Matrimonio infantil en el norte de África: aún queda mucho por hacer

A woman with a baby on her back looks on at an informal settlement in the capital Luanda, August 30, 2012. Angolans will go to the polls on Friday to elect lawmakers and their president. REUTERS/Siphiwe Sibeko (ANGOLA - Tags: POLITICS ELECTIONS SOCIETY TPX IMAGES OF THE DAY) - RTR37ADK
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Este año, unos 12 millones de niños del mundo se casarán antes de cumplir 18 años. UNICEF calcula que alrededor del 18 % de ellos serán niños y cerca del 82 %, niñas.

El matrimonio infantil está muy extendido en países en desarrollo, en distintas culturas y religiones. Vulnera los derechos de la infancia y tiene consecuencias generalizadas y duraderas. Se ve impulsado por la desigualdad de género, la pobreza, las tradiciones patriarcales y la precaria situación socioeconómica de las mujeres, especialmente en las zonas rurales.

Esta práctica persiste en Oriente Medio y África, a pesar de que muchos países han prohibido por ley. En África Occidental, Níger registra la mayor prevalencia: el 76 % de todos los matrimonios que se celebran allí involucran a menores. Le siguen la República Centroafricana, con un 68 %, Malí, con un 52 %, y Guinea, con un 51 %. En el norte de África, la cifra de Mauritania es del 37 %; la de Egipto, del 17 %, y la de Marruecos, del 13 %.

Los matrimonios infantiles disminuyen lentamente. El avance es más notable en el caso de las niñas menores de 15 años. En el norte de África, el porcentaje de mujeres casadas antes de los 18 años se ha reducido casi a la mitad, del 34 % al 13 %, en las últimas tres décadas. No obstante, los matrimonios infantiles siguen siendo frecuentes en la región.

En mi libro, «Le marriage des filles mineures au Maghreb», analizo las repercusiones de los matrimonios infantiles. En particular, muestro cómo el matrimonio de niñas menores de edad tiene un efecto devastador en sus vidas. También muestro cómo este obstaculiza que los países alcancen los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Esto es especialmente cierto en materia de educación, salud, igualdad de género y lucha contra la pobreza.

Sin embargo, el problema rara vez se integra en el debate nacional sobre desarrollo y pocas veces los gobiernos lo abordan. El libro muestra que Marruecos, Túnez y Argelia han ratificado tratados internacionales de derechos humanos y adoptado convenciones universales, pero no los aplican todos en la práctica.

Hay algunas señales alentadoras. Los tres países del norte de África han avanzado en la educación de las niñas y en la mejora de sus condiciones de vida durante las últimas cuatro décadas. Esto ha contribuido a la reducción de los matrimonios infantiles.

Son buenos ejemplos de intervención eficaz para poner fin al matrimonio infantil.

Pero Marruecos, en particular, aún tiene mucho camino por recorrer. Más de 30 000 niñas menores de edad contrajeron matrimonios concertados en 2018. El país reformó su ley de familia en 2004, pero todavía permite que las niñas se casen antes de la edad legal de 18 años con el permiso de un juez y en circunstancias como un embarazo. Las condiciones siguen siendo imprecisas.

Es también un país donde la violencia contra las mujeres no disminuye.

Forzadas a pesar de las consecuencias

Varios factores económicos, sociales y culturales impulsan el matrimonio de menores. La pobreza y las tradiciones antiguas a menudo obligan a las niñas a casarse. Las familias calculan que habrá una boca menos que alimentar cuando una niña vaya a casa de su marido.

Un motivo que se cita con frecuencia es el honor familiar. Las familias pasan por alto que el matrimonio infantil a menudo conduce a la violencia doméstica, al divorcio y, en ocasiones, incluso al suicidio.

Mi libro sostiene que, lamentablemente, las medidas legales para proteger a las mujeres y las niñas mediante la criminalización del matrimonio infantil enfrentan obstáculos considerables. Entre ellos figuran una cultura conservadora, la complacencia hacia los fanáticos religiosos y la discriminación de género.

Las consecuencias del matrimonio infantil pueden ser devastadoras.

Las niñas ven truncada su infancia y confiscada su adolescencia. Corren riesgos médicos. Muchas niñas no sobreviven al primer embarazo y mueren durante el parto. También pueden sufrir problemas de salud mental.

Las niñas también se ven obligadas a abandonar la escuela.

Pasos para poner fin al matrimonio infantil

Las organizaciones de derechos de las mujeres y de derechos humanos subrayan la necesidad de poner fin al matrimonio infantil mediante la legislación. También exigen sanciones severas contra las infracciones de la ley y contra la violencia hacia las mujeres.

En mi libro también subrayo la necesidad de establecer y aplicar leyes y políticas que penalicen el matrimonio infantil. Estos matrimonios deberían volverse ilegales, sin excepciones. Facilitarlos o participar en ellos debería constituir un delito penal.

Pero la vía legal no basta. Deben considerarse otras medidas. Entre ellas se incluyen:

1) Sensibilizar a padres y jóvenes. La investigación muestra que algunos padres desconocen las consecuencias del matrimonio infantil y que están dispuestos a cambiar cuando las conocen. Muchos casan a sus hijas simplemente porque el matrimonio temprano es la única opción que conocen.

2) Una estrategia nacional para la integración de las mujeres en el desarrollo económico, social, cultural y político. Una forma de lograrlo sería poner en marcha proyectos generadores de ingresos para las familias pobres, especialmente en zonas rurales y apartadas. Esto complementaría la labor que realizan el Estado y las organizaciones de la sociedad civil para erradicar –o al menos reducir– el analfabetismo, la pobreza y la desigualdad.

3) Esfuerzos concertados para garantizar que las mujeres reciban educación.

4) Mayor acceso a la atención sanitaria.

5) Apoyo y financiación para las organizaciones de mujeres que protegen los derechos de las niñas.

Para alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible de eliminar el matrimonio infantil en 2030, los gobiernos y los líderes de la sociedad civil del norte de África deben seguir esforzándose por reformar las leyes de familia.

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