El Día Internacional de la Mujer de 2019 coincide con el 25.º aniversario de una revolución inconclusa: una revolución que simboliza no solo todas las aspiraciones del Día de la Mujer año tras año, sino que también ofrece una hoja de ruta concreta para alcanzarlas.
En 1994, 179 gobiernos se reunieron en El Cairo para acordar, por primera vez, que la salud y los derechos sexuales y reproductivos son la piedra angular del desarrollo mundial.
Esa decisión, tomada en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo, reconoció que cuando las personas tienen la capacidad de elegir por sí mismas en materia de reproducción —libres de fuerza, coacción y miedo—, el mundo entero prospera.
A pesar de este acuerdo histórico, millones de mujeres y niñas aún no han visto cumplidas estas promesas.
En las regiones en desarrollo, unos 214 millones de mujeres que desean evitar un embarazo no pueden utilizar métodos de planificación familiar seguros y eficaces. Y cada día, unas 830 mujeres mueren por causas relacionadas con el embarazo o el parto.
La falta de información, el acceso deficiente a los servicios de salud y la falta de anticonceptivos disponibles contribuyen a que millones de niñas y mujeres queden desatendidas.
Los sistemas de salud empobrecidos también dejan a las mujeres sin atención prenatal ni servicios de parto seguro. Los embarazos no deseados expulsan a las niñas de la escuela y a las mujeres del mercado laboral. La violencia de género y prácticas nocivas como el matrimonio infantil atentan contra los derechos y la autonomía de las mujeres y las niñas, con consecuencias importantes para su salud y su capacidad de tomar sus propias decisiones reproductivas.
La salud sexual y reproductiva. La igualdad de género. Los derechos y la capacidad de elegir. Todo ello está consagrado en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD), y también está incorporado en toda la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, u ODS. De hecho, sin cumplir la CIPD no podemos cumplir los ODS.
Y todo ello está directamente relacionado tanto con el lema del Día Internacional de la Mujer —«Pensemos en igualdad, construyamos con inteligencia, innovemos para el cambio»— como con el tema de las deliberaciones anuales de la próxima semana en la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer: «Sistemas de protección social, acceso a los servicios públicos e infraestructura sostenible para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas».
¿Cuánta igualdad de género hay en tu país?
Establecer bien nuestras prioridades
Para realizar inversiones estratégicas e innovadoras en igualdad de género y protección social, debemos dar prioridad a la salud sexual y reproductiva en el marco de la cobertura sanitaria universal. Todo comienza con este compromiso básico de los gobiernos y responsables de formular políticas, así como con alianzas con el sector privado y la sociedad civil en general, que permitan encontrar soluciones diversas.
Necesitamos servicios accesibles y que respondan a las necesidades, incluidos los servicios de salud sexual y reproductiva. También es fundamental una respuesta multisectorial para apoyar a las víctimas y supervivientes de la violencia. Y necesitamos sistemas de protección social que reconozcan, redistribuyan y respalden la función reproductiva y las decisiones de las mujeres, incluida la prestación pública de servicios de cuidado infantil y otras redes de protección que les permitan ganarse la vida.
Ya podemos señalar muchos ejemplos en nuestra región.
La partería está adquiriendo mayor reconocimiento como profesión en muchos países. Se está formando a grupos de parteras y desplegándolas allí donde más se necesitan, como en las zonas montañosas de Afganistán o en los abarrotados campamentos de refugiados rohinyás de Bangladesh, , salvando la vida de las mujeres y sus bebés al contribuir a garantizar embarazos y partos más seguros.
Camboya y la República Democrática Popular Lao, por mencionar solo dos países, han ampliado considerablemente sus inversiones en anticonceptivos modernos para satisfacer las necesidades insatisfechas de planificación familiar, reforzando la logística de la cadena de suministro para llegar a poblaciones ubicadas en zonas remotas.
El sector privado —por ejemplo, las fábricas de ropa— también ha comenzado a proporcionar información y servicios de planificación familiar a sus empleados, fortaleciendo la capacidad de las mujeres para conciliar la vida personal y laboral.
En países expuestos a desastres, como Indonesia y Filipinas, se está reconstruyendo con mayor solidez infraestructura sanitaria esencial —incluidos hospitales y centros de maternidad dañados por terremotos y otras crisis—, incorporando tecnología innovadora y enseñanzas aprendidas para garantizar una mayor resiliencia en el futuro.
Las aplicaciones móviles en países como Maldivas y Myanmar ofrecen a los jóvenes información esencial y precisa sobre el sexo y la sexualidad, para que puedan tomar decisiones responsables y seguras, fortaleciendo sus bases para la vida y el amor.
Además, cada vez más países de Asia y el Pacífico realizan encuestas exhaustivas para medir el alcance de la violencia contra las mujeres, lo que genera datos sólidos que luego utilizan los gobiernos para promulgar leyes que aborden este flagelo.
Son ejemplos alentadores, y hay muchos más. Pero seamos también francos al reconocer la considerable reacción contra los derechos y la capacidad de elegir que estamos presenciando en un momento de creciente conservadurismo en Asia y el Pacífico y en todo el mundo, incluso en países que desde hace mucho han defendido la CIPD.
Por eso necesitamos un movimiento como #SheDecides, que comenzó hace apenas dos años para resistir la reacción contra la salud sexual y reproductiva. Este movimiento ha crecido rápidamente para amplificar las voces de las mujeres y las niñas, y también ha tendido la mano a hombres y niños para que todos participen en la revolución inconclusa que es la CIPD.
Por eso hacemos un llamamiento a los gobiernos, los organismos de la ONU, los grupos de mujeres y jóvenes y otros asociados para que se reúnan en una cumbre en Nairobi en noviembre, a fin de reafirmar su compromiso con la transformación que comenzó hace un cuarto de siglo y que debe acelerarse aún más.
Proteger los derechos y la capacidad de elegir, reforzar la protección social y lograr una verdadera igualdad de género significa renovar nuestras promesas colectivas este Día Internacional de la Mujer, convertirlas en medidas concretas y asegurar el futuro de las mujeres y las niñas de todo el mundo.
