Desde que se retiró como atleta, Susie Rodgers MBE ha dedicado su vida a abogar por la inclusión en materia climática y de discapacidad.
El cambio climático afecta gravemente a las personas con discapacidad, que se enfrentan a barreras adicionales durante las emergencias climáticas, como inundaciones, sequías u olas de calor. Con mucha frecuencia también quedan excluidas del proceso de búsqueda de soluciones.
Rodgers trabaja incansablemente para integrar la inclusión de la discapacidad en los proyectos mundiales de ayuda y desarrollo.
No es ningún secreto que los cambios en el clima de la Tierra se perciben de manera distinta en las diversas partes del mundo. Mientras algunas regiones sufren lluvias intensas e inundaciones, otras se ven asoladas por olas de calor y sequías recurrentes. El cambio climático, por su parte, también amplía la brecha de género y pone en riesgo la vida de los niños y de otros grupos vulnerables.
Sin embargo, un efecto secundario menos conocido de la emergencia ambiental mundial es el impacto que tiene en las personas con discapacidad. Susie Rodgers, medallista de oro paralímpica en natación, defensora del agua y los océanos, y asesora experta en inclusión y en la agenda de acción climática, nos habló recientemente sobre este tema crucial y sobre la urgente necesidad de soluciones innovadoras e inclusivas.
P: Háblenos de sus logros como nadadora paralímpica
Susie Rodgers: Compití en el máximo nivel del deporte y de la natación, en competiciones europeas, mundiales y paralímpicas. Mi clasificación era S7, el sistema que se utiliza para clasificar a las personas según su discapacidad a fin de poder competir. Me falta un brazo y una pierna en el lado izquierdo, por lo que utilizo prótesis y ortesis, y mis pruebas principales eran el estilo libre y la mariposa. En total gané 30 medallas internacionales, 17 de ellas de oro. Participé en los Juegos Paralímpicos de Londres 2012 y de Río 2016, y gané una medalla de oro y cinco de bronce en ambos Juegos.
P: ¿Qué despertó su interés por la agenda del cambio climático y por qué decidió convertirse en defensora de los océanos y del agua?
Susie Rodgers: Aprendí a nadar en Egipto, lo cual resulta irónico, porque la COP27 se celebró este año en Sharm el-Sheij, en Egipto, que es precisamente donde aprendí a nadar de niña, ya que mi familia vivía allí. Mis primeros recuerdos, cuando tenía seis años, son de Sharm el-Sheij y de nadar en el mar Rojo. Recuerdo que me quedé completamente abrumada por aquel inmenso azul, pero también por toda la vida marina que vi en el agua.
Para mí existe una conexión casi espiritual con el agua. Es algo en lo que me siento como en casa. Como atletas, bebemos agua para mantenernos hidratados. Pero, además, es donde me siento más cómoda y libre como mujer con discapacidad, porque cuando nado no llevo mis prótesis. Así que en el agua soy completamente y plenamente yo misma.
Por eso, cuando me convertí en atleta y, más allá de mi etapa como deportista, sentí que era importante trabajar en este ámbito y hacer lo que estuviera en mi mano para ser voluntaria y sensibilizar. Me puse en contacto con la Marine Conservation Society del Reino Unido, me ofrecí a ayudarles y me convertí en una de sus embajadoras de los océanos. Pero, ante todo, simplemente me encanta estar en el mar y en el océano, y haré todo lo posible por concienciar sobre su importancia.
P: También es asesora en materia de inclusión para el Gobierno del Reino Unido, donde evalúa una amplia cartera de financiación de proyectos mundiales sobre el cambio climático, que incluye la seguridad hídrica y otros muchos temas. ¿En qué consiste su trabajo?
Susie Rodgers: Trabajo principalmente en programas mundiales en The Foreign Commonwealth and Development Office, el departamento gubernamental de asuntos internacionales. Mi función consiste en asesorar sobre la inclusión de la discapacidad. Tengo un contrato de un año y, durante ese tiempo, hago todo lo posible por incorporar, integrar o transversalizar la inclusión en programas más amplios. Esto puede abarcar distintos ámbitos, como la protección de los océanos, los bosques, el agua dulce, la seguridad hídrica o la seguridad alimentaria. Es decir, todos los aspectos del cambio climático que nos preocupan, asegurándonos de considerar los efectos sobre las personas más marginadas del mundo. También examinamos nuestras políticas y estrategias mundiales, velando por que tengamos en cuenta a quiénes llegamos, y trabajamos con el personal para capacitarlo en cómo aplicar la inclusión, y en concreto la inclusión de la discapacidad, en su trabajo diario. Estas son las áreas en las que me centro principalmente.
P: ¿Podría ponernos ejemplos concretos de cómo afecta el cambio climático a las personas con discapacidad?
Susie Rodgers: Cuando se analiza la gestión del riesgo de desastres y los desplazamientos masivos de población a causa de inundaciones o sequías, con frecuencia quienes quedan atrás son personas que pueden encontrar barreras para participar en la sociedad, y esas personas suelen tener alguna discapacidad. Muy a menudo, los efectos del cambio climático tienen más probabilidades de afectar a las personas con discapacidad que a las que no la tienen. Cosas como el calor extremo pueden afectar a los medicamentos. También puede afectar a personas como yo. Por ejemplo, cuando llevo una prótesis, ya tengo mucho calor porque mis extremidades están encerradas en plástico y no puedo perder calor con tanta facilidad. Así que, automáticamente, el impacto será mayor debido a las muchas más barreras a las que debe enfrentarse una persona en la sociedad, y el cambio climático amplifica esas barreras preexistentes.
Otro aspecto que conviene señalar es que con frecuencia se excluye a las personas con discapacidad de la búsqueda de soluciones. Por nuestra propia naturaleza, resolvemos problemas y somos resilientes, porque tenemos que superar barreras en un mundo que no está pensado para nosotras. La idea es que, si incorporamos a las personas con discapacidad al debate, es probable que encontremos mejores soluciones, que resulten más útiles para todos. Por eso es tan importante.
P: ¿Qué ocurre con la escasez de agua y la inseguridad hídrica? ¿Qué tipo de efectos podemos encontrar en este ámbito?
Susie Rodgers: Por ejemplo, si uno se encuentra en una situación de oferta limitada de alimentos o de agua. Y hay organismos como la ONU y otros que pueden estar sobre el terreno distribuyendo suministros de emergencia en una situación humanitaria. Entonces habrá un lugar o un espacio designado al que la población deberá acudir para acceder a los artículos esenciales que necesita. Y ahí es donde pueden surgir las barreras, porque las personas con discapacidad no pueden correr ni competir con otras para llegar a esos recursos. Inevitablemente quedarán rezagadas por motivos de movilidad, pero también por barreras de comunicación si no saben cómo averiguar dónde pueden acceder a los suministros esenciales. Esa es una dimensión. Pero también, si se observa la contaminación de los suministros de agua, si ya se es una persona inmunodeprimida o se tiene quizá una condición de salud subyacente, es más probable que el impacto sea negativo para esa persona o que cause discapacidad o agrave las condiciones preexistentes, como he mencionado. Y si se piensa en los suministros de agua en algunos países, donde hay que caminar mucho para conseguirlos, de nuevo, el acceso al agua potable, el saneamiento y la higiene son esenciales para las personas con discapacidad. Así que hay muchas formas distintas de analizar esta cuestión.
P: ¿Puede darnos algunos ejemplos de soluciones que tengan la inclusión de la discapacidad en su núcleo?
Susie Rodgers: Hay muchas ONG de desarrollo centradas en la discapacidad, así como organizaciones de personas con discapacidad en todo el mundo, que están desarrollando soluciones y ejerciendo presión sobre los gobiernos a nivel local para incorporar la inclusión de la discapacidad en instrumentos como las contribuciones determinadas a nivel nacional y también en los planes nacionales de adaptación.
En cuanto a los ámbitos en los que he trabajado a nivel gubernamental, lo que más me satisface es haber trabajado en la institución financiera de desarrollo del Reino Unido llamada British International Investment. Hace un par de años, antes de trabajar en el cambio climático, colaboré con su equipo para elaborar una nota orientativa sobre la inclusión de la discapacidad, destinada a que los inversores la utilicen cuando invierten en proyectos de todo el mundo. Está integrada en el kit de herramientas ESG en línea para inversores. Fue la primera de su tipo y garantiza que las inversiones lleguen a las personas con discapacidad en materia de empleo, lucha contra la discriminación, etc. Fue muy satisfactorio ver que se publicó el año pasado.
P: ¿Cuál es su mensaje para las personas que trabajan en soluciones climáticas?
En el ámbito del cambio climático, con frecuencia se aborda el problema desde una perspectiva científica. Mi mensaje sería que también incorporen la dimensión humana al desarrollar soluciones. Piensen en las personas a las que intentan llegar. Consideren los distintos elementos de la población y cuáles son sus necesidades diversas. Busquen llegar a esas poblaciones, hablar con ellas y preguntarles qué les resultaría útil, incluidas las personas con discapacidad. Porque, si incorporan a las personas al diseño desde la fase más temprana de una idea, un concepto o una fase de incubación, es más probable que se obtengan mejores resultados a largo plazo, y ampliarán su impacto.
Susie Rodgers también es revisora experta del Global Freshwater Challenge, una competición mundial puesta en marcha por UpLink y HCL Group para encontrar las soluciones más innovadoras que protejan y restauren los ecosistemas de agua dulce del mundo, mejoren la calidad del agua, refuercen la resiliencia frente al cambio climático y contribuyan a mejorar la toma de decisiones en materia de agua dulce.
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