Hace dos años, les dije que la igualdad de género es un componente fundamental del crecimiento económico. Hablé de las consecuencias de las leyes que facilitan o desalientan la incorporación de las mujeres a la fuerza laboral. Esta fue la edición de 2016 de Women, Business and the Law, una publicación del Grupo Banco Mundial que identifica los obstáculos a la participación económica de las mujeres y sigue los avances hacia la igualdad de género a lo largo del tiempo. Este año, el informe vuelve en un momento decisivo para el movimiento por los derechos de las mujeres, con Women, Business and the Law 2018.
En los últimos 30 años, la participación de las mujeres en la fuerza laboral ha disminuido del 52 al 49 por ciento a nivel mundial, frente al 75 por ciento de los hombres. Las mujeres tienen la mitad de probabilidades que los hombres de tener empleos a tiempo completo y, cuando los tienen, pueden ganar hasta un tercio menos que sus homólogos masculinos. A menudo, las mujeres se enfrentan a restricciones legales que les impiden conseguir un empleo o crear una empresa. En su quinta edición, Women, Business and the Law refuerza su compromiso de entender cómo las leyes marcan la diferencia no solo para las mujeres trabajadoras, sino también para la sociedad en general.
El informe amplía su cobertura a 189 países y, por primera vez, los evalúa en siete ámbitos del derecho. Las puntuaciones destacan dónde existen oportunidades para llevar a cabo reformas y mejorar las perspectivas económicas de las mujeres. Aunque el Reino Unido, Nueva Zelanda y España se sitúan entre los 20 primeros en todos los ámbitos evaluados, ningún país obtiene una puntuación perfecta en todos ellos. Esto demuestra que, pese a las ideas preconcebidas, hay margen de mejora en todas partes.
Las puntuaciones también revelan que las barreras legales siguen estando muy extendidas. Por ejemplo, en 18 países la ley permite a los maridos impedir que sus esposas trabajen. Exigir permiso para trabajar, o permitir que se despida a las esposas cuando el marido decide que conviene más a la familia, debilita la capacidad de decisión de las mujeres y refuerza los comportamientos estereotipados de mujeres y hombres. De hecho, más de un tercio de los países incluidos en Women, Business and the Law restringen de algún modo la capacidad de decisión o la libertad de movimiento de las mujeres. La limitación más común está relacionada con las solicitudes de pasaporte. Treinta y siete países no permiten que las mujeres obtengan o renueven un pasaporte en las mismas condiciones que los hombres. Esta misma restricción impidió a Niloufar Ardalan, capitana de la selección femenina iraní de fútbol, competir en un partido de campeonato. Alegando su derecho a impedir que su esposa saliera del país, su marido se negó a firmar los documentos que le permitían renovar el pasaporte.
Obstáculos como este, derivados del deseo de proteger a las mujeres y sus funciones reproductivas, son generalizados. En Estados Unidos, por ejemplo, Muller v. Oregon (1908) sentó un precedente para preservar los roles de género maternales de las mujeres. Al revocar algunas de sus libertades contractuales, la Corte Suprema consolidó la idea de que las mujeres debían depender de los hombres, lo que impulsó la promulgación de leyes que supuestamente las protegían de los «peligros» del trabajo remunerado. Aunque esas leyes acabaron derogándose o declarándose inconstitucionales en Estados Unidos, otros 104 países de todas las regiones del mundo aún tienen leyes que impiden a las mujeres desempeñar determinados trabajos. En Argentina, las mujeres no pueden pulir vidrio. Las mujeres bielorrusas no pueden conducir autobuses con más de 14 pasajeros. Guinea impide que las mujeres trabajen con ciertos tipos de martillos. Allí donde existen estas desigualdades en la legislación laboral, trabajan menos mujeres y ganan menos en comparación con los hombres.
Pero las economías crecen más rápido cuando trabajan más mujeres. Si los gobiernos quieren aprovechar este tipo de crecimiento, deben eliminar estos impedimentos y también fomentar la incorporación de las mujeres al mercado laboral. Esto incluye prohibir el acoso sexual en el trabajo. Como grave abuso de poder, el acoso sexual puede socavar el empoderamiento económico y las perspectivas profesionales de una mujer. Sin embargo, 59 países aún no han promulgado leyes para abordar este problema. Es lamentable, porque Women, Business and the Law concluye que, allí donde existen leyes contra el acoso sexual en el trabajo, es más probable que las mujeres tengan una participación mayoritaria en las empresas. Por tanto, los gobiernos que promulgan estas leyes invierten directamente en el crecimiento económico, ya que las empresas propiedad de mujeres crecen más rápido que las propiedad de hombres. A medida que millones de mujeres siguen compartiendo sus experiencias de acoso sexual con la etiqueta #Metoo, podría surgir un nuevo compromiso de aplicar este tipo de legislación.
Aunque estos hallazgos puedan hacer que los avances parezcan lentos, los gobiernos están prestando atención a cómo el empleo y el emprendimiento de las mujeres pueden impulsar un crecimiento sostenible. Women, Business and the Law registró 87 reformas a favor de la igualdad de género en 65 países desde la publicación del informe anterior. En todo el mundo, los países están eliminando restricciones laborales, prohibiendo la discriminación en el acceso al crédito, ofreciendo asistencia jurídica y apoyando los servicios de cuidado infantil. Estos y muchos otros cambios están transformando el marco jurídico para las mujeres trabajadoras en todas partes, reduciendo la brecha entre hombres y mujeres y beneficiando a la comunidad mundial.
Lo que Women, Business and the Law 2018 nos muestra con claridad es que la ley influye en lo que ocurre en la práctica. En los países con puntuaciones más altas hay más mujeres empleadas y emprendedoras, lo que demuestra que, cuando las sociedades alcanzan la igualdad, las economías se vuelven más resilientes. Women, Business and the Lawse compromete a contribuir a los debates sobre políticas acerca de cómo lograrlo, destacando el trabajo que aún queda por hacer. Debemos reconocer el papel singular de las mujeres como impulsoras del progreso y poderosas agentes de cambio. Con la participación plena e igualitaria de mujeres y hombres, todos los países, comunidades y economías pueden alcanzar su potencial.
