Muchas mujeres de todo el mundo están excluidas de la fuerza laboral.
Aumentar la incorporación de las mujeres al trabajo en países con mayor desigualdad de género podría incrementar la producción económica en un promedio del 35 %.
Estas son 4 medidas que pueden adoptar quienes diseñan políticas para aumentar la participación de las mujeres en la fuerza laboral.
Aprovechar los beneficios de la equidad económica para las mujeres.
Demasiadas mujeres están excluidas de las oportunidades económicas, lo que no solo es injusto, sino que también perjudica el crecimiento y la resiliencia de todas las personas. Sabemos que en los países con mayor desigualdad de género, cerrar simplemente la brecha en la participación de las mujeres en la fuerza laboral podría incrementar la producción económica en un promedio del 35 %. Sin embargo, los avances son lentos y las crisis, como las catástrofes sanitarias y climáticas, los disturbios sociales y la guerra, siguen agravando la desigualdad de género al afectar directamente la vida y los medios de subsistencia de las mujeres o al mantenerlas fuera de la escuela y del trabajo.
Las políticas económicas y financieras adecuadas pueden ayudar a cambiar estos resultados negativos y mejorar las economías al respaldar la recuperación y fortalecer la resiliencia frente a futuras crisis. En otras palabras, un beneficio para las mujeres es un beneficio para todas las personas. Por ejemplo, aunque la pandemia hizo retroceder a las mujeres en todas partes, también impulsó innovaciones en las políticas. Varios programas extraordinarios de asistencia durante la pandemia estuvieron dirigidos a las mujeres y ampliaron el acceso de más personas a las redes de protección social. Esto facilita brindar asistencia específica para hacer frente a las actuales alzas de los precios de los alimentos y los combustibles.
Quienes formulan políticas disponen de soluciones de eficacia comprobada para adoptar medidas macroeconómicas con perspectiva de género.
En primer lugar, aumentar la inversión en el capital humano de las mujeres. Los beneficios de garantizar a las mujeres el mismo acceso a los alimentos, la atención de salud y la educación son especialmente importantes en las economías emergentes y en desarrollo. Pensemos en las transferencias de efectivo que ayudan a las familias a cubrir sus necesidades básicas en países con redes de protección social menos desarrolladas.
Brasil puso en marcha el programa de transferencias de efectivo Ayuda de Emergencia al principio de la pandemia, que otorgó el doble de beneficios a los hogares encabezados por mujeres. Las estimaciones del personal del FMI muestran que, sin la Ayuda de Emergencia, la tasa de pobreza entre esos hogares habría aumentado del 11 % a más del 30 %; en cambio, bajó a alrededor del 8 %. Además, Egipto amplió recientemente la asistencia en efectivo para las madres solteras de bajos ingresos, ayudándolas a mantener a sus hijos sanos y escolarizados. En Togo, la tecnología móvil ayudó a agilizar la asistencia financiera de emergencia durante la pandemia, beneficiando especialmente a las mujeres.
La segunda solución comprobada consiste en facilitar que las mujeres trabajen fuera del hogar o pongan en marcha sus propios negocios.Las reformas tributarias, del gasto público, de la infraestructura financiera y de las regulaciones, así como de los mercados laborales, pueden ayudar. Facilitar el acceso a servicios de cuidado infantil asequibles y de calidad permite que más mujeres trabajen y, además, crea empleos directamente.
En Noruega, la ampliación del cuidado infantil universal aumentó en 32 puntos porcentuales la probabilidad de que las madres tuvieran empleo. En las economías emergentes y en desarrollo, el acceso a teléfonos móviles e internet abre las puertas a las oportunidades económicas. Por ejemplo, una investigación del FMI muestra que las finanzas tradicionales y digitales están ayudando a cerrar la brecha de género en el acceso a los servicios financieros, incluidos los microcréditos, lo que se traduce en una menor desigualdad de ingresos y un mayor crecimiento.
Una tercera área que abordar son los sesgos. De los 190 países encuestados, el Banco Mundial determinó que las mujeres gozaban de igualdad jurídica con los hombres en solo 12 países. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, la discriminación de género en las instituciones sociales le cuesta a la economía mundial 6 billones de dólares según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. Sin embargo, en los últimos años, los países han reducido estos costos mediante medidas sociales y legales, como limitar el matrimonio infantil, tipificar como delito la violencia doméstica y aumentar el número de mujeres elegidas para cargos públicos.
En cuarto lugar, también es fundamental aumentar la representación de las mujeres en puestos de liderazgo. El análisis del FMI muestra que una mayor presencia de mujeres en las instituciones financieras y en la formulación de políticas financieras va de la mano de una mayor resiliencia financiera. Además, en las empresas de tecnología financiera y en el sector empresarial, un mayor número de mujeres en puestos de liderazgo está asociado, respectivamente, con un mejor desempeño y una mayor rentabilidad.
La estrategia de género del FMI
El FMI lleva varios años apoyando a sus miembros en la aplicación y mejora de políticas de género. Recientemente, nuestro Directorio Ejecutivo aprobó la primera Estrategia integral del FMI para incorporar la perspectiva de género con el fin de ayudar a nuestros miembros a adaptar las políticas en favor de la igualdad de género a sus circunstancias particulares.
La estrategia reconoce que las políticas macroeconómicas y financieras afectan de manera diferente a las mujeres y los hombres, a menudo sin intención. Ayudamos a quienes formulan políticas a identificar y corregir estos sesgos aplicando una perspectiva de género a nuestras principales actividades: desde la supervisión periódica de las políticas de los países hasta el diseño y la ejecución de programas y nuestro apoyo al desarrollo de capacidades.
Hemos apoyado el aumento del gasto destinado a las mujeres en los países donde tenemos programas. Por ejemplo, Egipto amplió la disponibilidad de educación preescolar y mejoró la seguridad del transporte público en el marco de un programa respaldado por el FMI, ayudando a las mujeres a llegar a sus empleos. Además, Santo Tomé y Príncipe, con el apoyo de un programa del FMI, puso en marcha una iniciativa de presupuestación con perspectiva de género: el uso de políticas e instituciones fiscales para promover la igualdad de las mujeres en los programas gubernamentales. También cuantificamos los beneficios en productividad de lograr que más niñas accedan a la educación secundaria en Senegal y otros países.
En virtud de la nueva estrategia, el Fondo trabajará en los próximos años con sus 190 miembros y socios externos para ampliar el alcance de sus recomendaciones de política y aumentar el rigor de sus análisis, a fin de ayudar a más países a adaptar y aplicar políticas que promuevan la igualdad de género.
Con el tiempo, las políticas macroeconómicas y financieras con perspectiva de género impulsarán un mayor crecimiento, más estabilidad y resiliencia económicas y una menor desigualdad de ingresos: un beneficio para todas las personas, no solo para las mujeres.
