, según él, es habitual entre los jóvenes que discrepan del movimiento feminista.

«Ven el feminismo como una mentira, como si las feministas defendieran la superioridad de las mujeres sobre los hombres», afirmó. «No lo ven como una cuestión de igualdad.»

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