Según el nuevo estudio, un shock económico —como perder el empleo, los ingresos, el patrimonio o el seguro médico— no afecta del mismo modo a las familias con dos progenitores.
«En particular, nos interesaba saber si, en esos momentos, los progenitores sacrifican el gasto en su propia atención médica para favorecer el gasto en la de sus hijos», señala el autor principal, Alan Monheit, profesor de Economía de la Salud y Políticas Públicas en la Escuela de Salud Pública de Rutgers y profesor investigador del Centro de Políticas de Salud Estatal del Instituto de Salud, Atención Sanitaria y Envejecimiento de Rutgers.
«Nos propusimos identificar los tipos de familia cuyo gasto en atención médica era especialmente vulnerable a los cambios en su situación económica, y determinar si el gasto en atención médica de determinados miembros de la familia corría peligro debido a una pérdida de estatus económico».
Para el estudio, publicado en Review of Economics of the Household, los investigadores analizaron datos sobre el gasto total en atención médica de 8.960 familias entre 2004 y 2012, procedentes de la Encuesta del Panel de Gastos Médicos (MEPS).
Los resultados muestran que tanto las pérdidas de ingresos efectivas como las expectativas de un deterioro de la situación económica —por ejemplo, un aumento de la tasa nacional de desempleo— tienen un impacto significativo en las decisiones de gasto en atención médica de las madres solteras, en comparación con las familias con dos progenitores.
«Las madres solteras reorientan el gasto sanitario: dejan de gastarlo en ellas mismas y lo destinan a sus hijos», dice Monheit. «Este cambio se observa en las familias monoparentales en cuanto al gasto total en atención médica del hogar y, en algunos casos, en el gasto en atención ambulatoria, consultas médicas y atención dental. No encontramos cambios de este tipo en las familias con dos progenitores».
Los resultados concuerdan con un comportamiento altruista de las madres solteras hacia sus hijos y ponen de manifiesto la vulnerabilidad de las familias monoparentales en comparación con las familias con dos progenitores.
«Nuestros resultados podrían reflejar las limitadas condiciones económicas de muchas familias monoparentales y las difíciles decisiones que estas deben tomar para preservar el bienestar de sus hijos», afirma Monheit.
Cuando las familias no pueden permitirse la atención médica habitual, pueden retrasar los tratamientos, ver deteriorarse su salud y depender más de los servicios de urgencias hospitalarios, lo que aumenta los costes generales de la atención médica para la sociedad.
«Nuestra investigación plantea dos preguntas importantes», afirma Monheit.
«Primero, ¿es probable que el cambio en el gasto de las familias monoparentales como respuesta a un shock económico sea transitorio o se prolongue? Segundo, ¿son suficientes las intervenciones actuales de política pública —como la ampliación de Medicaid prevista en la Ley de Atención Médica Asequible y los programas Medicaid/CHIP en los estados que no han ampliado Medicaid— para abordar las consecuencias de la pérdida de ingresos de las familias monoparentales en su gasto sanitario?»
