Las hijas influyen en el voto de sus padres. Así es como

A woman drinks tea in a T2 shop in London April 24, 2014. Consumer goods giant Unilever is testing its might as a high-end retailer by opening the first European outpost of Australia's T2 tea chain on Thursday in London, hoping to reignite Britons' fading romance with the once-sacred cuppa. REUTERS/Stefan Wermuth (BRITAIN - Tags: BUSINESS FOOD SOCIETY) - LM1EA4O17L801
Dads with first-born daughters showed stronger support for female candidates.Image: REUTERS/Stefan Wermuth
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Es más probable que los padres voten por candidatas políticas si tienen una hija, pero solo si esta es su primogénita.

Ese es el hallazgo de un nuevo artículo de investigación publicado en la revista Political Behavior.

En un segundo artículo, publicado en Public Opinion Quarterly, el equipo de investigación descubrió que los padres con hijas eran más propensos a apoyar políticas destinadas a promover la igualdad de género, pero, de nuevo, solo si la hija era la primogénita.

En conjunto, el impacto del género de un hijo en la política de su padre es lo que los investigadores denominan el «efecto de la primera hija». El efecto es más fuerte entre los demócratas que entre los republicanos.

Un hallazgo especialmente sorprendente: el efecto de la primera hija hacía que los padres fueran más propensos a apoyar el control de armas.

Ambos estudios controlan la influencia de las preferencias partidistas y de una serie de otros factores.

Una nueva perspectiva

«Cuando los hombres tienen una hija, esto puede ofrecerles una nueva perspectiva desde la que observar el mundo y hacer que se pregunten: “Bueno, ¿cómo es el mundo para una niña?”», afirma la coautora Jill Greenlee, profesora asociada de ciencias políticas y de estudios de la mujer, género y sexualidad en la Universidad Brandeis.

«Y, según nuestros datos, parece que hay algo en convertirse en padre de una niña que hace que los hombres piensen de otra manera sobre el género. Quizá reconozcan la discriminación de género por primera vez o quizá empiecen a reflexionar sobre ella de otra manera. Puede que adquieran nuevas perspectivas sobre cómo el género configura de forma distinta las oportunidades de las niñas», dice Greenlee.

Pero ¿por qué solo las hijas primogénitas?

«Necesitamos investigar más sobre este tema, pero tenemos algunas hipótesis. Sabemos por estudios de otros investigadores que los hombres pasan más tiempo con su primera hija que con las hijas que nacen después», dice Greenlee.

«También sabemos que, por lo general, las relaciones de los hombres con sus hijas están menos sujetas a pautas preestablecidas que las que tienen con sus hijos, lo que quizá signifique que se sienten más libres de dedicar su tiempo de manera distinta a sus hijas que a sus hijos. Por eso, puede que las hijas primogénitas estén en una posición única para influir en sus padres, gracias al tiempo que pasan juntos», explica.

«La investigación en ciencias políticas muestra que las primeras experiencias políticas suelen tener un mayor impacto en las personas. Por ejemplo, la primera vez que votan deja una huella profunda. La primera experiencia de convertirse en padre o madre también puede tener un efecto duradero».

Greenlee y sus colegas analizaron el apoyo de los padres a la campaña presidencial de Hillary Clinton de 2016. Clinton se dirigió directamente a los padres; por ejemplo, durante un debate de las primarias demócratas dijo: «Por fin, los padres podrán decirles a sus hijas: “Tú también puedes llegar a ser presidenta”».

A partir de los datos de una encuesta que el Cooperative Congressional Election Study (CCES) recopiló de 1.500 votantes en 2016, el equipo de investigación de Greenlee descubrió que el apoyo a Clinton aumentó «de forma significativa y sustancial» entre los padres con hijas primogénitas.

Los investigadores también realizaron un experimento mediante una encuesta con una candidata ficticia llamada Molly Smith, que se presentaba para convertirse en la primera mujer en representar al décimo distrito congresional de Minnesota.

Su mensaje a los votantes se hacía eco del de Clinton al destacar la ampliación de las oportunidades para «nuestras hijas». Los padres de hijas primogénitas que estuvieron expuestos a ese mensaje «al estilo de Clinton» eran significativamente más propensos a apoyar a Molly Smith que los padres de hijos primogénitos.

El artículo concluye que «los llamamientos de Clinton a los padres de hijas fueron efectivamente eficaces en las elecciones de 2016. En definitiva, nuestros resultados sugieren que tener una primera hija puede ser una experiencia transformadora que lleva a los hombres a… aplicar esta nueva perspectiva a sus evaluaciones de las candidatas y a sus decisiones de voto».

Opiniones de los padres sobre cuestiones políticas

También a partir de los datos de 1.500 votantes del CCES, los investigadores analizaron las opiniones de los padres sobre tres cuestiones: políticas «que exijan a las escuelas, universidades y centros de educación superior ofrecer las mismas oportunidades deportivas a niñas y niños»; políticas «que aborden la brecha de ingresos entre hombres y mujeres en Estados Unidos»; y políticas para apoyar «una mejor aplicación [de las leyes] que prohíben el acoso sexual en el lugar de trabajo».

El apoyo a cada una de estas políticas se midió en una escala de cinco puntos, desde «oponerse firmemente» hasta «apoyar firmemente».

Los padres con hijas primogénitas mostraron un mayor apoyo a estas políticas. Y aunque un padre tuviera varias hijas, si ninguna era la primogénita, esto no tenía efecto en sus opiniones políticas.

Curiosamente, tener una hija primogénita no influía en las opiniones de los hombres sobre la inmigración ni el medioambiente, pero sí los inclinaba más a favor del control de armas.

Los investigadores concluyen: «Puede que, así como la experiencia de tener una primera hija despierta en los padres la conciencia de la importancia de las políticas que promueven la igualdad de género, también aumente su conocimiento y apoyo a las medidas para proteger a las mujeres de la violencia de género».

Los otros coautores del primer artículo pertenecen a la Universidad de Massachusetts.

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