Aunque los argumentos económicos a favor de la paridad de género parecen contundentes, cada vez hay más oposición a la lucha por la igualdad de derechos de las mujeres.
Esta reacción podría explicarse por ciertos elementos de tokenismo, que tampoco han logrado propiciar un cambio sostenible.
Lograr un cambio real y duradero implicará abordar cuestiones como las actitudes socioculturales profundamente arraigadas y los roles de género.
El argumento económico a favor de la paridad de género debería estar zanjado. Una y otra vez, las investigaciones muestran que, si hombres y mujeres tuvieran las mismas oportunidades —educativas, profesionales, sanitarias, por mencionar algunas—, esto tendría beneficios muy concretos.
«Si las mujeres participaran en la economía tan activamente como los hombres, el PIB mundial sería un 20 % más alto», señaló Anna Bjerde, directora general de Operaciones del Banco Mundial, durante una sesión en Davos. Caso cerrado. O, como dijo otro panelista de la sesión, Michael Ensser, presidente de la firma de búsqueda de ejecutivos Egon Zehnder: el argumento empresarial a favor de la igualdad de género es «absolutamente obvio».
Y, sin embargo, lo que antes parecía una opinión consensuada —que la igualdad de género era una causa por la que valía la pena luchar— se cuestiona cada vez más. Por ejemplo, en todo el mundo, el acceso de las mujeres a la atención de la salud sexual y reproductiva está siendo atacado. Como resultado, la Organización Mundial de la Saludestima que, en el 40 % de los países sobre los que hay datos, la autonomía de las mujeres sobre su propio cuerpo está disminuyendo.
¿Qué hay detrás de esta creciente reacción? Lutfey Siddiqi, enviado especial del jefe del Gobierno provisional de Bangladesh, tiene una teoría. «Uno de los problemas que debemos afrontar es que, en nuestra forma de abordar este tema, ha habido elementos de tokenismo y de señalamiento de virtudes», sostuvo, y citó ejemplos de empresas que «han intentado incorporar a personas desde los puestos más altos, en lugar de construir una cultura inclusiva desde la base».
En nuestra forma de abordar este tema ha habido elementos de tokenismo y de señalamiento de virtudes.
Lutfey Siddiqi, enviado especial del jefe del Gobierno provisional de Bangladesh
Siddiqi dijo que este enfoque no solo fue ineficaz, sino que posiblemente explique la reacción que hemos visto en algunos países en materia de igualdad de género. «Algunas de las puntuaciones ESG son muy reduccionistas: buscan una única puntuación. Luego, en las organizaciones, Recursos Humanos y Cumplimiento las adoptan y, de repente, han echado por la ventana al gerente que podría haberse hecho cargo de este asunto».
Pero Siddiqi recalcó que, aunque esto podría explicar la reacción, no la justifica. «No podemos tirar al bebé junto con el agua de la bañera», sostuvo. «Decir: “Bueno, como en ese caso se hizo de forma simbólica, voy a renunciar por completo a ello” sería una forma absurda de proceder».
Entonces, ¿cuál sería el camino a seguir? Por desgracia, como hemos aprendido, no hay soluciones fáciles, al menos no soluciones eficaces. Los panelistas coincidieron en que lograr un cambio real y duradero implicará abordar cuestiones como las actitudes socioculturales profundamente arraigadas y los roles de género. Quizá por eso a veces parece que llevamos mucho tiempo teniendo estas mismas conversaciones. «Es bastante vergonzoso que estemos teniendo esta conversación en 2025», dijo durante la sesión Katherine Garrett-Cox, directora ejecutiva de Gulf International Bank Asset Management. «Me pregunto si será porque algunas personas creen que es demasiado difícil».
Aunque las soluciones concretas quizá no sean evidentes, la sesión dejó algo claro: todos deberíamos coincidir en que lograr la paridad de género es una prioridad. «Tenemos mucho que aprender unos de otros», reconoció Bjerde. «Pero no abandonemos este tema».
