Conoce al imán de la primera mezquita gay-friendly de África

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La Mezquita del Pueblo, en Ciudad del Cabo, la ciudad más meridional de África, no es un lugar de culto común. Por sus puertas pasan musulmanes de la zona que tienen en común un rasgo poco habitual: la lucha por reconciliar su fe con sus identidades LGBT.

La mezquita fue fundada por Muhsin Hendricks, un imán que ha dedicado su vida a ofrecer a los musulmanes LGBT un espacio seguro donde practicar su fe, lejos de la condena de los líderes religiosos ortodoxos, muchos de los cuales consideran que la homosexualidad es un pecado.

En muchos países de África, ser gay es un delito. En algunos lugares —Somalia, Sudán del Sur y algunas zonas de Nigeria, por ejemplo— incluso se castiga con la muerte.

Pero Sudáfrica es diferente. Fue el primer país del mundo en prohibir la discriminación por orientación sexual, y el matrimonio entre personas del mismo sexo es legal en el país desde hace más de una década. Aun así, las actitudes tardan en cambiar. Según una encuesta de la Other Foundation, el 72 % de los sudafricanos cree que la actividad sexual entre personas del mismo sexo es moralmente incorrecta.

Las comunidades religiosas son especialmente restrictivas, y los líderes ortodoxos de las mezquitas suelen oponerse explícitamente a la ampliación de los derechos de las personas homosexuales. Para los fieles, el tormento no se limita al ostracismo legislativo; el hecho de ser expulsados de sus comunidades también supone una excomunión emocional.

«Muchos musulmanes gay experimentan una disonancia cognitiva», dice Hendricks, «que se manifiesta en el abuso de drogas y alcohol, la conducta sexual irresponsable y el suicidio».

Hendricks quiere cambiar eso. Él mismo es musulmán gay y hace 20 años fundó un grupo de apoyo para musulmanes LGBT. LaInner Circleapoya a quienes se sienten rechazados por su fe debido a su identidad sexual e incluso ofrece una bendición matrimonial a parejas del mismo sexo.

Fe en un futuro más inclusivo

¿Qué piensa la comunidad musulmana en general? Hendricks dice que sus reacciones son volátiles. «A veces creen que deberían arrojarme desde la montaña más alta y, otras, agradecen que haya un imán dispuesto a trabajar con personas con las que ellos no están dispuestos a trabajar», declaró a AFP el año pasado.

«Aprendí que la homosexualidad era solo la primera vía para abordar muchas otras injusticias cometidas en nombre del islam. Y ahora te sorprendería la cantidad de personas heterosexuales que se sienten atraídas por nuestra organización. Así que me di cuenta de que me había embarcado en algo importante. Me he enfrentado al patriarcado que subyace al islam».

Pero, en última instancia, Hendricks vislumbra un futuro más inclusivo para sus correligionarios, y es posible que su mezquita de Ciudad del Cabo haya iniciado una tendencia. Desde su apertura, han surgido cada vez más lugares de culto alternativos. «Estos espacios ofrecen a los musulmanes LGBT una renovada esperanza: ellos también tienen derecho a practicar su fe, a amar y a ser amados», afirma.

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