Superar la COVID-19 exigirá combatir la desigualdad

Women participate in the ""16 days of Activism"" campaign, launched by the United Nations Mission in Liberia (UNMIL) to strengthen the rights of women and stop gender-based violence.
Women participate in the "16 days of Activism" campaign, launched by the UN Mission in Liberia.Image: UNPhoto
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  • Ante la necesidad de financiar tratamientos y vacunas, existe presión para reducir la financiación de las prestaciones sociales, pero los líderes deben financiar con decisión un mundo más igualitario.

  • La desigualdad de género no solo es injusta, también es peligrosa y nos debilita a todos, pues reduce el potencial económico y amenaza los avances contra las pandemias.

  • Los líderes mundiales pueden financiar una recuperación económica igualitaria tras la COVID-19 mediante la emisión de derechos especiales de giro, la cancelación de la deuda y el aumento de los ingresos nacionales.

Los líderes reunidos en las Reuniones de Primavera de este año del Banco Mundial y el FMI determinarán la mejor manera de recuperarse de una de las mayores crisis que han afrontado estas instituciones desde su fundación en 1944: el impacto de la COVID-19 y sus consecuencias económicas. Ante la necesidad de financiar tratamientos y vacunas, existe presión para reducir la financiación de las prestaciones sociales. Pero hacerlo sería un error catastrófico y costoso. En cambio, los líderes deben financiar con decisión un mundo más igualitario.

El problema no es solo que el impacto de la COVID-19 sea desigual, sino que las desigualdades, en especial la desigualdad de género, obstaculizarán una recuperación eficaz. Las desigualdades menoscaban la preparación del mundo ante futuras pandemias y crisis, y bloquean el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Una cosa es pedir que se aborden estas desigualdades; otra, asignar fondos para corregirlas. Debemos invertir en ampliar sus derechos para que se hagan realidad.

Brechas cada vez mayores

La COVID-19 ha ampliado drásticamente las brechas entre hombres y mujeres en cuanto a riqueza, ingresos, acceso a servicios, carga de cuidados no remunerados, estatus y poder. Antes de la pandemia, 132 millones de niñas no asistían a la escuela, y después de la pandemia podrían sumarse otras 20 millones de niñas en edad de cursar la secundaria. Muchas no volverán, lo que las expondrá a un mayor riesgo de violencia, VIH, embarazo adolescente, matrimonio infantil, mala salud y pobreza. A causa de la COVID-19, 2,5 millones más de niñas corren el riesgo de contraer matrimonio infantil en los próximos cinco años, y las tasas de violencia contra las mujeres y las niñas han aumentado vertiginosamente. Durante la pandemia, las mujeres han soportado la mayor parte de la pérdida de empleos y constituyen la mayoría del personal sanitario de primera línea; muchas de ellas cuentan con protección insuficiente y reciben salarios bajos.

Image: Informe sobre la brecha de género global 2021 del Foro Económico Mundial

La desigualdad de género no solo es injusta, también es peligrosa y nos debilita a todos. Impulsa la propagación de la COVID-19 y amenaza los avances contra el sida y otras pandemias. También reduce el potencial económico: las economías y las naciones solo prosperan cuando las mujeres pueden hacerlo. Las estrategias de recuperación ante las pandemias no pueden ignorar las cuestiones de género ni ser neutrales al respecto; deben revertir las desigualdades que frenan a las mujeres.

Antes de la COVID-19, muchas economías y sociedades estaban debilitadas por la falta de inversión en salud, educación y protección social. La crisis de la COVID-19 reveló la falta de resiliencia preexistente en muchas partes de nuestras economías y sociedades. Es esencial encontrar financiación para combatir la desigualdad durante la recuperación de la COVID-19.

Entonces, ¿cómo pueden los líderes mundiales financiar una recuperación económica igualitaria tras la COVID-19?

Nuevas fuentes de financiación

La emisión de derechos especiales de giro (DEG) ayudaría. Diversos países del G20, así como países emergentes y en desarrollo, los respaldan. Un acuerdo para asegurar 500.000 millones de dólares en DEG, que se está debatiendo, podría permitir que hasta 25.000 millones de dólares llegaran a los bancos centrales de los países africanos. Sería preferible asegurar hasta 650.000 millones de dólares, el límite que requiere la aprobación del Congreso de Estados Unidos. Si los países ricos compartieran con los países en desarrollo siquiera la mitad de la emisión que les corresponde, los DEG podrían respaldar con fuerza inversiones esenciales.

La cancelación de la deudaes fundamental. Una gran parte de los presupuestos de los países de ingresos bajos y medios se destina al pago de la deuda. Esto ocurre especialmente en el África subsahariana, donde la deuda pública aumentó hasta un 70 % estimado del PIB en 2020. Reconstruir mejor tras la COVID-19 exige garantizar que no se realicen ni se impongan pagos del servicio de la deuda hasta asegurar las inversiones necesarias para alcanzar el ODS de las Naciones Unidas en materia de salud.

Los países deben aumentar sus ingresos nacionales. El impacto económico de la COVID-19 dificulta esta tarea a corto plazo. Sin embargo, los cambios de política pueden allanar el camino para movilizar recursos nacionales en los próximos años. Hay tres ámbitos que requieren cambios de política y podrían aumentar los recursos nacionales: 1) protegerse contra la evasión fiscal internacional (mediante los procesos dirigidos por el G20 y la OCDE), estableciendo un tipo impositivo mínimo mundial para las empresas que se aplique a todas las regiones y empresas, incluidas las digitales; 2) establecer medidas fiscales de emergencia, como impuestos sobre la riqueza o los beneficios extraordinarios en tiempos de crisis; y 3) diseñar sistemas fiscales progresivos a nivel local y regional, tanto para el capital como para los ingresos.

Estas nuevas fuentes de financiación pueden ayudar a eliminar las tarifas para los usuarios y aumentar la inversión en salud y educación.

Las tarifas para los usuarios son una grave injusticia: gravan a las personas enfermas y aumentan la mortalidad y la morbilidad, a la vez que agravan la pobreza y las desigualdades. Ninguna madre recién parida debería quedar encadenada a su cama de hospital por no tener dinero para pagar el nacimiento de su hijo. Cobrar por la atención sanitaria no solo perjudica a las personas afectadas; los costos indirectos de la mala salud merman el potencial económico. No se detendrán las crisis sanitarias si algunas personas no pueden costearse las pruebas o el tratamiento. La atención sanitaria financiada con fondos públicos es la forma de prestación más eficiente y eficaz: no es una carga inasequible, sino una inversión inteligente.

Garantizar la educación y el empoderamiento de las niñas es vital para la recuperación. Los beneficios de la escolarización de las niñas son múltiples, están demostrados y son profundos: desde ayudar a prevenir el matrimonio infantil y el embarazo adolescente hasta reducir la violencia y las infecciones por VIH, aumentar los ingresos futuros y fortalecer el crecimiento económico.

Las crisis son un momento de rendición de cuentas: nos muestran qué está roto y qué queda por arreglar. Lograr un mundo más igualitario no es solo un imperativo moral; hará que el mundo sea más resiliente ante pandemias como la COVID-19 y nos hará a todos más sanos, seguros y prósperos. No podemos permitirnos no hacerlo.

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