Bangladés transformó su economía, que dependía del yute y de la agricultura de subsistencia, para convertirse en una potencia industrial mundial en textiles y confección, reduciendo a la mitad la pobreza y aumentando significativamente el producto interior bruto.
Las políticas orientadas al mercado, la privatización, la liberalización del comercio y las inversiones extranjeras estratégicas fueron claves para impulsar las exportaciones de prendas de vestir y el crecimiento industrial de Bangladés.
A medida que Bangladés busca diversificar su economía y ascender en la cadena de valor, África surge como la próxima frontera para la industria de la confección, que se beneficia de oportunidades de crecimiento similares y del apoyo internacional a una industrialización sostenible e inclusiva.
La economía de Bangladés estaba en ruinas a comienzos de los años setenta. Acababa de conquistar su independencia de Pakistán en una guerra de nueve meses. Surgió como un país muy pobre y densamente poblado, en gran medida dependiente de la producción de yute y de la agricultura de subsistencia, pero con dificultades para alimentar a su población. En 1974 sufrió una devastadora hambruna. Un economista del Banco Mundial que visitó la parte occidental del país por aquella época la describió como "“como la mañana después de un ataque nuclear.”
Luego, menos de una década después, una campaña gubernamental para atraer inversión extranjera dio resultados y Bangladés emprendió un camino que lo transformaría de una economía agrícola en una potencia industrial. La fabricación textil y de confección desencadenó lo que solo puede describirse como una milagrosa recuperación económica y social, que hoy los países en desarrollo intentan emular.
La transición de Bangladés hacia políticas orientadas al mercado, que incluyó la privatización de industrias y la liberalización del comercio, provocó un auge de las exportaciones de prendas. La ropa confeccionada se convirtió en el motor del crecimiento, y las camisetas de algodón, los pantalones, los jerséis y el denim se convirtieron en su punto fuerte. En los últimos 10 años, Bangladés ha hecho crecer su economía hasta situarla como la 35.ª más grande del mundo, ha reducido a la mitad su tasa de pobreza y ha dado empleo a millones de sus ciudadanos. En la década anterior a la pandemia de COVID-19, la economía creció a un ritmo vertiginoso del 7 % anual y el producto interior bruto (PIB) per cápita se elevó a unos 2500 dólares, superando incluso al de la vecina India.
La siguiente fase de la industria de la confección
Ese historial es la envidia de las economías africanas emergentes de hoy. No existe una receta “única para todos” para industrializarse, pero los países con grandes fuerzas de trabajo de bajo coste, abundantes recursos renovables y acuerdos comerciales preferenciales tienen gran parte de lo necesario para construir la próxima generación de potencias textiles y de confección. Y, a diferencia de Bangladés, África tiene la ventaja añadida del algodón de producción local. Para ponerlo en perspectiva, en 2022 Bangladés fabricó el 20 % de las camisetas de algodón exportadas del mundo –con un valor de 9000 millones de dólares–, aunque cultivó menos de el 2 % del algodón que luego llevó la etiqueta “hecho en Bangladés”.
Es quizá una feliz coincidencia que el interés de África por ampliar su industria de la confección coincida con la ambición de Bangladés de diversificarse y dejar atrás su dependencia de un solo sector. En última instancia, Bangladés aspira a convertirse en un país de ingresos altos en 2041. Por ahora, sin embargo, el 84 % de los ingresos por exportaciones de Bangladés procede solo de la confección. Eso se debe a una política de industrialización notablemente exitosa que incluyó, por ejemplo, la importación libre de aranceles de maquinaria en zonas de exportación y la negociación de acuerdos comerciales preferenciales con Estados Unidos y Europa. La estrategia, por la que Bangladés es reconocido, dio lugar a la creación de un sofisticado sector de la confección que emplea a cuatro millones de personas en más de 3500 fábricas y exporta bienes por valor de 43 000 millones de dólares a 167 países.
Cortar, coser y ensamblar prendas es duro y tedioso, y los modelos de crecimiento impulsados por las exportaciones que dependen de la mano de obra barata no duran para siempre. En muchos aspectos, ha llegado el momento de que Bangladés ceda la antorcha de la confección de prêt-à-porter, como han hecho muchos países en el pasado, y ascienda en la cadena de valor hacia líneas de prendas más complejas e industrias sofisticadas que puedan generar mayor riqueza y oportunidades. La inclusión ha estado en el centro del éxito de Bangladés y está incorporada en su próxima fase de planificación. La industria de la confección está dominada por una fuerza laboral en gran medida femenina, que se ha beneficiado del crecimiento de la economía mucho más allá de la planta de producción.
En los últimos 10 años, Bangladés ha hecho crecer su economía hasta situarla como la 35.ª más grande del mundo, ha reducido a la mitad su tasa de pobreza y ha dado empleo a millones de sus ciudadanos. En la década anterior a la pandemia de COVID-19, la economía creció a un ritmo vertiginoso del 7 % anual y el producto interior bruto (PIB) per cápita se elevó a unos 2500 dólares, superando incluso al de la vecina India.
Femi Akinrebiyo, gerente global, Inversión en Manufactura y Financiación de Proveedores Comerciales, Corporación Financiera Internacional
Crecimiento sostenible
Lo presencié de primera mano cuando visité Bangladés en octubre de 2023. Programas como Better Work y Gender Equality and Returns, una colaboración entre la Corporación Financiera Internacional (IFC) y la Organización Internacional del Trabajo, han mejorado las condiciones de trabajo en las fábricas, han aumentado la diversidad de género y han creado oportunidades directivas para las mujeres. El impacto social de esta prosperidad compartida es profundo. Tres cuartas partes de las mujeres bangladesíes saben leer y escribir; tienen más probabilidades de recibir educación, obtener un empleo mejor remunerado y tener hijos más sanos que la mayoría de sus vecinas de la región. Con un poco de ayuda de la comunidad internacional, los beneficios sociales y de sostenibilidad del desarrollo se trasladarán al próximo grupo de países manufactureros de prendas.
Es un patrón de desarrollo que ya hemos visto antes. La historia de creación de Bangladés empezó de forma muy similar. En 1978, la empresa bangladesí Desh Garments Ltd y la surcoreana Daewoo firmaron un acuerdo de fabricación conjunta. Las empresas coreanas estaban superando la industria textil y de la confección. Reconocieron que la fuerza laboral más barata de Bangladés podía ayudarlas a ampliar su alcance internacional con marcas de ropa asequibles, mientras se concentraban en expandirse hacia industrias más diversas, complejas y de mayor valor. El acuerdo fue ganar-ganar. El PIB de Bangladés pasó de 18 000 millones de dólares en 1980 a 460 000 millones de dólares en 2022 y hoy se cuenta entre los exportadores de textiles y prendas más importantes del mundo.
Ahora, la IFC está ayudando a acelerar lo que podría ser la próxima gran transformación industrial. Esta evolución mira hacia el sur, hacia África, donde las circunstancias son propicias para una industrialización sostenible e inclusiva. Programas como la Ley de Crecimiento y Oportunidades para África (AGOA) ya ofrecen acceso libre de aranceles a los mercados estadounidenses a empresas de Kenia, Egipto, Ghana, Etiopía, Madagascar y otros países, y se han incorporado a la cadena de suministro de Tommy Hilfiger, Uniqlo, Children’s Place, Calvin Klein y Walmart. En Marruecos, que está a un corto salto de Europa, las empresas fabrican para marcas como Zara con destino al mercado europeo.
Para apoyar esta histórica transición de la cadena de suministro, la IFC patrocinó en junio de 2023 una gira que llevó a fabricantes africanos a Bangladés y Sri Lanka para explorar oportunidades de alianzas de fabricación interregionales. Ya se han cerrado algunos acuerdos. Creo que África está preparada para muchas más inversiones que puedan impulsar un desarrollo económico sostenible, resiliente y rentable, y quizá inaugurar una nueva era de economías tigre en el Sur Global.