Vendiendo bocetos y ropa, las mujeres libias crean negocios pese a las adversidades

Libyan architect Seham Saleh makes drawings to sell through the internet at the LEAP women's business incubator launched by Jusoor Center for Studies and Development in Tripoli, Libya June 23, 2019. Picture taken June 23, 2019. REUTERS/Yosri al-Jamal - RC1EE0E5B2A0
Libyan architect Seham Saleh makes drawings to sell through the internet at the LEAP women's business incubator launched.Image: REUTERS/Yosri al-Jamal
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Cuando la inflación empezó a erosionar su salario estatal, la arquitecta y profesora adjunta libia Seham Saleh comenzó a vender dibujos por internet para ayudar a pagar las facturas.

Se suma a un número creciente de mujeres libias que lanzan empresas emergentes en este país árabe conservador, donde muchas todavía consideran que el lugar de la mujer está en el hogar, pero donde las presiones sobre los ingresos personales y familiares tras años de caos político han obligado a las mujeres a buscar más trabajo.

Libia cuenta con un sector privado muy reducido, lo que significa que existe un mercado para los bienes de producción local. La economía está dominada por el Estado, que emplea a la mayoría de los adultos bajo una estructura establecida por Muamar el Gadafi, derrocado en 2011.

Tradicionalmente, los hombres son quienes aportan los ingresos al hogar, aunque, según un informe de la ONU, en 2015 alrededor del 30 por ciento de las mujeres formaba parte de la población activa.

«No puedo vivir con mi salario de profesora adjunta de 1.000 dinares (256 dólares), aunque me lo paguen», afirmó Saleh. Vende dibujos de personas con vestimenta libia o marcapáginas que crea en el ordenador.

«Gracias a Dios... la gente quería comprar los productos», afirmó. También trabaja como arquitecta por cuenta propia.

Libia, que en su día fue uno de los países más ricos de la región, ha visto cómo el caos y la guerra civil posteriores a la caída de Gadafi han deteriorado el nivel de vida. Hoy en día, aparte del petróleo, se produce muy poco en Libia; incluso la leche se importa de Europa.

La inflación acumulada en los últimos cuatro años ha provocado que los ingresos reales pierdan más de la mitad de su poder adquisitivo, y el gobierno devaluó efectivamente el dinar el pasado septiembre.

La crisis de liquidez hace que los empleados públicos a menudo no cobren su salario completo. Las entidades financieras no tienen depósitos en efectivo, ya que los ricos prefieren guardar su dinero en casa en lugar de depositarlo en un banco.

Las mujeres rara vez tenían empleos fuera de sectores como la docencia, aunque la necesidad de más ingresos familiares ha cambiado la situación, afirmó Jasmin Khoja, responsable de una iniciativa de apoyo empresarial para mujeres.

Su organización, el centro de estudios y desarrollo Jusoor, ha formado a unas 33 mujeres emprendedoras en ciernes, y ofrece asesoramiento jurídico y espacio de oficinas, ya que a menudo las mujeres no pueden permitirse uno propio.

Mientras que el negocio artístico «Naksha» de Seham se encuentra en sus primeras etapas, otros, como la empresa emergente de Najwa Shoukri, crecen con rapidez. Empezó a diseñar ropa desde su casa en 2016 y a venderla en línea.

Ahora, junto con otras cinco mujeres, cuenta con un taller que vende 50 piezas al mes y planea abrir una tienda el próximo año en la calle Jaraba, la principal avenida de compras de moda de Trípoli.

Para que la tienda tenga éxito, su producción tendría que aumentar a 150 piezas al mes. Su hermano y su familia han contribuido con inversiones por valor de 10.000 dinares.

Los mayores desafíos para las empresas emergentes son los obstáculos legales y la falta de sistemas de pago electrónico.

Algunas leyes comerciales libias datan de la década de 1960 y están dirigidas a grandes corporaciones, como las petroleras, no a las empresas emergentes. Con arreglo a estas normas, las empresas deben depositar miles de dinares.

«Los bancos no conceden préstamos, lo que paraliza los proyectos y les impide crecer o dar empleo a otras mujeres y jóvenes», afirmó Khoja.

Sin desanimarse, Mayaz Elahshmi puso en marcha la semana pasada un negocio que forma a mujeres para reparar ordenadores y teléfonos inteligentes.

«Hay una gran demanda, ya que muchas mujeres se muestran reacias a acudir a una tienda de teléfonos donde trabajan hombres, porque tienen archivos personales en sus teléfonos».

Seis personas acudieron a su primera sesión de formación, y cada una pagó 30 dinares.

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