Un estudio publicado en The Lancet predice que la población mundial alcanzará un máximo de 9.700 millones hacia 2064 y luego bajará a 8.800 millones hacia finales de siglo.
La población de países como España, Portugal y Tailandia se reducirá a la mitad.
El mayor acceso de las mujeres a la educación y al mercado laboral, junto con la disponibilidad de anticonceptivos, ha provocado una caída de las tasas de fecundidad.
En todo el mundo, la gente está teniendo muchos menos hijos. Para el año 2100, esto podría convertirse en un problema bastante grave para la humanidad, en lugar del alivio que cabría esperar.
Si aún no lo están haciendo, las poblaciones de decenas de países empezarán a disminuir durante este siglo, según un nuevo estudio publicado esta semana en The Lancet . Se prevé que este efecto se intensifique en 23 países, cuyas poblaciones se reducirían a la mitad de su tamaño actual para el año 2100.
Según la nueva proyección, la población mundial alcanzará un máximo de 9.700 millones hacia 2064 y luego bajará a 8.800 millones hacia finales de siglo.
«Es algo muy importante; la mayor parte del mundo está entrando en una fase de declive natural de la población», afirmó Christopher Murray, coautor e investigador de la Universidad de Washington en Seattle, en declaraciones a la BBC. «Creo que es increíblemente difícil reflexionar sobre esto y reconocer la magnitud de lo que está ocurriendo; es extraordinario, tendremos que reorganizar las sociedades».
La realidad es que, al recibir más mujeres educación y entrar en el mercado laboral, y al generalizarse el acceso a los anticonceptivos, las tasas de fecundidad están cayendo en todo el mundo, a veces de forma abrupta: un marcado revés respecto al auge de natalidad que siguió a la Segunda Guerra Mundial.
La población de países como España, Portugal y Tailandia se reducirá a más de la mitad para finales de siglo, algo «asombroso», según Murray.
Pero ¿no es mejor que haya menos seres humanos en un mundo devastado y cuyos recursos se agotan rápidamente? Los investigadores sugieren que quizá nazcan menos bebés, pero que los posibles efectos positivos para el medio ambiente quedarían contrarrestados por los desafíos que plantea el rápido envejecimiento de la población.
Las poblaciones mucho más envejecidas «provocarán enormes cambios sociales», dijo Murray a la BBC. «¿Quién pagará impuestos en un mundo con una población muy envejecida? ¿Quién cubrirá los gastos sanitarios de las personas mayores? ¿Quién cuidará de ellas? ¿Podrá la gente seguir jubilándose?»
«Necesitamos una transición gradual», añadió.
El declive de la población en todo el mundo nos obligará a encontrar soluciones. El éxito de las economías dependerá cada vez más de los inmigrantes y de unas fronteras abiertas.
África solo sentirá los efectos del declive demográfico mucho más adelante: para 2100, la población de varios países africanos crecerá de forma explosiva en lugar de reducirse. De hecho, los investigadores señalan que se prevé que Nigeria se convierta en el segundo país más poblado del mundo, con 791 millones de habitantes para 2100.
«A medida que avancemos, habrá muchas más personas de ascendencia africana en muchos más países», dijo Murray a la BBC, y señaló que, como resultado, el mundo tendrá que abordar «los desafíos relacionados con el racismo».
No está claro cómo debería adaptarse el mundo a estas realidades inminentes. Las políticas para fomentar la natalidad, como ampliar las bajas de maternidad y paternidad, ofrecer servicios de guardería e incentivos económicos, solo han tenido un éxito limitado.
«Si no se puede [encontrar una solución], al final la especie desaparece, pero eso ocurrirá dentro de unos siglos», dijo Murray.
