La vida de las personas se ha hecho añicos por el llamado «porno de venganza», el upskirting, el porno falso, la extorsión sexual y los vídeos de agresiones y violaciones sexuales compartidos en línea. Las víctimas y las supervivientes pueden experimentar una profunda “ruptura social” – una devastación importante que altera drásticamente todos los aspectos de sus vidas, así como las de quienes las quieren y apoyan.
Y, sin embargo, a pesar de la mayor concienciación pública y de cuatro nuevas leyes en los últimos cinco años, la legislación sigue sin proteger plenamente a las víctimas ni garantizar el acceso a la justicia. La ley es fragmentaria, obsoleta y compleja; varias formas de abuso siguen sin estar cubiertas.
No todas las víctimas de estos delitos tienen garantizado el anonimato en los tribunales, y las limitaciones y la complejidad de las leyes actuales dificultan que la policía las haga cumplir en la práctica.
Se han hecho esfuerzos para subsanar estas deficiencias: el gobierno del Reino Unido pidió recientemente a la Comisión de Derecho que llevara a cabo una revisión de dos años revisión. Pero esto significa que las nuevas leyes no se introducirán hasta 2022, como pronto.
Nuestra nueva investigación se basa en las experiencias y recomendaciones de más de 50 víctimas supervivientes, así como de abogados, policías y profesionales del tercer sector que trabajan en este ámbito en todo el Reino Unido. Nuestros hallazgos sugieren que es urgente actuar ahora para apoyar y proteger a quienes han sufrido lo que hemos denominado “abuso sexual basado en imágenes”.
«Tortura para tu alma»
Si bien parece estar ampliamente reconocido que el abuso sexual basado en imágenes causa un daño considerable, muchas de las víctimas supervivientes con las que hablamos consideraban que no se comprendían bien la verdadera magnitud ni la naturaleza de este daño. Muchas describieron el abuso como una violación abrumadora que trastocó radicalmente sus vidas, hasta el punto de que muchas dividieron su vida y su sentido de sí mismas en «antes» y «después» de sus experiencias.
Una superviviente habló de sentirse “completamente, completamente destrozada”; otras calificaron sus experiencias como “destructoras de la vida”, “un infierno en la tierra” – “una pesadilla …[que] lo destruyó todo”. Otra, Anna, dijo: “es una tortura para el alma”.
Otras describieron la naturaleza constante del abuso, que con frecuencia es continuo: el material sigue “ahí fuera”, y existe la constante posibilidad de que se comparta, se vea y vuelva a descubrirse. Cada vez que esto ocurre, se vive como un nuevo abuso. Las víctimas supervivientes no hablaron de un “suceso” o “incidente” concreto que ocurre y luego termina. Más bien, el abuso se vive como algo implacable y perpetuo. Como dijo Anna: “No tiene fin, no tiene parada, no tiene final.”
Ponerse al día
Las víctimas supervivientes se ven perjudicadas por las leyes actuales, que son incoherentes, obsoletas y confusas. Existe una necesidad urgente de una ley penal integral que abarque todas las formas de abuso sexual basado en imágenes, independientemente de la motivación. Pero, mientras la revisión de la Law Comission está en curso, hay tres cosas que podrían abordarse de inmediato.
1. Ampliar la legislación vigente para incluir las amenazas y el porno falso (deepfake).
Las amenazas de tomar o compartir imágenes íntimas sin consentimiento no constituyen actualmente delito penal en Inglaterra y Gales ni en Irlanda del Norte. Se trata de una omisión grave, porque casi la mitad de las víctimas supervivientes con las que hablamos habían recibido amenazas de compartir imágenes o vídeos de ellas desnudas o de contenido sexual sin su consentimiento. Para muchas, las amenazas tuvieron repercusiones que ponían en peligro su vida y las paralizaron. Como nos contó Louise:
Me sentí avergonzada y humillada … y me sentí estúpida. Incluso ahora sigo sin estar segura de si ella las enviará o no. Mi salud mental se deterioró bastante. Tomé una sobredosis.
Tampoco el derecho penal cubre claramente el porno falso ni los “deepfakes”, en los que se utiliza la tecnología para alterar vídeos o imágenes y convertirlos en sexuales; por ejemplo, tomar una foto de perfil de Facebook y alterarla digitalmente para hacerla sexual o pornográfica. El delito que penaliza compartir imágenes íntimas sin consentimiento (como en el “porno de venganza”) debería ampliarse para incluir las amenazas y la distribución de imágenes falsas.
2. Reconocer el abuso sexual basado en imágenes como delito sexual.
La negativa del gobierno a clasificar todos estos abusos como delitos sexuales indica que no escucha a las víctimas supervivientes. Como nos dijo Lucy:
Es un abuso contra mí y mi cuerpo. Parece abuso sexual… Sé que la gente podría decir que suena exagerado, pero así es como me siento de verdad…
Tampoco hay justificación para que algunas víctimas supervivientes gocen de anonimato en los tribunales –en casos de upskirting, por ejemplo– pero no en otros, como cuando se comparte una imagen sin consentimiento.
3. Ayudar a las víctimas supervivientes a recuperar el control.
Mientras organizaciones como la Revenge Porn Helpline ofrecen una asistencia y un apoyo prácticos muy valiosos, con demasiada frecuencia las víctimas supervivientes deben afrontar solas la larga y dolorosa tarea de retirar sus imágenes. Pocas pueden acceder a apoyo emocional y psicológico especializado, ni a asistencia para orientarse en el complicado panorama jurídico.
Recomendamos crear una Oficina para la Seguridad en Línea, financiada conjuntamente por el gobierno y los sectores industriales pertinentes, encargada de prestar asistencia experta y bien dotada de recursos para ayudar a las víctimas supervivientes a recuperar el control, así como de desempeñar un papel educativo en la lucha contra el abuso sexual basado en imágenes. Esto contribuiría en gran medida a ofrecer más protección, acceso a la justicia y un apoyo adecuado.
Está claro que el abuso sexual basado en imágenes puede tener efectos devastadores y destrozar la vida de las personas. Si el gobierno comprende realmente esto, actuará ahora para corregir las lagunas más flagrantes de la ley y aumentar el apoyo a las víctimas supervivientes.
Los nombres utilizados en este artículo son seudónimos asignados por los autores para proteger la identidad de los encuestados.
