Las mujeres de Canadá y Estados Unidos se enfrentan a dificultades extraordinarias para acceder a la esterilización como método anticonceptivo. Cuando acuden a profesionales de la medicina para preguntar por el procedimiento, a menudo oyen cosas como: «Te arrepentirás» o «Que lo haga tu marido».
La razón más común que dan los profesionales de la medicina para denegar la esterilización voluntaria a las mujeres es el posible arrepentimiento futuro.
Hay muchos estudios sobre la posibilidad de que las mujeres se arrepientan de haberse esterilizado. El estudio más citado de Estados Unidos concluye que la tasa de arrepentimiento tras la esterilización es del 20,3 % entre las mujeres de 30 años o menos y del 5,9 % entre las mayores de 30.
En cambio, los hombres que buscan esterilizarse mediante una vasectomía no parecen sufrir la denegación del procedimiento ni estar sujetos a las mismas preocupaciones por el arrepentimiento. La absoluta falta de datos sobre lo que sienten los hombres respecto a su esterilización, ya sea arrepentimiento o cualquier otra cosa, marca un contraste evidente.
Del mismo modo, cuando las mujeres deciden buscar un tratamiento de fertilidad, no están sujetas al mismo nivel de escrutinio y, por lo general, no tienen dificultades para conseguirlo.
La situación de una mujer que opta por la esterilización es, por tanto, única. La decisión de tener hijos, no tenerlos o hacer que una misma no pueda tenerlos puede acarrear consecuencias que cambian la vida. Sin embargo, solo en el caso de las mujeres que buscan esterilizarse se considera el arrepentimiento una razón de peso para negarles la capacidad de decidir sobre su reproducción.
Ser mujer significa ser madre
Mi investigación concluye que las mujeres tienen dificultades para buscar la esterilización voluntaria porque las mujeres sin hijos cuestionan lo que se considera normal.
En la actualidad, la norma reproductiva es que las mujeres deberían querer tener hijos y que tienen el deber de hacerlo.
Cuestionar esta idea acarrea sanciones sociales. Los estereotipos sobre las mujeres sin hijos han sido sistemáticamente negativos desde finales de la década de 1970.
A las mujeres sin hijos se las considera menos felices y con una vida menos plena. También se las ve como socialmente indeseables, egoístas e inmaduras.
Las mujeres sufren discriminación por decidir no tener hijos en mayor medida que los hombres debido a la creencia de que la maternidad es algo biológico en las mujeres (por ejemplo, el instinto maternal), mientras que la paternidad se aprende en el caso de los hombres. Esta creencia carece de fundamento pero, aun así, está muy extendida.
Este hallazgo coincide con los estudios sobre el arrepentimiento tras un aborto, según los cuales a menudo se considera que las mujeres corren un alto riesgo de arrepentirse de haber abortado debido a normas reproductivas similares.
La expectativa de que ser mujer significa ser madre fomenta la creencia de que las mujeres deberían arrepentirse de haber decidido no tener hijos. Esto se aplica especialmente a la esterilización voluntaria, en comparación con otros métodos anticonceptivos, dada la relativa permanencia del procedimiento.
Ignorar los deseos de las mujeres
La idea de que ser mujer significa ser madre es una definición inexacta y perjudicial que excluye a las mujeres trans.
También da lugar a suposiciones basadas en el género que afectan a nuestro sistema médico, pues los médicos toman decisiones basadas en normas reproductivas sexistas, en vez de tener en cuenta los deseos de una mujer y lo que más le conviene.
Para las mujeres que buscan esterilizarse, esto significa que quizá no tengan acceso a un método anticonceptivo o que tengan que usar uno que no sea adecuado ni deseable para ellas.
Sin embargo, cabe señalar que algunas mujeres tienen más probabilidades de acceder a la esterilización o de ser esterilizadas contra su voluntad debido al colonialismo, el racismo, el clasismo, la heteronormatividad, la cisnormatividad y otras formas de discriminación.
Esto hace aún más importante investigar y tener en cuenta a quiénes se les concede la esterilización, a quiénes se les deniega y por qué.
La libertad de arrepentirse
El riesgo de arrepentimiento está presente en muchas de nuestras grandes decisiones, como someterse a un procedimiento médico o tener hijos.
Como no conocemos el futuro a la perfección, siempre existe la posibilidad de que una persona se arrepienta de su decisión. Aun así, seguimos adelante con nuestras vidas lo mejor que podemos y, en general, somos libres de tomar decisiones de las que podríamos arrepentirnos.
Las mujeres que buscan esterilizarse voluntariamente no tienen esa libertad. Se las considera extremadamente vulnerables al arrepentimiento, a diferencia de los hombres que buscan esterilizarse y de las mujeres que buscan tratamientos de fertilidad.
Reconocer este fenómeno nos permite afrontar nuestros prejuicios contra las mujeres que eligen no tener hijos voluntariamente y garantizar que accedan al método anticonceptivo que mejor se adapte a sus necesidades.
