La COVID-19 pone de relieve cómo los cuidados alimentan la desigualdad de género

Unpaid caregiving falls disproportionately on women and girls.Image: Josh Appel/Unsplash
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  • El confinamiento por el coronavirus está aumentando la presión sobre quienes cuidan.

  • El impacto desproporcionado de los cuidados no remunerados en las mujeres y las niñas es una de las principales facetas de la desigualdad de género.

  • Esta crisis ofrece la oportunidad de transformar los cuidados y promover la igualdad de género en el hogar y el lugar de trabajo.

La pandemia de COVID-19 hace más urgente reconocer y valorar a quienes cuidan y reducir los sesgos de género, pues plantea desafíos enormes e inesperados asociados al aumento de las responsabilidades de cuidado. Los pacientes con COVID-19 y sus familias necesitarán en gran medida cuidados paliativos y atención al final de la vida, especialmente en entornos con recursos limitados, donde muchas personas no serán hospitalizadas.

Además, las medidas de confinamiento domiciliario o aislamiento para contener la propagación de la COVID-19 imponen a las familias mayores exigencias de cuidado de los niños, las personas mayores y quienes padecen enfermedades o discapacidades. Quienes cuidan ahora deben ayudar a sus seres queridos sin poder recurrir a profesionales remunerados en el hogar, la escuela o la guardería, lo que añade capas de estrés que suelen recaer en las mujeres. Algunas personas se esfuerzan por compaginar los cuidados con sus responsabilidades laborales, mientras que otras se suman al creciente número de personas desempleadas confinadas en casa.

Los cuidados son una actividad no remunerada y con recursos insuficientes que recae de forma desproporcionada en las mujeres y las niñas de todo el mundo. Quienes cuidan a un familiar o a un ser querido se enfrentan a numerosos desafíos al intentar compaginar el trabajo remunerado, las responsabilidades de cuidado no remuneradas y sus propias necesidades personales y de salud, aspectos que con demasiada frecuencia sacrifican. Sin embargo, la labor de quienes cuidan pasa en gran medida inadvertida porque no se mide con los indicadores tradicionales de productividad económica.

Las investigaciones destacan que en Estados Unidos más de 65 millones de familiares prestan cuidados no remunerados a alguien que está enfermo, tiene una discapacidad o es mayor. Los datos de la Encuesta europea sobre calidad de vida muestran que solo en Europa hay unos 100 millones de personas cuidadoras, el 20 % de la población de la UE. La Comisión Lancet sobre la Mujer y la Salud reveló que el valor económico real de las contribuciones remuneradas y no remuneradas de las mujeres al sector sanitario mundial equivale a casi el cinco por ciento del PIB mundial, lo que en 2018 representó más de 4,2 billones de dólares . Aproximadamente la mitad de este trabajo no remunerado consiste en cuidar. En conjunto, las mujeres y las niñas realizan más del 70 % de las horas de cuidados en todo el mundo.

Cuando resulta difícil compaginar los cuidados con el trabajo, o las exigencias laborales entran en conflicto con las responsabilidades de cuidado, quienes cuidan pueden verse obligados a reducir sus horas de trabajo o a pedir una licencia. Esto afecta su capacidad para participar en igualdad de condiciones en el lugar de trabajo.

Image: Embracing Carers™

Los datos de Europa muestran que la gran mayoría de los hombres con responsabilidades de cuidado también trabajan a tiempo completo, mientras que solo la mitad de las mujeres cuidadoras puede hacerlo, en gran medida porque dedican aproximadamente el doble de horas a cuidar que los hombres.

Quienes cuidan también suelen poner en riesgo su propia salud y bienestar. Las investigaciones muestran que las mujeres que asumen grandes responsabilidades de cuidado en el hogar afrontan mayores factores de estrés físico y emocional. Casi la mitad de quienes cuidan a familiares sufren depresión, y el 45 % no tuvo tiempo para concertar o acudir a sus propias consultas médicas debido a sus tareas de cuidado, lo que las expone al riesgo de enfermar y necesitar cuidados ellas mismas.

Centrarse en el impacto desproporcionado de los cuidados no remunerados en las mujeres y las niñas es clave para abordar una de las principales facetas de la desigualdad de género, que tiene un alto costo para ellas, sus familias, los sistemas de salud y las economías. Un estudio reciente de McKinsey mostró que permitir que las mujeres alcancen su «pleno potencial» y desempeñen en los mercados laborales un papel idéntico al de los hombres supondría un aumento de hasta 28 billones de dólares, o del 26 %, en el PIB mundial anual para 2025. Una investigación del Banco Mundial demostró que, si las mujeres ganaran tanto como los hombres —igualdad de ingresos—, el aumento total de la riqueza de capital humano superaría los 25.000 dólares por persona en los 141 países estudiados. Esto representa aproximadamente el doble del valor del PIB mundial.

Ante esta pandemia sin precedentes, es más importante que nunca reconocer y apoyar debidamente el papel fundamental de brindar cuidados no remunerados a familiares y seres queridos, eliminar obstáculos, proteger la salud y el bienestar de quienes cuidan y promover la igualdad de género.

En Merck estamos desarrollando políticas y prácticas basadas en evidencia que atiendan las necesidades insatisfechas de las mujeres y de quienes cuidan ante la pandemia de COVID-19. Lideramos Embracing Carers™, un movimiento mundial de colaboración integrado por organizaciones líderes de apoyo a quienes cuidan de todo el mundo, dedicado a aumentar la concienciación y el debate sobre las necesidades a menudo desatendidas de quienes cuidan, como prioridad de salud mundial. Esta organización puede ayudarnos a todos a aplicar el distanciamiento físico necesario para frenar la propagación de la COVID-19 y, al mismo tiempo, desarrollar nuevas formas virtuales de acompañar a quienes necesitan cuidados.

También somos el líder del sector privado de Healthy Women, Healthy Economies, que promueve políticas nacionales para mejorar la salud de las mujeres y ampliar su participación económica. La iniciativa Healthy Women, Healthy Economies Guía de herramientas de políticas ofrece orientación sobre estas políticas, incluido cómo aplicar cambios en el lugar de trabajo. Muchas de ellas concuerdan con un enfoque más sólido y sensible al género frente a la COVID-19. Los programas nacionales de apoyo a los ingresos que se están poniendo en marcha en respuesta a la COVID-19 pueden diseñarse para mejorar la igualdad de género, considerando los cuidados un servicio esencial y apoyando a todos los miembros de la familia, independientemente de su género.

Se necesitan políticas que permitan a los familiares tomar las licencias necesarias del empleo remunerado, adaptar sus entornos laborales y establecer modalidades de trabajo flexibles para atender las necesidades de cuidado. Esto ayudará a las personas y las familias a lograr un mejor equilibrio entre el trabajo y los cuidados.

Debemos evaluar la situación de la COVID-19 con perspectiva de género para abordar los desafíos particulares y las necesidades insatisfechas que afrontan las mujeres y las niñas, y mejorar su salud y bienestar general durante este periodo sin precedentes. Debemos impulsar un cambio transformador en favor de la igualdad abordando la economía de los cuidados remunerados y no remunerados, como propusieron las Naciones Unidas en un llamamiento a la acción para situar a las niñas y las mujeres en el centro de los esfuerzos de recuperación tras la COVID-19.

Ahora, mientras el mundo afronta la COVID-19, es el momento de convertir la crisis en una oportunidad, e identificar y aplicar soluciones innovadoras para transformar el mundo de los cuidados y promover la igualdad de género en el hogar y el lugar de trabajo.

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