La igualdad de género en las industrias creativas ha quedado al descubierto gracias al big data

An illustration picture shows a projection of text on the face of a woman in Berlin, June 12, 2013. The European Union's chief justice official has written to the U.S. attorney general demanding an explanation for the collection of foreign nationals' data following disclosures about the "PRISM" spy programme. REUTERS/Pawel Kopczynski (GERMANY - Tags: SOCIETY POLITICS) - BM2E96C1BH701
Big data analysis has revealed some alarming gender equality statistics.Image: REUTERS/Pawel Kopczynski
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El término “big data” puede evocar grandes cantidades de información privada en poder de las empresas tecnológicas. Sin embargo, gran parte del big data es, de hecho, visible para todos; simplemente quizá no lo consideremos “datos”.

Si ha ido al cine recientemente, habrá visto un conjunto de datos de créditos, en el que se enumeran los miembros del reparto y del equipo técnico junto con sus funciones. Aunque los créditos de una sola película quizá no resulten muy útiles, los de todas las películas pueden formar un gran conjunto de datos. En Nesta y el PEC (un nuevo centro de políticas y evidencias para las industrias creativas), hemos explorado de qué manera estos tipos de grandes conjuntos de datos no confidenciales pueden arrojar nueva luz sobre la representación de género en las industrias creativas.

La representación de género se ha medido tradicionalmente mediante encuestas a trabajadores. Pero la mayoría de las encuestas no llevan mucho tiempo en marcha, y pueden transcurrir varios años (tras poner en marcha una nueva encuesta) antes de que podamos saber cómo evoluciona la composición por sexos. Además, las encuestas a menudo no van más allá del recuento de mujeres y hombres, por lo que no pueden arrojar luz sobre el peso de cada grupo en el proceso creativo ni sobre cómo se los retrataba en una determinada forma artística.

Profundizando

Recientemente analizamos la cobertura mediática de las mujeres en las industrias creativas utilizando más de medio millón de artículos publicados en el diario The Guardian entre 2000 y 2018, procedentes de las secciones del periódico relacionadas con las industrias creativas (como Libros, Cine, Moda y Juegos).

En los últimos cinco años se ha producido un gran aumento de las referencias a mujeres. Entre 2000 y 2013, menos de un tercio de los pronombres de género dentro de los artículos (por ejemplo, “él” y “ella”) se referían a mujeres. Pero esta tendencia empezó a cambiar en 2014, y en 2018 el porcentaje de pronombres de género femeninos había alcanzado el 40 %. En cambio, la composición por sexos de los trabajadores de las industrias creativas del Reino Unido se ha mantenido estable en los últimos años, y se sitúa en torno al 37 %.

También estudiamos las palabras que seguían a los pronombres “él” y “ella”, para comprender mejor la representación de los trabajadores creativos en los medios. Esto nos llevó a descubrir que, en comparación con los hombres, se prestaba más atención a determinados sonidos emitidos por mujeres, como “ríe”, “llora”, “risita” y “arrullos”, así como a reacciones no verbales, como “sonríe”, “sonríe de oreja a oreja” y “asiente”. Estas palabras nunca se usaban con frecuencia, pero cuando aparecían era más probable que se refirieran a mujeres que a hombres (en comparación con otras palabras).

En cambio, las palabras relacionadas con logros creativos del pasado y actividades de liderazgo se referían con más frecuencia a hombres. Por ejemplo, es mucho más probable encontrar “él dirigió” que “ella dirigió”, y de forma similar “él actuó”, “él diseñó”, “él gestionó” y “él fundó”. Este hallazgo es coherente con los desequilibrios de género de larga data en las industrias creativas.

El big data de The Guardian ofrece una valiosa perspectiva sobre la igualdad de género en los medios de comunicación. Image: Shutterstock

En otro estudio, utilizamos un conjunto de datos del British Film Institute (BFI), que contenía los créditos de todas las películas de largometraje del Reino Unido estrenadas en cines.

Tras inferir el género de las personas a partir de sus nombres de pila, comprobamos que la composición por sexos en pantalla no ha cambiado de forma significativa desde el final de la Segunda Guerra Mundial; y en 2017 las mujeres aún representaban solo alrededor del 30 % de los miembros del reparto y el 34 % de los del equipo técnico.

Este conjunto de datos también mostró diferencias de género en los papeles de los personajes en pantalla. Desde 2005, por ejemplo, solo el 16 % de los “médicos” en pantalla (en papeles sin nombre) han sido interpretados por mujeres, lo que contrasta con el hecho de que las mujeres representan el 46 % de los médicos del Reino Unido.

Equidad creativa

No somos ni mucho menos los únicos investigadores que muestran el potencial de las fuentes de big data no confidenciales para aportar métricas de género en las industrias creativas. Investigadores de Google, en colaboración con el Geena Davis Institute, utilizaron tecnología de reconocimiento facial y de voz para demostrar que, en las 100 películas de acción real con mayor recaudación de Estados Unidos, en cada año comprendido entre 2014 y 2016, las mujeres ocuparon solo el 36 % del tiempo en pantalla y el 35 % del tiempo de diálogo.

Aunque los estudios de big data pueden enriquecer las medidas de diversidad, existen dos fuentes importantes de posible sesgo. En primer lugar, casi siempre inferimos el género a partir de un rostro, un nombre de pila o un único pronombre, por lo que podemos equivocarnos en el género de una persona. En segundo lugar, estos métodos de inferencia normalmente solo detectan “masculino” y “femenino”, con lo que excluyen o clasifican erróneamente a cualquier persona que se identifique con un género no binario. Por estas razones, los métodos de big data no sustituyen a las encuestas, ya que estas permiten a las personas autoidentificarse y optar por no participar en absoluto.

Aun teniendo en cuenta estos posibles sesgos, todavía existen muchas fuentes de big data que podrían arrojar nueva luz sobre los desequilibrios de género, si se pusieran a disposición de los investigadores. Por ejemplo, el acceso a los fotogramas y subtítulos de películas y programas de televisión podría utilizarse para evaluar los programas de diversidad, mientras que el acceso al contenido de más periódicos permitiría realizar un estudio más amplio sobre la cobertura mediática de los trabajadores creativos.

Para materializar el potencial de estos nuevos métodos, debemos animar y apoyar a las organizaciones creativas a compartir de forma segura sus datos no confidenciales. Esperamos que esto permita a los investigadores ser un poco más creativos a la hora de medir la igualdad de género en las industrias creativas del Reino Unido.

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