Olvidados dos veces: la historia no contada de los refugiados LGBT 

'For many LGBT refugees, the arrival in Europe does not represent the end of violence.'
'For many LGBT refugees, the arrival in Europe does not represent the end of violence.'Image: REUTERS/Murad Sezer
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Imagina tener que huir de tu propio país porque te persiguen por ser quien eres y por amar a quien amas. Imagina llegar a Europa y acabar encerrado en un centro de detención, con el riesgo constante de sufrir una agresión. Imagina tener que empezar de nuevo en un país extranjero, en la pobreza y con riesgo de sufrir explotación sexual.

Estos son los riesgos muy reales a los que se enfrentan los refugiados LGBT que huyen de la violencia, la discriminación y los abusos en sus países de origen. Esta es la crisis de refugiados de la que no se habla.

Es una emergencia que está a la vista de todos, pero permanece oculta; que resulta extremadamente difícil de documentar y que Europa no está abordando, en un momento en que los derechos LGBT siguen estando en riesgo en todo el mundo.

La crisis de los refugiados LGBT

En 72 países, las relaciones entre personas del mismo sexo están actualmente penalizadas. En ocho, se castigan con la muerte. Pero en muchos otros, las normas sociales, las tradiciones y las costumbres hacen que la vida de las personas LGBT sea igualmente imposible, aunque la ley no esté oficialmente en su contra.

La Convención de Ginebra de la ONU es clara: la orientación sexual y la identidad de género constituyen motivos sólidos para solicitar el estatuto de refugiado. Además, una Directiva de la UE de 2011 especifica que la orientación sexual es una de las categorías —junto con la raza, la religión y la nacionalidad— por las que las personas pueden correr riesgo de persecución.

En 2016, 362.000 refugiados cruzaron el mar Mediterráneo para solicitar asilo en Europa. Aún no se han publicado las cifras oficiales de 2017, pero solo en el primer semestre más de 105.000 llegaron a Europa; provenían principalmente de Siria, pero también de otros países con leyes contra las personas LGBT, como Libia, Nigeria, Gambia, Senegal, Eritrea, Guinea, Ghana, Bangladés y Pakistán.

La penalización de las relaciones entre personas del mismo sexo en distintos países aumenta el número de refugiados LGBT

Estos migrantes, como todos los demás, necesitan ayuda acorde con sus necesidades específicas. Sin embargo, aunque se han tomado medidas para atender las necesidades de los menores no acompañados y de las mujeres jóvenes, no se ha hecho lo suficiente para identificar y responder a los problemas que afrontan los refugiados LGBT.

Tras huir de la violencia selectiva, la discriminación y los abusos, muchos refugiados LGBT llegan a Europa y optan por no revelar su orientación sexual. Quienes deciden hacerlo, o a quienes se considera LGBT, suelen sufrir acoso y discriminación.

Según UKLGIG y Stonewall, los solicitantes de asilo LGBT recluidos en centros de inmigración de todo el Reino Unido han sufrido abusos tanto por parte de otros solicitantes de asilo como del personal, que «no los protege de los abusos, a menudo carece de conocimientos básicos sobre las cuestiones LGBT e incluso muestra actitudes discriminatorias» hacia ellos.

Los solicitantes de asilo trans están particularmente expuestos a riesgos. Desde que se les asigne a centros de inmigración según el sexo que se les asignó al nacer, hasta la imposibilidad de obtener los medicamentos necesarios para continuar su transición, la falta de apoyo a las personas trans refugiadas tiene efectos extremadamente perjudiciales para su salud mental y física.

Para muchos refugiados LGBT, llegar a Europa no supone el fin de la violencia. Por el contrario, debido a la falta de apoyo de las comunidades migrantes de la diáspora y del sistema de inmigración, no les queda más remedio que volver al armario y ocultar su orientación sexual, esta vez en un país extranjero y sin amistades de confianza.

Para otras personas, la atracción por personas del mismo sexo y la identidad transgénero son conceptos tan entrelazados con los tabúes sociales que les resulta difícil relacionarse con la terminología que utiliza el sistema europeo de inmigración.

ORAM, una organización especializada en proteger a refugiados en situación de extrema vulnerabilidad, ha publicado recientemente un manual con terminología esencial para los trabajadores humanitarios.

La guía tiene como objetivo «crear un espacio seguro y generar confianza con los refugiados, reconocer la terminología inadecuada u ofensiva y reconocer los términos que los solicitantes de refugio utilizan para identificarse». Es una lectura fascinante que revela cómo, con mucha frecuencia, los refugiados LGBT utilizan para identificarse palabras inadecuadas, autodenigrantes y despectivas, lo que demuestra la falta de términos respetuosos en sus propios países.

Los trabajadores humanitarios no son los únicos que necesitan formación. Una revisión independiente del trato que reciben las personas gais, lesbianas y bisexuales que solicitan asilo en el Reino Unido reveló que una quinta parte de las entrevistas de asilo reproducía estereotipos sobre los hombres gais y que una décima parte incluía preguntas inadecuadas «que probablemente provocarían respuestas de carácter sexual explícito o cuestionaban la validez de las relaciones entre personas del mismo sexo».

Refugiados LGBT: dilemas y desafíos

La falta de preparación en varios niveles explica la ausencia de datos precisos sobre la llegada de refugiados LGBT a Europa y por qué muchos deciden no solicitar asilo alegando su condición LGBT.

Quienes optan por hacerlo se enfrentan a otro conjunto de desafíos específicos, y la principal dificultad es aportar pruebas. Se espera que los solicitantes de asilo LGBT presenten declaraciones de testigos que corroboren su orientación sexual o identidad de género. Conseguir esas pruebas no es tarea fácil. Podría poner en peligro a familiares, exparejas y a los propios solicitantes de asilo, especialmente si están recluidos en un centro de inmigración donde, según describen los refugiados «no hay ninguna privacidad».

El número de solicitudes aprobadas es limitado. No hay estadísticas oficiales disponibles, pero un informe de Stonewall de 2010 estimó que se rechazó el 98 % de las solicitudes presentadas por motivos de orientación sexual o identidad de género. Por ello, la organización afirma que se obligó a los solicitantes de asilo a regresar a países a menudo violentamente homófobos, como Uganda e Irán. Las cifras más recientes disponibles sobre solicitudes de asilo relacionadas con personas LGBT en el Reino Unido corresponden a 2014 e indican 1.115 solicitudes, un fuerte aumento respecto a los datos de 2009, cuando se registraron 200 casos.

En el Reino Unido, todas las solicitudes de asilo aprobadas dan acceso a un alojamiento asignado y financiado por el Estado. Es una etapa crucial y delicada que, una vez más, resulta más difícil para los refugiados LGBT, quienes a menudo sufren más abusos y acoso por parte de los otros migrantes con los que conviven.

Según Micro Rainbow International, los refugiados LGBT sufren abusos, acoso sexual e incluso violaciones en los alojamientos proporcionados por el Gobierno británico. La mayoría de estos episodios no se denuncian porque los refugiados temen que «perjudique su caso [de solicitud]». Como resultado, muchas de las personas que sufren abusos suelen marcharse y terminan sin hogar ni apoyo social, atrapadas en un ciclo de pobreza y, a menudo, de explotación sexual.

Micro Rainbow International ha abierto recientemente su segundo hogar seguro para migrantes LGBT y espera ofrecer alojamiento seguro a más de 150 personas para 2019.

Además del alojamiento seguro, Micro Rainbow brinda a los refugiados apoyo psicológico y formación práctica. La organización colabora con el minorista Uniqlo para ofrecer experiencia laboral y formación profesional a refugiados LGBT que solicitan asilo, y proporciona ropa adecuada para entrevistas de trabajo a quienes están listos para incorporarse al mercado laboral.

La mayor migración de personas desde la Segunda Guerra Mundial ha encontrado a Europa desprevenida, ha dividido a su población y ha reavivado un discurso nacionalista peligroso. La «crisis de los refugiados» es la nueva normalidad, que exige niveles de colaboración sin precedentes entre los sectores público y privado y que, si se aborda con creatividad e innovación industrial, puede ofrecer oportunidades únicas.

Hoy, más que nunca, Europa representa la paz, la colaboración y la solidaridad. Las políticas sobre refugiados, centradas en gran medida en impedir su llegada, deberían evolucionar y tener en cuenta las necesidades especiales de las distintas categorías de migrantes que llegan a nuestras costas.

Los refugiados LGBT se encuentran entre las personas más vulnerables, tanto física como psicológicamente; afrontan riesgos específicos y necesitan protecciones específicas. Sin embargo, el propio sistema que debería protegerlos les está fallando.

Es hora de comprender estas diferencias y actuar en consecuencia. Cuando les fallamos a los refugiados LGBT, convertimos la seguridad, que es una necesidad, en un privilegio. Asegurémonos, en cambio, de que la seguridad siga siendo un derecho humano fundamental.

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