El fútbol ha sido considerado durante mucho tiempo un mundo de hombres en el Reino Unido, pero esto está cambiando. No solo el partido de semifinales de la Copa Mundial Femenina de 2019 atrajo a más de 11,7 millones de espectadores, en 2018 también se creó la primera liga profesional femenina de primer nivel de la historia. Y, por primera vez desde que la Women’s Super League (WSL) se fundó en 2010, las entrenadoras superaron realmente a los hombres en una proporción de dos a uno en la temporada 2019-2020.
Si bien este avance es, sin duda, motivo de celebración, el sector sigue estando dominado por hombres. Incluso en las ligas de fútbol femenino, los hombres siguen ocupando el 91 % de todos los puestos de entrenador en todos los niveles. En la liga semiprofesional, el Arlesey Town tiene como entrenadora principal a Natasha Orchard-Smith, que es actualmente la única entrenadora principal de la liga.
La paridad de género entre los entrenadores de la WSL es un signo alentador del progreso del sector, pero mis colegas y yo aún queríamos saber por qué se sigue apartando a las mujeres de los puestos de entrenador en todos los niveles del fútbol.
El dominio masculino en el fútbol se remonta a 1921, cuando la Football Association (FA) excluyó a las mujeres de su participación en las competiciones organizadas de fútbol, tras haberlas declarado “no aptas” para este deporte.
Esto no siempre fue así: los partidos de fútbol entre equipos femeninos de fábricas durante la Primera Guerra Mundial atraían habitualmente a multitudes de decenas de miles de personas. Pero, tras la entrada en vigor de la prohibición de la FA, la exclusión de las mujeres del fútbol se prolongó durante cinco décadas. Un autor sostuvo que esta exclusión formaba parte del intento deliberado de la FA de confinar a las mujeres a nociones tradicionales de feminidad y de recuperar la imagen masculina del fútbol que se había perdido durante la Primera Guerra Mundial.
Cuando la FA revocó la prohibición en 1971, el fútbol femenino se consideraba inferior al masculino. Las futbolistas sufrieron repetidamente discriminación de género y estereotipos. El presidente de la FIFA llegó incluso a ser acusado de sexismo en 2004, tras instar a las mujeres a usar equipaciones de fútbol más reducidas para aumentar la popularidad del fútbol femenino.
Las barreras a las que se enfrentan las mujeres
Queríamos averiguar qué barreras afrontan las entrenadoras en Inglaterra en el fútbol de base, la cantera y en el fútbol profesional de élite para adultos. Entrevistamos a 12 entrenadoras principales de todos los niveles del fútbol, entre ellas cinco entrenadoras de categorías infantiles recreativas, cuatro entrenadoras de desarrollo de talento y tres entrenadoras de élite. Comprobamos que todas las entrenadoras se encontraban habitualmente con sexismo, sentían que tenían que esforzarse más que los hombres para alcanzar sus objetivos y temían que se las considerara inferiores a ellos.
En todos los niveles del fútbol, las mujeres hablaron de una cultura futbolística dominada por hombres, y todas afirmaron haber sufrido sexismo habitualmente. Por ejemplo, todas las entrenadoras de categoría infantil recreativa indicaron que recibían menos recursos, como equipaciones y acceso a los campos, si entrenaban a un equipo de niñas. Las entrenadoras también tuvieron que luchar para utilizar el nuevo material que se entregaba a los jugadores.
Una mujer de nuestro estudio también recibió la negativa directa de un club profesional, que le dijo que no contrataba a mujeres. Una entrenadora de élite entrevistada afirmó haber sufrido mucho sexismo en el fútbol y añadió que los hombres se sentían inseguros en su presencia e intentaban “afirmar su dominio” mediante “bromas” sexistas durante los entrenamientos o en los banquillos durante los partidos.
Comprobamos que todas las mujeres con las que hablamos habían sufrido estereotipos de género. Una entrenadora principal de un equipo masculino recordó que, en su primera semana, al llegar para dar la charla previa al partido, los jugadores le preguntaron si estaba allí para limpiarles las botas o le dijeron que debía lavar sus equipaciones, lo que le hizo preguntarse si estaba capacitada para ser entrenadora principal.
También comprobamos que las mujeres que entrenaban en todos los niveles tenían que aceptar que deberían luchar con más empeño por todo. Y, si eran designadas, probablemente sería para puestos menos deseables, como entrenar a categorías de edad más jóvenes. Muchas sentían que su progresión profesional estaba limitada por ello, lo que las sometía a una presión adicional para formar a jugadores de alto rendimiento.

Comprobamos que las mujeres se enfrentaban a barreras similares en todos los niveles del fútbol, pero también había desafíos específicos del fútbol de base, de la cantera y del entrenamiento de élite. Por ejemplo, las entrenadoras de base afirmaron sentirse aisladas (por ser, por ejemplo, la única entrenadora de su club) y carecer de confianza.
Sin embargo, las entrenadoras de élite del fútbol de adultos consideraban que la cultura estaba mejorando. Aunque seguían siendo vistas como mujeres “simbólicas”, sentían que sus compañeros varones las aceptaban más. No obstante, estas mujeres no querían que se les viera como una “entrenadora mujer” y temían que los movimientos centrados únicamente en aumentar el número de entrenadoras pudieran presionar a los equipos para contratar mujeres, en lugar de contratar a la mujer más adecuada para el puesto.
Esto contrasta con las entrenadoras de base y de cantera, que querían más apoyo para las mujeres, como oportunidades para conocer a otras entrenadoras, contar con un mentor o asistir a cursos de formación exclusivos para mujeres. Pero las entrenadoras de élite afirmaron que no querían asistir a estos cursos por miedo a ser vistas como ajenas al entorno, a que se pensara que no podían alcanzar el mismo nivel que los hombres o a que se considerara que necesitaban ayuda adicional para lograr los mismos objetivos que sus compañeros varones.
Las investigaciones han demostrado que los cursos de entrenador dominados por hombres pueden resultar intimidantes e incómodos para las mujeres, por lo que actualmente se imparten cursos exclusivos para mujeres en todo el país. Pero, pese a los posibles beneficios de estos cursos, las entrenadoras de élite de nuestro estudio señalaron que suelen considerarse “de menor calidad” en comparación con sus equivalentes mixtos. Como resultado, muchas no querían que se las viera asistiendo a ellos.
Se siguen logrando avances y la FA ha puesto en marcha numerosas iniciativas para aumentar el número de entrenadoras en el ámbito regional y nacional.
También se observa un cambio hacia un enfoque “único para todos” en el apoyo a las entrenadoras, con iniciativas como 21 for 21 que ofrecen a 21 mujeres financiación y apoyo de mentoría antes de la Eurocopa Femenina de la UEFA 2021. Nuestro estudio sugiere que el apoyo debe ser diferente para las mujeres según su etapa profesional actual y el tipo de puesto que ocupen en el fútbol de base, de cantera o de élite. Saber esto puede ayudar a seguir impulsando el progreso de las entrenadoras.
