Cuando se habla de los estudiantes universitarios de primera generación, a menudo se hace hincapié en las desventajas que tienen frente a sus compañeros cuyos padres fueron a la universidad.
La investigación que realizamos recientemente muestra que los estudiantes universitarios de primera generación sufren otra forma de desventaja que perdura mucho después de graduarse: cuánto ganan.
Somos sociólogos y nos centramos en temas de progresión profesional e desigualdad de clase.
A partir de datos del estudio federal Estudio longitudinal Baccalaureate and Beyond sobre los graduados de 1992-93, descubrimos que, diez años después de graduarse, los estudiantes universitarios de primera generación ganan sustancialmente menos que los graduados universitarios cuyos padres fueron a la universidad. Estos son los datos más recientes disponibles que hacen un seguimiento de los jóvenes durante los diez años posteriores a su graduación, un periodo en el que los ingresos de los adultos jóvenes suelen volverse más estables.
Brechas salariales considerables
Nuestra investigación reveló que los hombres y las mujeres de primera generación llegan a ganar, respectivamente, un 11 % y un 9 % menos al año —o 7500 dólares estadounidenses en el caso de los hombres y 4350 dólares en el de las mujeres— que sus compañeros cuyos padres también se graduaron de la universidad.
Incluso cuando comparamos a estudiantes con las mismas características y experiencias —como el contexto sociodemográfico, tener hijos o no, el tipo de institución a la que asistieron, la especialidad y el promedio de calificaciones—, los hombres y las mujeres de primera generación siguen ganando, respectivamente, un 6 % y un 3 % menos que los graduados universitarios cuyos padres fueron a la universidad. Esta segunda comparación descarta la posibilidad de que las diferencias observadas en la primera comparación se deban a diferencias en los atributos individuales de los dos grupos.
Las brechas salariales varían entre universidades y especialidades. Las universidades con un nivel moderado de selectividad muestran la mayor ventaja salarial para los graduados cuyos padres fueron a la universidad. Las instituciones más elitistas y menos selectivas registran brechas menores.
En las especialidades más vinculadas a criterios subjetivos, como las artes y las humanidades, observamos una brecha salarial de hasta el 17 % entre los hombres. En otras palabras, los hombres de primera generación que estudian artes y humanidades ganan menos que sus compañeros que estudian lo mismo y cuyos padres fueron a la universidad. Sin embargo, entre los hombres que estudian ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), carreras profesionales o educación, la brecha se sitúa entre el 3 % y el 4 % y no es significativa.
Entonces, ¿qué explica las diferencias salariales entre los graduados universitarios de primera generación y aquellos cuyos padres fueron a la universidad? Principalmente, factores del mercado laboral. Los graduados de primera generación consiguieron con mayor frecuencia empleos en los sectores público y sin fines de lucro, que suelen pagar menos que los empleos del sector privado con fines de lucro. También tenían menos probabilidades de trabajar en zonas urbanas, donde los salarios son más altos.
También resulta interesante saber qué no contribuirá mucho a reducir la brecha salarial entre los graduados universitarios de primera generación y sus compañeros cuyos padres fueron a la universidad: lograr que los estudiantes de primera generación asistan a universidades más elitistas. Nuestra investigación muestra que asistir a una universidad de élite solo reduciría la brecha salarial entre los graduados universitarios de primera generación y sus compañeros en el caso de los hombres, y aun así, solo alrededor de un 8 %, o 600 dólares al año.
Nuestros hallazgos sugieren que los esfuerzos bienintencionados por impulsar a los estudiantes de primera generación a asistir a las universidades más prestigiosas o elegir especialidades mejor remuneradas quizá no contribuyan mucho a cambiar la brecha salarial que descubrimos. Los estudiantes de primera generación ya están bien representados en varias especialidades con salarios altos, como administración de empresas y salud, por lo que cambiar la especialidad que eligen no revertiría la brecha salarial.
Tampoco encontramos muchas pruebas de discriminación por parte de los empleadores después de la contratación. En otras palabras, los graduados universitarios de primera generación con las mismas características que sus compañeros reciben el mismo sueldo cuando ocupan los mismos puestos.
Ocupar empleos distintos
El problema es que los estudiantes universitarios de primera generación no consiguen el mismo tipo de empleos que sus compañeros cuyos padres fueron a la universidad.
En comparación con sus compañeros cuyos padres obtuvieron un título universitario, los hombres de primera generación tienen un 4 % menos de probabilidades de trabajar en el sector con fines de lucro y un 3 % más de probabilidades de trabajar en la administración estatal y local. Los hombres de primera generación tienen un 4 % más de probabilidades de ocupar puestos administrativos y un 3 % más de trabajar en empleos manuales. Tienen un 7 % menos de probabilidades de ejercer profesiones STEM.
Esto podría deberse a que los graduados universitarios de primera generación no conocen los mismos tipos de empleos o no tienen las mismas redes de contactos que sus compañeros cuyos padres fueron a la universidad. También podría deberse a la ubicación de los empleos: quizá los graduados de primera generación vivan en zonas distintas, donde hay menos oportunidades laborales o estas son peores. También puede que tengan menos posibilidades de mudarse.
La diferencia en los tipos de empleos que consiguen los graduados de primera generación también podría deberse a la forma en que contratan los empleadores de cada campo. Por ejemplo, investigaciones anteriores han demostrado que los empleadores de élite valoran más los atributos asociados a las élites que los propios de la clase trabajadora. Un ejemplo es incluir la vela en un currículum en lugar del atletismo: los empleadores de élite tienen más probabilidades de contratar a alguien que practica la vela.
Aunque la brecha es pequeña entre los estudiantes de primera generación que tienen los mismos títulos de grado, sectores del mercado laboral, empleos, ubicaciones, horas trabajadas y características demográficas que sus compañeros cuyos padres fueron a la universidad, creemos que merece atención, especialmente para quienes se preocupan por crear una meritocracia. Aunque la meritocracia implica recompensas iguales para las personas que han llegado a las mismas universidades o han conseguido los mismos empleos, no podemos ignorar que la desigualdad por origen social influye en quién logra llegar a esas universidades y conseguir esos empleos desde el principio.
¿Persistirán las brechas salariales?
Una de las limitaciones de nuestra investigación es que estudiamos a estudiantes que se graduaron hace más de 25 años. Actualmente se están recopilando datos sobre cuánto ganan, diez años después de graduarse, quienes terminaron sus estudios en 2008, pero faltan un par de años para que estén disponibles.
Estos datos más recientes serán fundamentales para entender cómo ha cambiado la brecha salarial con el tiempo. Si muestran que la brecha sigue existiendo diez años después para ambos grupos, significará que las universidades, los investigadores y otras personas preocupadas por la equidad para los estudiantes universitarios de primera generación deberán analizar algo más que la experiencia que estos tienen durante sus estudios. Tendrán que estudiar cómo cambiar lo que ocurre después de la universidad: qué tipo de empleos consiguen los estudiantes y cuánto dinero ganan.
