El mundo podría ser muy distinto si hubiera más mujeres en la política. Basta con fijarse en lo que hicimos el año pasado con motivo del Día Internacional de la Niña para imaginar cómo podría ser ese mundo. Al persuadir a destacadas figuras públicas, entre ellas el presidente de Nepal y la presidenta de la Asamblea Nacional de Ecuador, para que cedieran su puesto durante ese día, más de 300 niñas y mujeres jóvenes de más de 50 países pudieron ponerse en su lugar y pedir a los gobiernos de todo el mundo que derribaran las barreras que privan a millones de ellas de sus derechos.
Yo también participé al apoyar a una joven de 17 años de Zambia para que ocupara mi lugar durante ese día. Fue una experiencia aleccionadora, y aprendí mucho de Loveness sobre su vida, sus ambiciones y su potencial. En todo el mundo, las «tomas de poder» ofrecieron una breve pero poderosa visión del mundo que queremos ver. Nuestro objetivo era cambiar las percepciones sobre lo que pueden lograr las mujeres jóvenes y las niñas, e inspirar a millones de ellas en todo el mundo a exigir que se escuchen sus voces. Nuestro desafío ahora es construir un futuro en el que todas las niñas tengan la oportunidad de ocupar puestos de liderazgo político, y no solo por un día.
Mujeres en la política: un gran desafío.
La situación está mejorando, aunque el progreso es lento. La proporción de mujeres en los parlamentos de todo el mundo se ha más que duplicado desde 1995, pero en 2016 seguía siendo de apenas un 23 %; y, aunque solo Haití, Micronesia, Qatar y Vanuatu aún no han elegido a ninguna legisladora, apenas tres países han alcanzado la paridad de género en sus parlamentos nacionales.
El año pasado hubo casos de mujeres políticas que accedieron a altos cargos: aunque Hillary Clinton se quedó por poco sin lograrlo, Theresa May se convirtió en la segunda primera ministra del Reino Unido, y Estonia, Taiwán y las Islas Marshall eligieron a sus primeras presidentas. Las ciudades de Tokio, Roma y Bucarest eligieron a sus primeras alcaldesas. Sin embargo, estos avances parten de una base baja. En marzo de 2015, solo 14 gobiernos del mundo estaban encabezados por mujeres, y la representación en el ámbito local era aún menor: menos del 5 % de los alcaldes del mundo son mujeres.
Sin embargo, la paridad es solo uno de los indicadores del progreso. Por desgracia, sabemos que los medios de comunicación suelen tratar con más dureza a las mujeres en la política por su aspecto; sus colegas las toman menos en serio, y las mujeres en la política y en el mundo empresarial aún deben desenvolverse en sistemas diseñados y sostenidos por hombres durante siglos. ¿Acaso sorprende que tan pocas mujeres jóvenes y niñas se planteen presentarse a puestos de liderazgo o a cargos electivos?
Esto importa. Si nos tomamos en serio el logro de los objetivos de desarrollo que nos hemos fijado, debemos tomarnos en serio el empoderamiento de las mujeres, y especialmente de las niñas, para que aprendan, lideren, decidan y prosperen. Desarrollar la capacidad de liderazgo de las niñas, en particular, no solo las ayuda hoy a conseguir mejores medios de vida y una mejor salud, sino que también puede crear una generación capaz de impulsar cambios en el futuro. Contar con más mujeres en la política es un acelerador crucial del progreso. Y necesitamos acelerar el cambio si queremos proteger el desarrollo mediante una mejor toma de decisiones.
Por supuesto, una democracia que excluye a la mitad de la población de los puestos de liderazgo acabará fracasando: reducir la brecha es fundamental para crear el liderazgo receptivo y responsable que necesitamos en un mundo cambiante. También hay argumentos para invertir de manera inteligente en alentar a las mujeres a participar en política: cuando las mujeres tienen igualdad de condiciones para tomar decisiones, las cosas cambian más rápido. Por ejemplo, un estudio sobre los panchayats (consejos locales) de India concluyó que el número de proyectos de agua potable en zonas con consejos encabezados por mujeres era un 62 % mayor que en aquellas con consejos encabezados por hombres. Además, una mayor participación de las mujeres no solo aumentó la provisión de bienes públicos sino que también redujo los niveles de corrupción.
Por supuesto, Plan International cuenta con una larga trayectoria en la promoción del empoderamiento de las niñas y las mujeres jóvenes. Nuestro movimiento Porque soy una niña se ha comprometido a trabajar con las niñas y en favor de ellas, apoyándolas para que puedan expresarse con seguridad en cualquier ámbito.
Invertir en la capacitación de las mujeres en la política
Invertir en las habilidades de liderazgo de las niñas es de vital importancia, pero debe ir acompañado de inversiones en mejoras económicas, sociales y ambientales. No debe considerarse algo secundario: es una parte esencial del conjunto. Reducir la desigualdad de género en la política acelerará también el progreso hacia la reducción de las desigualdades sociales y económicas.
No debemos perder de vista que las niñas tienen los mismos derechos que los niños a liderar. Seguiremos apoyándolas para que se expresen, tomen decisiones sobre sus propias vidas y ocupen los puestos de poder que les corresponden. Y seguiremos alentando a los hombres —tanto a los padres como a las figuras de autoridad y los líderes— a abrir espacio para que las hijas del mundo puedan crecer.
Con la exitosa toma de poder de las niñas que organizamos el año pasado con motivo del Día Internacional de la Niña, mostramos cómo es el liderazgo de las niñas y las mujeres jóvenes en la política. En 2017 nos proponemos movilizar a aún más mujeres jóvenes y niñas, para que sus voces se escuchen como nunca. Así esperamos inspirar más apoyo e inversión en su derecho a liderar y crear un mundo mejor para todos.

