Las lenguas que asignan género a los sustantivos plantean problemas especiales a la hora de reconocer la contribución de las mujeres en el ámbito laboral, y en ninguna parte ha sido esto más problemático que en Francia.
Sin embargo, en un movimiento que sorprendió a muchos, la Académie Française, el organismo vigilante de la lengua de la nación, ha declarado que no existe «ningún obstáculo en principio» para la feminización de los cargos tradicionalmente masculinos.
El importante cambio de política llegó después de que los 36 académicos actuales —de los cuales solo cinco no son hombres— aprobaran por «una mayoría abrumadora» un informe elaborado por dos miembras y dos miembros, entre ellos el único académico británico, el poeta y erudito literario Michael Edwards.
Tras haber declarado previamente que la «escritura inclusiva» era «una aberración» que pone en «peligro mortal» la lengua francesa, los académicos, conocidos como Los Inmortales, abrieron formalmente la puerta a «todos los desarrollos de la lengua destinados a reconocer el lugar que las mujeres ocupan hoy en la sociedad».
Un espíritu de apertura
Una de las autoras del informe, la novelista Dominique Bona, declaró al periódico Le Monde: «La Academia ha mostrado un espíritu de apertura maravilloso. Ha demostrado ser sensible al hecho de que las mujeres piensan en la definición de sus cargos. Ahora tolerará feminizaciones que durante mucho tiempo estuvieron prohibidas».
Solo dos académicos expresaron su oposición a la adopción del informe, y la facilidad con la que fue respaldado ha sorprendido a los observadores de la Academia, que ha sido un baluarte de la tradición desde su fundación en 1634 bajo Luis XIII.
Su postura establecida sobre los cargos quedó bien resumida por el actual primer ministro francés, Édouard Philippe, cuando afirmó que la forma masculina es en realidad neutra y debe aplicarse a todas las personas que ocupan un cargo, independientemente de su género.
Presión por el cambio
El Informe mundial sobre la brecha de género 2018 del Foro Económico Mundial Global Gender Gap Report 2018 calculó que harían falta otros 108 años para cerrar la brecha de género. Entre las causas de los lentos avances hacia la igualdad que identifica el informe se encuentra el sesgo de género inconsciente, que puede verse respaldado por el lenguaje.
La presión por el cambio ha ido en aumento en Francia. Una encuesta de 2017 reveló que dos tercios de las mujeres francesas se definían como feministas. De los 24 países encuestados, Francia ocupó el quinto lugar con mayor porcentaje de personas que declararon apoyar la igualdad de oportunidades para las mujeres.

Bona ya ha ejercido la nueva libertad lingüística, al describirse a sí misma como «écrivane», feminizando la palabra masculina tradicional para autor mediante la adición de una «e» final. Adaptar la versión femenina de otros cargos debería ser igualmente sencillo.
Pero otros prometen ser mucho más difíciles. Por ejemplo, la palabra «présidente» no se refiere tradicionalmente a una presidenta, sino a la esposa del líder del país. Recientemente, la Academia chocó con la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, cuando insistió en que la llamaran «Madame la Maire». Los Inmortales afirmaron que «Madame le Maire» era la versión correcta.

