Bebés de vacaciones, embarazos después de obtener la titularidad y niños de «mayo». Estas son algunas de las etiquetas que se atribuyen a las mujeres del ámbito académico que planean tener hijos. Muchas académicas comparten la carga de tener que programar la maternidad: para sobrevivir y avanzar en la carrera docente, tienden a dar a luz durante las vacaciones (que en muchas universidades empiezan en mayo) o aplazan la maternidad hasta el final del período de prueba, una vez que han obtenido la titularidad.
Sin embargo, algunas instituciones ofrecen prestaciones de maternidad más generosas. La comparación de las prestaciones de distintas instituciones deja claro que cuanto mejor es el paquete, mejores son las perspectivas profesionales de las académicas. Esto, a su vez, contribuye a reducir la brecha salarial entre hombres y mujeres del ámbito académico.
En cambio, una remuneración insuficiente durante la maternidad conduce a una menor representación de las mujeres en los puestos académicos superiores, salarios más bajos, peores resultados de investigación y menos ascensos, así como a tasas de fecundidad más bajas y mayores tasas de disolución familiar.
Desglose de los datos
En un estudio reciente que analizó 160 instituciones de educación superior del Reino Unido, mi colega Mariaelisa Epifanio y yo descubrimos que la remuneración contractual por maternidad varía mucho. Varias universidades (15) solo ofrecen la prestación legal por maternidad: el 90 % del salario neto durante seis semanas, más 33 semanas a una tarifa fija de unas 140 £ semanales. Más universidades (38) ofrecen ocho semanas de salario completo, además de la prestación legal. Y solo siete universidades conceden 26 semanas de salario completo.
La diferencia en el efecto de estas políticas es significativa. En promedio, las universidades con un paquete de remuneración ocupacional por maternidad muy generoso duplican el número de profesoras en comparación con las instituciones que ofrecen prestaciones de maternidad mínimas (aunque el efecto es mucho más marcado en las instituciones con gran intensidad investigadora que en las dedicadas principalmente a la docencia).
Una remuneración más generosa permite a las madres jóvenes tomarse suficiente tiempo libre de tareas ajenas a la investigación, como la docencia y las labores administrativas, y les permite mantenerse al día y realizar investigaciones en su campo. Esto, a su vez, ayuda a evitar una brecha en la productividad investigadora cuando regresan de la licencia de maternidad.
La productividad investigadora es uno de los principales factores que contribuyen a los ascensos y al salario. Además, unas prestaciones de maternidad generosas suelen ser un buen indicador de un entorno generalmente más favorable.
Las universidades con mayor intensidad investigadora eran las que ofrecían una remuneración por maternidad más generosa. Probablemente se deba a que examinan con mucho detenimiento a los candidatos académicos durante la contratación e invierten muchos recursos en su personal académico. Una vez que han invertido en académicas altamente productivas, tienen fuertes incentivos para no perderlas cuando se convierten en madres, ofreciéndoles paquetes de maternidad más generosos.
Además, 74 universidades ofrecen servicios de guardería en sus instalaciones. Esto eleva hasta en un tercio la proporción de profesoras. En cuanto a los salarios, los resultados apuntan a patrones similares, aunque más débiles. Unas prestaciones de licencia de maternidad más generosas se traducen en una mayor proporción de académicas con ingresos en el tramo salarial más alto.
Cómo reparar la tubería con fugas
La cuestión de si unas prestaciones de maternidad más generosas influyen en las trayectorias profesionales de las académicas parece sumamente importante y tiene serias implicaciones para las políticas públicas. Al igual que otras profesiones, el mundo académico tiene un problema de tubería con fugas: al comienzo de la carrera, la proporción de hombres y mujeres es bastante equilibrada, pero muy pocas mujeres llegan hasta el final. Solo el 20 % de los profesores son mujeres.
La experiencia de los hombres que tienen hijos en el ámbito académico es muy distinta. Por lo general, la familia y los hijos no tienen ningún impacto o incluso tienen un efecto positivo en los patrones de desempeño de los hombres en los distintos niveles académicos. Así pues, la maternidad y los logros profesionales parecen ser objetivos incompatibles en un entorno que suele elogiarse por su flexibilidad horaria y por ser favorable a la vida familiar.
Los programas generosos de maternidad suponen un coste para los presupuestos universitarios. Pero si la comunidad académica y, más ampliamente, la sociedad quieren generar igualdad de oportunidades que vaya más allá de las apariencias y permitir que las mujeres con talento permanezcan en el mercado laboral, debemos preguntarnos cómo crear un entorno que lo haga posible.
Nuestra investigación no necesariamente respalda la idea de licencias de maternidad infinitamente largas. Pero concuerda con los resultados anteriores sobre el equilibrio entre la duración y la generosidad. Nuestros hallazgos sugieren que unas prestaciones de maternidad más generosas, junto con servicios de cuidado infantil proporcionados por las instituciones, podrían ayudar a reparar la tubería con fugas.
La educación superior también ofrece algunas enseñanzas para la economía en general. El Reino Unido sufre una brecha de productividad en comparación con otras economías muy desarrolladas, y ocupa una posición muy desfavorable tanto en cuanto a la generosidad de la prestación legal por maternidad como al gasto público en prestaciones de permisos parentales, frente a otros países de la UE y países desarrollados.
Sin duda, hay margen de mejora. Unas políticas de permisos parentales más generosas podrían ayudar a reducir la brecha de productividad y, así, amortizar su coste a largo plazo.
