Cómo construir un paraíso para las mujeres. Una lección de Islandia

Vistors soak in the Blue Lagoon hot springs near the town of Grindavik May 12, 2008. REUTERS/Bob Strong (ICELAND) - GM1E45D07I501
'My generation was born into an atmosphere of women’s liberation' - PM Katrín JakobsdóttirImage: REUTERS/Bob Strong
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Islandia se siente honrada de estar a la vanguardia del Informe Global sobre la Brecha de Género, y como primera ministra me preguntan con frecuencia por los avances de Islandia y cómo hemos llegado hasta aquí. Sin embargo, rara vez me preguntan hacia dónde deberíamos avanzar ahora y qué podríamos hacer mejor.

Cabe señalar que en 2017 los países nórdicos ocuparon cuatro de los cinco primeros puestos del índice. No es una coincidencia. Todos los países nórdicos son Estados del bienestar y, por lo general, cuentan con un amplio apoyo a las políticas sociales universales; estas políticas son el ingrediente clave para construir sociedades que funcionen para las mujeres.

La solidaridad de las mujeres y el cambio social

El movimiento de mujeres ha sido eficaz y organizado en los países nórdicos. En Islandia, las mujeres han demostrado repetidamente una solidaridad extraordinaria mediante la jornada de protesta de las mujeres, que en 1975 movilizó al 90 % de las mujeres islandesas, quienes se negaron a trabajar ese día. Esto puso de relieve todas las tareas visibles e invisibles, remuneradas y no remuneradas, que las mujeres realizan cada día en todas partes y que constituyen los cimientos de nuestras comunidades. Esa jornada fue el comienzo de un movimiento enorme y poderoso que dio lugar a un gran cambio social en Islandia.

La solidaridad que el movimiento de mujeres islandés forjó en las décadas de 1970 y 1980 sentó las bases de políticas de bienestar que han liberado a las mujeres del país de muchas maneras. Mi generación nació en un ambiente de emancipación femenina. De niñas, nos rodeaban modelos a seguir: las mujeres ocupaban en la sociedad más espacio que nunca. Las mujeres salían a marchar por las calles y fue elegida la primera presidenta, Vigdís Finnbogadóttir. Para nosotras, eso significó que no teníamos que elegir entre formar una familia o tener una carrera; una disyuntiva que enfrentan las mujeres de muchos países y que limita su participación en el mercado laboral y su acceso a la toma de decisiones.

La canciller alemana Angela Merkel y Katrín Jakobsdóttir.Image: REUTERS/Hannibal Hanschke

El cuidado infantil y el permiso parental

En este contexto, vale la pena mencionar dos políticas públicas. En primer lugar, el cuidado infantil universal y de alta calidad transformó las oportunidades de las mujeres para participar en la economía y en la sociedad en general. Como las mujeres todavía asumen la mayor parte de la crianza, el costo del cuidado infantil impide que mujeres de todo el mundo se incorporen o reincorporen al mercado laboral y/o participen en política.

En segundo lugar, un permiso parental compartido y bien financiado —con una parte reservada a los padres que se pierde si no la usan— aborda la discriminación sistemática que han sufrido las mujeres en el trabajo por la mera posibilidad de que tengan hijos. Si los hombres tienen la misma probabilidad de dejar temporalmente el trabajo para cuidar a sus hijos, esta discriminación estructural disminuye.

Muchas políticas islandesas nunca habrían llegado adonde estamos hoy de no ser por el cuidado infantil y el permiso parental. Yo soy un excelente ejemplo de ello. En este sentido, los gobiernos y los parlamentos pueden marcar el camino adoptando políticas que han demostrado reducir la brecha de género, en lugar de ampliarla.

Ningún país ha erradicado la violencia contra las mujeres

Sin embargo, pese a los avances de Islandia, las desigualdades estructurales persisten en el país. Más recientemente, el movimiento #metoo dejó al descubierto el acoso sistemático, la violencia y el sexismo cotidiano a los que están sometidas las mujeres en todos los niveles de la sociedad islandesa. Además, el movimiento reveló las múltiples formas de discriminación que sufren las mujeres migrantes en un país que históricamente ha sido relativamente homogéneo desde el punto de vista étnico.

Sigue siendo alarmante que ningún país del mundo haya logrado encontrar la manera de erradicar la violencia contra las mujeres. La violencia contra las mujeres es tanto causa como consecuencia de la desigualdad de las mujeres.

Hasta hoy, el Índice de Brecha de Género no mide la violencia contra las mujeres, ni tampoco lo hace ningún otro índice similar. Sin duda, medir la violencia es difícil. Los informes policiales solo cuentan la mitad de la historia, y las definiciones oficiales y sociales de lo que se considera violencia pueden variar entre culturas. Aun así, algún tipo de comparación de las tasas de violencia contra las mujeres, sin duda, presionaría aún más a los gobiernos para que redoblaran sus esfuerzos por erradicar esas persistentes violaciones de los derechos humanos.

Una parte de la solución: Women Leaders Global Forum

Este año y durante los tres años siguientes, el Gobierno y el Parlamento de Islandia serán coanfitriones del Women Leaders Global Forum (WLGF), junto con Women Political Leaders (WPL). Este foro único reúne a mujeres de la política, las empresas, el mundo académico y la sociedad civil para compartir ideas y soluciones que contribuyan a construir mejores sociedades y promover la igualdad de género. Puede servir de plataforma para explorar formas de reducir aún más las desigualdades de género en todo el mundo. Aunque la situación de las mujeres varía considerablemente según la región del mundo, la naturaleza de la discriminación que sufren es similar.

Aún queda trabajo por hacer y no debemos cejar en la lucha por la igualdad de las mujeres, aunque alcancemos hitos importantes. El Índice de Brecha de Género, cuya edición de 2018 se publicará el próximo mes, debería animarnos a todos a hacerlo mejor. Al aprender unos de otros y compartir experiencias, creo que nos acercaremos a nuestro objetivo.

Como primera ministra de Islandia, estoy profundamente comprometida con la construcción de un mundo en el que las mujeres puedan desarrollar plenamente su potencial, en beneficio de todos.

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