Las universidades desempeñan un papel social de enorme importancia para impulsar la igualdad de género.
Aunque muchas instituciones están logrando buenos resultados como educadoras, como empleadoras no avanzan con la rapidez necesaria .
Un nuevo informe destaca ejemplos clave de políticas, estructuras y actividades que pueden ayudar a las universidades a mejorar en este ámbito.
La igualdad de género ha avanzado mucho desde que se fundó el Día Internacional de la Mujer hace 111 años. Y, en muchos sentidos, las universidades han sido una fuerza positiva en este camino.
La investigación académica ha puesto de manifiesto las formas en que se discrimina a las niñas y las mujeres, mientras que el aumento de la matriculación y la contratación de alumnas y trabajadoras ha llevado a que haya más mujeres en puestos de poder y más mujeres con capacidad de decisión sobre sus vidas.
Pero las universidades también tienen un papel más amplio que desempeñar para impulsar la igualdad de género en sus comunidades, una responsabilidad cada vez más urgente.
La pandemia de COVID-19 ha puesto de relieve las desigualdades en general y ha creado nuevas barreras para las niñas y las mujeres, lo que ha suscitado la preocupación de que podrían perderse la mayoría de los avances en equidad de los últimos años si no se interviene lo suficiente.
Avances en igualdad de género en las universidades
En este contexto, un nuevo informe de Times Higher Education (THE) y del Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC) examina el desempeño de las instituciones de educación superior de todo el mundo en lo que respecta a los avances hacia la igualdad de género.
El informe, Igualdad de género: cómo están avanzando las universidades de todo el mundo, está vinculado a los indicadores de impacto de THE, centrados en entender los avances de la educación superior respecto de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas. Analiza en detalle las 776 universidades que han presentado datos sobre el ODS 5, que insta a adoptar medidas urgentes para lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y las niñas.
En todo el mundo, actualmente hay más estudiantes mujeres que hombres; el 54% de quienes obtuvieron un título en 2019 eran mujeres.
Ellie Bothwell.
El informe muestra que hay muchos motivos para celebrar. En todo el mundo, actualmente hay más estudiantes mujeres que hombres; el 54% de quienes obtuvieron un título en 2019 eran mujeres. Aunque a escala mundial sigue habiendo menos mujeres en las disciplinas STEM, en varios países asiáticos la proporción de mujeres matriculadas en carreras STEM es mayor que en carreras de artes, humanidades o ciencias sociales.
La mayoría de las universidades también afirma contar con diversas políticas y servicios que contribuyen al objetivo de la igualdad de género, como una política contra la discriminación de las mujeres (el 89% de las instituciones afirma tenerla) y programas adecuados para facilitar el acceso de las mujeres, como mentorías o becas (81%).
Brechas de género que deben abordarse
Pero también hay lecciones importantes. La mayoría de las universidades no pudo aportar pruebas pertinentes de sus políticas y servicios para apoyar el avance de las mujeres. Esto es problemático por varios motivos. Sugiere que existe una brecha entre las políticas y su aplicación: aunque ciertos códigos estén en teoría vigentes, todavía no se aplican en toda la institución.
También indica que es posible que el alumnado y el personal de las universidades desconozcan la existencia de políticas de igualdad de género o la disponibilidad de servicios destinados a apoyar a las mujeres, lo que a su vez sugiere que estas medidas tienen un impacto limitado. En términos más generales, plantea dudas sobre la transparencia de las instituciones de educación superior respecto de sus avances hacia la igualdad de género.
Dar ejemplo como educadoras y empleadoras
Las universidades seguirán siendo actores fundamentales del cambio en materia de igualdad de género; a través de la docencia, la investigación y la divulgación, pueden transformar la sociedad. Pueden impartir planes de estudio con una representación igualitaria de las mujeres y formar al alumnado en competencias de género; pueden garantizar que los conjuntos de datos de los estudios de investigación incluyan las perspectivas de las mujeres; y pueden ayudar a abordar la desigualdad de género en la sociedad en general mediante proyectos de divulgación que apoyen a las mujeres en la educación, el empleo y el empoderamiento.
Pero las universidades también son grandes organizaciones con miles de empleados, estudiantes y académicos, y deberían dar ejemplo a otros sectores: no solo creando políticas y servicios que apoyen el avance de las mujeres, sino también garantizando que estas medidas se documenten, promuevan y apliquen debidamente. Deben asegurar la igualdad del personal femenino en la contratación, los ascensos, la remuneración, la financiación y la carga de trabajo, y que las mujeres cuenten con mentoras y modelos a seguir.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para abordar la brecha de género?
¿Cómo pueden mejorar su enfoque las universidades?
Los departamentos y las instituciones no tienen por qué hacerlo solos: los estudios de caso de nuestro informe ofrecen ejemplos útiles de políticas, estructuras y actividades que han funcionado, además de enseñanzas más amplias para otras universidades que quieran redoblar su compromiso.
Una recomendación frecuente es la importancia de adoptar un enfoque integral que abarque toda la institución para abordar la desigualdad de género. Esto incluye contar con el apoyo del equipo directivo, disponer de oficinas especializadas, distribuir las responsabilidades con claridad y garantizar la participación de los hombres en las iniciativas.
Si todas las universidades adoptaran este enfoque general, pusieran en marcha iniciativas específicas adaptadas a la misión y los valores de su institución y, además, midieran e informaran sobre sus avances hacia la igualdad de género, podrían garantizar que no solo se pongan de manifiesto las formas en que se discrimina a las niñas y las mujeres, sino que también se dé ejemplo a otras instituciones para que sigan sus pasos al abordar esta cuestión.

