Las ciudades obtienen su poder de reunir a personas a gran escala, pero estos encuentros consolidan inevitablemente las desigualdades y las divisiones.
El big data puede poner de manifiesto cómo están divididas las ciudades, al rastrear las formas más sutiles de segregación mediante grandes conjuntos de datos anónimos de actividad de telefonía móvil.
Con un conocimiento detallado de estas divisiones, los gobiernos locales pueden mejorar los servicios sociales y reunir a distintos grupos socioeconómicos.
La ciudad portuaria británica de Bristol, cuyo alcalde es uno de nosotros, se caracteriza por concentraciones increíbles tanto de riqueza como de pobreza.
Algunos barrios ofrecen la mayor calidad de vida del Reino Unido, mientras que otros se cuentan entre los más pobres del país. En una zona, Clifton, casi todos los jóvenes acceden a la educación superior; en Hartcliffe, en el sur, lo hacen menos de uno de cada 12.
Personas de todo el país acuden a Bristol para trabajar en una economía próspera, pero la ciudad ha sido señalada como una de las peores del Reino Unido en cuanto a desigualdad racial en educación y empleo.
Cuando el gobierno local busca mejorar Bristol, no trabaja a nivel de una única ciudad, sino en un complejo mosaico de pobreza y prosperidad. Simplemente seguir el rastro de este paisaje en constante cambio es un enorme desafío, uno que la actual revolución del big data promete abordar.
¿Cómo apoya el Foro Económico Mundial el desarrollo de las ciudades y comunidades a nivel mundial?
El Centro para la Transformación Urbana conecta a líderes urbanos, empresas y gobiernos para comprender los desafíos y oportunidades que configuran los futuros urbanos.
Mediante el aprendizaje entre pares y la colaboración, el Centro permite a las ciudades intercambiar conocimientos y traducir la comprensión compartida en soluciones urbanas prácticas y resilientes.
Desde su aparición hace unos 10 000 años, las ciudades han estado sometidas a dos fuerzas fundamentales: la aglomeración y la segregación. Obtienen su poder de reunir a personas a gran escala, pero estos encuentros consolidan inevitablemente las desigualdades y las divisiones.
Grupos enteros acaban al margen, sin poder participar plenamente en la vida económica, social y cívica de la ciudad. Para quienes defienden una ciudad más inclusiva, uno de los grandes desafíos es combatir la segregación en todas sus formas. Pero para reunir eficazmente a una ciudad, debemos disponer de un mapa preciso de las líneas de fractura que separan a sus residentes.
Algunas formas de segregación son evidentes a simple vista: algunas calles tienen deportivos y otras, aceras agrietadas. Pero las disparidades visibles entre barrios son solo un eslabón de una larga cadena de diferencias sociales.
Estamos segregados en los lugares que visitamos, en el trabajo que hacemos y en las personas que vemos. Estas líneas de fractura más sutiles son difíciles de rastrear, pero tienen enormes implicaciones para los responsables de las políticas. ¿Cómo se pueden distribuir los servicios urbanos si los principales beneficiarios nunca acuden a determinados lugares? ¿Cómo podemos formar comunidades unidas si amplios sectores de la población nunca se encuentran entre sí?
El big data puede ayudar a que las ciudades sean más inclusivas
Aquí es donde el big data puede ser revolucionario. Una investigación del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha logrado rastrear las formas más sutiles de segregación mediante grandes conjuntos de datos anónimos de actividad de telefonía móvil.
En una serie de análisis realizados en distintas ciudades, se midió con qué frecuencia personas de distintos orígenes se cruzan en la calle o hablan entre sí por teléfono. Estos hallazgos nos permiten definir los límites difusos de lo que, junto con el sociólogo Richard Sennett, hemos empezado a denominar «guetos liminales».
El término gueto liminal se utiliza en contraste con los guetos más rígidos y oficiales de la historia, como los barrios judíos de la Europa medieval y los centros urbanos delimitados por la práctica del redlining en los Estados Unidos de la posguerra, y se necesitan ojos nuevos, aumentados por la tecnología, para verlos.
¿Qué significa vivir en un gueto liminal? En Estocolmo (Suecia), descubrimos que las personas no solo viven en zonas segregadas, sino que también es más probable que visiten barrios con el mismo perfil socioeconómico que el suyo.
En Singapur, descubrimos que un "club de ricos" estratificado es el grupo más segregado en cuanto a llamadas telefónicas: es más probable que sus miembros solo se llamen entre sí que cualquier otro grupo. Los guetos liminales no solo dividen a los grupos sociales, sino que también atrapan a las personas en rincones de soledad.
En la ciudad portuguesa de Oporto, descubrimos que la pandemia de COVID-19 provocó una caída del 35 % en la diversidad general de las interacciones sociales, con el daño más pronunciado y duradero en los vínculos sociales de las mujeres y de las personas mayores.
Los guetos liminales no son un descubrimiento nuevo: siempre han sido evidentes para quienes viven en ellos. Cuando uno de nosotros creció en el Bristol de los años ochenta, como niño de raza mixta de un hogar de bajos ingresos, sabía que había lugares a los que no debía ir. Algunos eran seguros y acogedores para personas de su color de piel; otros eran sutil o abiertamente hostiles.
Estas fracturas se agravaban por el transporte público deficiente y caro, las desigualdades en la propiedad de la vivienda y la escolarización separada. Aunque ninguno de los conocimientos que se pueden obtener mediante el big data resulta sorprendente en sí mismo, la capacidad de cuantificarlos con precisión podría ser revolucionaria.
Los datos detallados son clave para orientar los servicios sociales
Con un conocimiento detallado de cómo están divididas nuestras ciudades, los gobiernos pueden mejorar la orientación de los servicios sociales y de los nuevos desarrollos. Podemos atravesar los muros de los guetos liminales y llegar a grupos que, de otro modo, quedarían aislados.
Nuestra investigación sobre los guetos liminales también puede poner de relieve sus puntos débiles: lugares que tienden a reunir a las personas a pesar de las fuerzas que las dividen.
Un estudio en la ciudad de Nueva York descubrió que, cuando los parques se cierran por obras, disminuyen los encuentros entre residentes negros y blancos. El estudio muestra que ciertos tipos de espacios son integradores, capaces de reunir a personas. Una forma sencilla de hacer una ciudad mejor podría ser construir más de ellos, como es actualmente el objetivo en Bristol.
¿Qué significa tender puentes sobre los guetos liminales en la práctica? Implica crear espacios integrados que sean a la vez accesibles y atractivos: lugares a los que personas de todos los ámbitos de la vida quieran acudir y en los que se sientan bienvenidas. Los parques, las plazas y las escuelas encajan en esta categoría. Pero también puede ocurrir en lugares inesperados.
El pasado invierno en Bristol, el aumento de los precios de la energía y el descenso de las temperaturas amenazaban el bienestar físico y financiero de los residentes más vulnerables. Para combatir la crisis, abrimos más de 100 espacios cálidos y gratuitos en toda la ciudad.
Sabíamos que estas salas debían ser cálidas y acogedoras; de lo contrario, serían segregadoras y estigmatizantes. Con este fin, denominamos la iniciativa Espacios de Acogida y nos centramos en convertir cada uno en un centro de servicios sociales y comunitarios.
Cuando llegó el invierno, estas salas, ubicadas en iglesias, mezquitas y centros comunitarios, no solo protegieron a las personas del frío, sino que también suavizaron los bordes helados de los guetos liminales de nuestra ciudad.
En una encuesta, el 93 % de los usuarios de los Espacios de Acogida afirmó que el mayor impacto del programa no fue mantenerlos abrigados, sino ofrecer un lugar para socializar. Este hallazgo subraya hasta qué punto nuestras ciudades se han dividido —las comunidades y los individuos han quedado aislados unos de otros—, pero también cuánto anhelamos reconectar.
El poder del big data para promover la cohesión social
En conjunto, nuestros estudios en el MIT y nuestra experiencia en Bristol demuestran el poder de un enfoque basado en datos y liderado a nivel local para promover la inclusión.
El big data puede ofrecernos cuantificaciones sin precedentes de los problemas a los que nos enfrentamos, pero el poder de decisión debe estar en las manos adecuadas. Los gobiernos nacionales suelen disponer de los recursos para liderar grandes programas urbanos, pero solo los gobiernos locales poseen un conocimiento íntimo de su entorno.
Al combinar el big data con los «datos ricos» —las historias individuales matizadas que componen el tejido de una ciudad—, podemos fusionar la sabiduría local con las herramientas técnicas.
Las ciudades siempre han estado atrapadas entre la segregación y la aglomeración, pero en este preciso momento podemos inclinar la balanza a favor de la segunda. Si somos capaces de comprender realmente cómo los ciudadanos urbanos son apartados, tenemos la oportunidad de volver a unirlos.
Carlo Ratti es copresidente y Marvin Rees es miembro del Consejo Global de Ciudades del Futuro del Foro Económico Mundial.
