Una amplia bibliografía demuestra que la generosidad, tanto pública como privada, se ofrece con mayor libertad dentro del mismo grupo que entre grupos distintos. Esta columna examina cómo la inmigración afecta a las actitudes de los autóctonos hacia la redistribución y las implicaciones para los estados de bienestar en Europa. El principal hallazgo es que, en las regiones que han recibido una mayor proporción de inmigrantes, los autóctonos son, en general, menos favorables a la redistribución. Algunos países europeos se enfrentan al dilema de que sus autóctonos prefieren políticas de bienestar generosas para sí mismos, pero se oponen a ellas para los inmigrantes.
Una de las razones por las que el estado de bienestar en EE. UU. es mucho menos generoso que en los países de Europa occidental es la mayor diversidad de la población estadounidense, un punto planteado, por ejemplo, por Stephens (1979) y Alesina y Glaeser (2004). De hecho, una amplia bibliografía demuestra que la generosidad, tanto pública como privada, se extiende con mayor libertad dentro del mismo grupo (religioso, étnico, cultural, racial) que entre grupos distintos.
En los últimos años, debido a una gran afluencia de inmigrantes, los países europeos son cada vez menos homogéneos. ¿Debemos entonces esperar un retroceso del estado de bienestar en Europa? Esta es la pregunta que planteamos en un artículo reciente (Alesina et al. 2019). Nuestra respuesta es posiblemente sí, pero con importantes matices.
Examinamos cómo las actitudes de los autóctonos hacia las políticas redistributivas reaccionan a la llegada de inmigrantes en una muestra de 140 regiones de 16 países europeos. Las comparaciones entre países son insuficientes para responder a esta pregunta por dos motivos principales. En primer lugar, no disponemos de suficientes observaciones (países) para tener suficiente potencia estadística. En segundo lugar, la elección de destino de los inmigrantes puede depender de la generosidad y la naturaleza del estado de bienestar del país receptor, que a su vez depende de las actitudes de los autóctonos sobre la redistribución (Borjas 1999, Boeri 2010, Dahlberg et al. 2012).
Para superar estos problemas, utilizamos datos a nivel regional. Investigamos las actitudes de los autóctonos que viven en regiones que han recibido inmigrantes desde 1990. Utilizamos efectos fijos por país, comparando regiones dentro del mismo país. El supuesto es que el sistema de bienestar de un país es relativamente homogéneo entre regiones y, por tanto, la elección de ubicación de los inmigrantes dentro de un país no depende de la generosidad del estado de bienestar. Este supuesto puede no ser seguro en los países federales, pero nuestros resultados se mantienen incluso si excluimos estos países. Hacer coincidir y depurar estos datos locales sobre la presencia de inmigrantes y las preferencias de los autóctonos en materia de redistribución no fue una tarea sencilla, por lo que una de las aportaciones de nuestro artículo es su construcción de datos.
Nuestros hallazgos
Para empezar, mostramos que cuanto mayor es la proporción de inmigrantes en una región, mayor es la proporción total de inmigrantes que los autóctonos perciben en su país. Este resultado quizá no sea sorprendente, pero respalda la idea de utilizar datos locales de inmigración para evaluar las preferencias de los autóctonos sobre políticas nacionales como el bienestar social.
Nuestro principal resultado es que, en las regiones que han recibido una mayor proporción de inmigrantes, los autóctonos muestran una menor preferencia por (es decir, son menos favorables a) la redistribución, incluso después de controlar otros muchos factores que pueden afectar a estas preferencias. Este resultado es muy robusto y, al mismo tiempo, muy heterogéneo entre países, tipos de autóctonos y tipos de inmigrantes.
El efecto es más intenso en los países receptores que tienen un estado de bienestar más generoso (p. ej., los países del norte de Europa o Francia) y más débil en los países con políticas redistributivas menos generosas. Esto puede deberse a que los autóctonos de países con servicios sociales más generosos sienten que son víctimas del fenómeno del «imán del bienestar», es decir, la posibilidad de que los inmigrantes se trasladen a lugares donde puedan obtener más prestaciones sociales.
El efecto también es mucho más intenso en los autóctonos que se clasifican a sí mismos en la derecha o en el centro del espectro político.
En tercer lugar, los autóctonos se muestran más reacios a la redistribución cuando, manteniendo constante el número total de inmigrantes en sus regiones, la proporción de inmigrantes no europeos es mayor. Esto sugiere que la «distancia» cultural, lingüística, religiosa o étnica de los inmigrantes respecto al país receptor influye en las actitudes de los autóctonos.
Por último, la proporción de inmigrantes altamente cualificados reduce los efectos contrarios a la redistribución en los autóctonos. Esto podría deberse, bien a que los inmigrantes con educación terciaria dependen menos del sistema de bienestar, bien a que están más asimilados y, por tanto, son culturalmente más próximos a los autóctonos.
Implicaciones políticas
Una implicación política de nuestros hallazgos es que los partidos de izquierda tendrán más dificultades para atraer votantes cuando propongan políticas que, al mismo tiempo, sean abiertas a la inmigración y fuertemente redistributivas. Su base más fiel estará de acuerdo con tales políticas, pero tendrán dificultades para atraer a votantes moderados de centro-derecha.
Una segunda implicación es que deberíamos ver nuevos partidos que propongan políticas a favor de la redistribución y políticas contrarias a la inmigración, y esto parece ser el caso de partidos «populistas» como el Rassemblement (antiguo Frente) Nacional de Marine Le Pen en Francia, la Lega en Italia o AfD en Alemania.
En tercer lugar, los partidos menos favorables a la redistribución pueden utilizar la inmigración como herramienta para promover políticas de bienestar menos generosas, aprovechando la antipatía de los votantes hacia los inmigrantes. Alesina et al. (2018) documentan el grado muy elevado de desinformación negativa sobre los inmigrantes, que está muy extendida en los pocos países que estudian. Los partidos contrarios a la inmigración tienen incentivos para mantener y exagerar esta desinformación.
En conclusión, las políticas tradicionalmente generosas e inclusivas en materia social de los países europeos se enfrentan al dilema de que sus autóctonos las favorecen para sí mismos, pero se oponen a ellas para los inmigrantes. La solución no es fácil, y en algún momento podrían proponerse políticas extremas, como la discriminación de los inmigrantes en cuanto al acceso al estado de bienestar.
