El género es el punto de encuentro de los movimientos feminista y LGBTI. Esta es la razón

An LGBTI choir sings during a protest outside the Pastoral Congress at the World Meeting of Families in Dublin, Ireland August 23, 2018. REUTERS/Clodagh Kilcoyne - RC18583C3CF0
Millions of LGBTI people have been making their voices heard around the worldImage: REUTERS/Clodagh Kilcoyne - RC18583C3CF0
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Recientemente hemos sido testigos de cómo millones de personas lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersexuales (LGBTI) salían a las calles de todo el mundo para denunciar la homofobia, la bifobia, la transfobia y la interfobia, y para luchar contra la discriminación y la violencia hacia nuestras comunidades y por una vida digna y con respeto. Y aunque las cuestiones LGBTI han entrado en los medios de comunicación habituales, y aunque mucho se ha escrito sobre las causas profundas de la violencia y la discriminación contra las personas LGBTI, persiste una multitud de conceptos erróneos y suposiciones infundadas en torno a la orientación sexual, la identidad de género y las características sexuales. La falta de conocimiento sobre las cuestiones LGBTI es llamativa y difícil de erradicar; y, en ocasiones, son miembros de nuestras propias comunidades quienes perpetúan estas ideas.

Una forma de pensar muy común es que, si las personas leen o escuchan sobre orientación sexual o identidad de género, asumirán que el tema se refiere a una persona LGBTI. Aunque esto es comprensible, porque esa terminología se acuñó para luchar contra la discriminación por estos motivos, no reconoce que todo ser humano tiene una orientación sexual y una identidad de género. La orientación sexual responde a la pregunta de hacia quién sentimos atracción sexual, si es que la sentimos, y con quién queremos mantener relaciones sexuales y/o románticas. Esto es así independientemente de cuál sea dicha orientación. Nuestra identidad de género, por otro lado, hace referencia a cómo experimentamos nuestro propio sentido de ser una persona con género. No importa si somos personas trans, no binarias, de género diverso, agénero, hombres o mujeres, o si tenemos una identidad de género indígena: todas las personas tienen una identidad de género.

Otra creencia muy extendida es que nuestro género es fijo a lo largo de toda la vida; o, dicho de otro modo, que si nacemos mujeres u hombres, moriremos siendo mujeres u hombres. Aunque esto es cierto para muchas personas, no lo es para todas. Las identidades cambian a lo largo de la vida y lo mismo puede ocurrir con la identidad de género. Con frecuencia, estos cambios son pequeños, casi imperceptibles, y solo se hacen evidentes con el paso de largos periodos de tiempo. A veces los cambios pueden percibirse como bastante drásticos; por ejemplo, cuando una persona trans «sale del armario» como trans y declara que quiere usar otro pronombre de género, otro nombre o que su identidad de género ahora es distinta. Desde fuera, esto parece un cambio drástico; por dentro, a menudo no lo es. La mayoría de las personas trans habrán pensado durante mucho tiempo en su salida del armario antes de hacerla pública.

Una noción muy extendida sobre las personas trans es que somos personas de un género nacidas en un cuerpo de otro género. Por ejemplo, a las mujeres trans a menudo se las denomina «mujeres nacidas con cuerpo masculino». Esto puede llegar hasta afirmar que las mujeres trans tienen «cerebros femeninos» en cuerpos masculinos.

Algunas personas trans perciben su situación de esta manera, pero muchas no. La noción de «nacer en un cuerpo del sexo equivocado» es solo un reflejo del constructo social según el cual nuestros cuerpos definen nuestro género, que a su vez define nuestros roles (de género) en la sociedad. Esto es problemático. En primer lugar, en la mayoría de las sociedades existe una clara jerarquía en los roles de género: las mujeres tienen menos autonomía y menos acceso al poder, son menos independientes y cobran menos. Además, la noción de que «el sexo define el género» da pie a la línea de pensamiento inversa, según la cual una persona con identidad femenina (o masculina) tiene que ser alguien con cuerpo femenino (o masculino). Esto obliga a las personas trans a someterse a cirugías de confirmación de género para que sus cuerpos se asemejen a los de las mujeres o los hombres cis (personas cuyo género coincide con el sexo que se les asignó al nacer).

Esto es un paso hacia la normalización de cirugías en personas intersex, incluidos bebés, niños y adultos, a menudo realizadas sin su consentimiento (las personas intersex son aquellas que nacen con características sexuales, o las desarrollan, que no pueden asignarse como completamente masculinas o completamente femeninas). Las personas intersex han sido utilizadas con frecuencia por la comunidad LGBT, los movimientos feministas y de mujeres, y otros colectivos para defender que el sexo no es binario. Aunque es cierto que ni el sexo ni el género son intrínsecamente binarios, utilizar a las personas intersex para afirmar la existencia de un tercer sexo ignora el hecho de que muchas, si no la mayoría, de las personas intersex se identifican como hombres o mujeres, y solo algunas se identifican como intersex, no binarias u otras distintas de hombre o mujer.

Lo que tienen en común todos estos ejemplos es la noción simplificada de que el sexo que se nos asigna al nacer define nuestro género, y que tanto este sexo como la asignación de género asociada determinan nuestro rol de género como seres sociales, así como nuestra orientación sexual. Cualquier persona que se aparte de este patrón puede sufrir consecuencias graves que se manifiestan en forma de violencia, discriminación y maltrato hacia las mujeres y las personas LGBTI en todo el mundo.

El movimiento feminista lleva más de un siglo desmantelando la creencia de que nuestro sexo y género deben definir nuestros roles en la sociedad, y luchando contra la discriminación y la violencia inherentes basadas en el género que resultan de esa creencia. Ahí es donde confluyen los movimientos feminista y LGBTI: el maltrato de las mujeres en nuestras sociedades y el maltrato de las personas LGBTI tienen la misma causa raíz. Todo gira en torno al sexo y al género, y ambos deben abordarse de forma conjunta.

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