La desigualdad en las ciudades tiene una larga historia. La importancia de la planificación social y comunitaria para afrontar el reto de crear ciudades centradas en las personas es enorme. Aunque quienes planifican, los gobiernos y los diseñadores llevan mucho tiempo entendiendo el problema, sacar a la luz las numerosas e importantes historias de los grupos marginados es una tarea ingente.
La tecnología —tan a menudo denostada— ha proporcionado una herramienta primaria, inesperada y poderosa a quienes diseñan y construyen las ciudades. La cartografía colaborativa invita a la comunidad a participar de forma anónima y cartografiar sus experiencias con sus teléfonos inteligentes y mediante una aplicación web. El nuevo Mapa de Igualdad de Género que se lanzó hoy (28 de octubre) en dos ubicaciones piloto de Melbourne se centra en la igualdad o desigualdad en el vecindario de cada persona.
¿Cómo funciona?
La cartografía colaborativa genera datos geolocalizados, compuestos por puntos «colocados» en una ubicación geográfica precisa. Después, los datos pueden analizarse y sintetizarse para obtener perspectivas, tendencias y «puntos críticos».
La diversidad de sus aplicaciones demuestra la adaptabilidad del método. Este método digital y comunitario de cartografía colaborativa se ha utilizado en todo el mundo. La ciudadanía infrarrepresentada ha aprovechado la oportunidad de contar sus historias como una forma de participar y cambiar su experiencia de las ciudades.
CrowdSpot y Universidad de Monash han desarrollado el Mapa de Igualdad de Género con el apoyo del Gobierno de Victoria. Permitirá a los gobiernos locales abordar los problemas de exclusión sociocultural, que han resultado tan difíciles de resolver. El mapa ayudará a sacar a la luz experiencias reales de desigualdad de género en espacios públicos, desde instalaciones deportivas locales hasta el transporte público, los servicios comunitarios y las infraestructuras, e incluso al caminar por la calle.
¿Cómo se utilizarán los datos?
Los ayuntamientos de Melton y Darebin pondrán a prueba el proyecto. Estos ayuntamientos se han comprometido a tener en cuenta los datos en futuras decisiones que afecten directamente a sus comunidades y vecindarios.
El mapa está abierto a personas de todos los géneros; se anima a quienes residen en Darebin y Melton a utilizar la aplicación web para contar su historia. Aunque esperamos encontrar historias de mujeres y hombres de distintas edades, el Mapa de Igualdad de Género también es una oportunidad para conocer las experiencias matizadas de las personas LGBTIQ+.
Más que ofrecer un nuevo relato de la vida urbana, el Mapa de Igualdad de Género y los proyectos de cartografía colaborativa, en un sentido más amplio, reflejan un cambio en nuestra manera de entender las ciudades, la arquitectura y la planificación urbana. Comprender los patrones de inclusión y exclusión y tener en cuenta las percepciones individuales de las ciudades —que pueden no coincidir con las nuestras— es uno de los mayores retos a los que se enfrentan quienes diseñan los espacios urbanos.
Formada como arquitecta y arquitecta paisajista, y directora de un laboratorio de investigación universitario, mi investigación busca comprender el nexo entre el espacio urbano y la desigualdad de género. Mi investigación recientese centra en las posibilidades y el poder de la cartografía colaborativa como método para dar forma al espacio urbano. Reconociendo que las ciudades deben tener en cuenta las cuestiones de género, busco comprender las historias de género, equidad e identidad en las ciudades: no historias ficticias, sino relatos reales de personas concretas.
Hacia un diseño urbano más inclusivo
Como proceso democrático, la cartografía colaborativa puede conducir a acciones que ayuden a resolver problemas del mundo real. Diseñar de forma «inclusiva» implica mucho más que proporcionar edificios comunitarios, transporte público y servicios. Se trata de la determinación de buscar las historias complejas de la justicia social —las de acceso, equidad y diversidad— y de dar forma activamente a nuestras ciudades, poniendo estos objetivos en primer lugar.
Para considerar cómo pueden las comunidades impulsar agendas y atender muchas de las necesidades complejas y diversas de las ciudades, hace falta un enfoque táctico. La arquitecta feminista y activista Lori Brown afirma:
El diseño no es un acto pasivo. Es una participación crítica con la comunidad, y hay que ser consciente del poder que se tiene y de cómo se utiliza.
La cartografía colaborativa involucra a la comunidad y también aporta una forma de activismo especialmente poderosa, sobre todo en lo que respecta a la desigualdad de género. Proyectos como Everyday Sexism en el Reino Unido; Safetipin en Nueva Delhi, Yakarta, Bogotá y Nairobi; Harassmap en India; y Free to Be en Australia y a escala internacional han documentado públicamente las formas en que las mujeres, en particular, viven la desigualdad en las ciudades.
Una ventaja evidente es que la colaboración colectiva a través de la web puede cuestionar la contribución históricamente desproporcionada de las voces habitualmente masculinas a las políticas y el diseño urbanos. Una de las razones por las que la cartografía colaborativa ha logrado involucrar a mujeres y niñas es que les permite informar cuándo y dónde les conviene. ¿Cuánto más aprenderemos sobre la inclusión si abrimos esta herramienta a personas de todos los géneros?
La ubicuidad de los teléfonos inteligentes durante la última década ha impulsado un crecimiento exponencial del volumen de datos sobre las ciudades y sus habitantes. Sin embargo, disponemos de menos datos sobre género y desigualdad. Contar con más datos y perspectivas más profundas hará que estas cuestiones ocupen un lugar central en el diseño y la estrategia de la toma de decisiones urbanas locales.

