Aunque no se dispone de datos precisos a escala mundial que respalden las afirmaciones que se hacen actualmente en diversos índices de género y tecnologías de la información y la comunicación (TIC), es importante reconocer la relevancia de la igualdad en el acceso y el uso de internet para la inclusión social y económica en el mundo contemporáneo.
En el centro del llamamiento a favor de la igualdad digital están las afirmaciones de que internet tiene el potencial de acelerar los avances en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la Agenda 2030 de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible. El ODS 5B identifica específicamente el mayor «uso de tecnología habilitadora, en particular las TIC, para promover el empoderamiento de las mujeres»; el ODS 9C se ocupa de promover el acceso universal a las TIC, y el ODS 17.6, de promover la colaboración mundial en ciencia, tecnología e innovación y el acceso a ellas.
Como se explicó en un artículo de blog anterior que destacaba los resultados de la encuesta de AfterAccess de 2017, sin realizar encuestas representativas a escala nacional es imposible obtener datos desglosados por sexo (o cualquier otro desglose, como rural/urbano o por ingresos) a partir de los datos del lado de la oferta en los entornos predominantemente móviles de prepago que caracterizan a los países en desarrollo. Aunque la analítica de datos de plataformas de redes sociales como Facebook o de motores de búsqueda como Google puede predecir con bastante precisión el sexo de una persona usuaria, no permite determinar las razones por las que muchas personas no están conectadas en los países en desarrollo, ni su género, ubicación, nivel educativo o de ingresos. En reconocimiento de las dificultades que presentan los datos del lado de la oferta utilizados para las estadísticas de las TIC en el sistema de las Naciones Unidas, la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), responsable de las normas estadísticas sobre TIC, ofrece capacitación y apoya la realización de encuestas nacionales sobre el acceso y el uso de las TIC.
Dado que los objetivos relativos a las TIC sustentan varios ODS, es importante entender si estos beneficios se distribuyen por igual entre hombres y mujeres. Por tanto, poner fin a la discriminación contra las mujeres y las niñas no es solo una cuestión de derechos humanos, sino que también es fundamental para aprovechar todos los recursos humanos disponibles en favor del crecimiento económico y el desarrollo sostenibles. Es esencial entender qué impulsa la desigualdad digital y qué mujeres y hombres la experimentan, ya que ninguno de estos grupos es homogéneo.
Del mismo modo, es igualmente importante comprender las consecuencias menos positivas de las TIC para las mujeres; por ejemplo, el impacto de la vigilancia o el abuso en línea en sus derechos. Las mujeres que se encuentran en la intersección de otros factores de exclusión, como la clase social, la raza y, en particular, las ubicaciones marginadas, ya sean zonas rurales o barrios marginales urbanos, experimentan una desigualdad digital aún mayor que la que muestran los datos agregados de las mujeres a escala mundial, nacional o local.
Dificultades relacionadas con los datos
Además de estas dificultades metodológicas y analíticas, otros problemas que obstaculizan los esfuerzos por comprender y abordar mejor las desigualdades digitales incluyen: la forma en que se definen los indicadores de género y la pertinencia de los indicadores de TIC con los que se evalúa la desigualdad de género en los mercados móviles del Sur Global, predominantemente de prepago; la pertinencia de los objetivos existentes para abordar las brechas de género en el acceso cuando no hay valores de referencia en los que basarlos; las dificultades prácticas de recopilar datos rigurosos y oportunos; y las relacionadas con la comparabilidad mundial.
Los resultados de la encuesta ayudan a cubrir algunas de las lagunas de información generadas por estas dificultades en el Sur Global. Para ello, se basan en estudios anteriores que intentaron abordar el reto de recopilar datos precisos, incluidos datos desglosados por género, con el fin de fundamentar intervenciones de políticas en economías en desarrollo y emergentes.
Los resultados de una encuesta sobre el acceso y el uso de las TIC realizada por DIRSI, LIRNEasia y RIA en 16 países del Sur Global durante 2017 (con la excepción de Myanmar, donde se llevó a cabo en 2016) contribuyen a abordar algunos de los problemas señalados anteriormente. Como estas encuestas son representativas a escala nacional y encuestan tanto a las personas conectadas como a las que no lo están, los datos pueden desglosarse por sexo para ofrecer una imagen precisa de las diferencias de género en el acceso y, lo que es importante, en el uso en entornos móviles de prepago.
También incluyen preguntas sobre ingresos, educación y gastos que permiten modelar los datos e identificar los factores reales de la desigualdad de género de una forma que las estadísticas descriptivas no permiten. Esto contribuye a matizar las concepciones de las mujeres y los hombres como grupos homogéneos, que han lastrado gran parte de la investigación cuantitativa y las afirmaciones generalizadoras en este ámbito, y permite situar el género en la intersección con otros factores de desigualdad, como la ubicación rural, la clase social, la edad y la raza.
Evaluación comparativa de una selección de países del Sur Global
Como mostró el artículo de blog anterior, la penetración de la telefonía móvil está, en términos generales, en consonancia con el INB per cápita. La figura 1 muestra que este patrón también se cumple, en líneas generales, en el caso de la brecha de género. En conjunto, los cinco países latinoamericanos encuestados, junto con Sudáfrica, son los más ricos de todos los países incluidos en la encuesta y presentan la menor brecha de género. En cambio, los países africanos más pobres muestran una gran disparidad de género en el uso de teléfonos móviles y, sobre todo, de internet.
Sin embargo, estas disparidades son menores que en algunos países asiáticos de ingresos más altos, donde se observan algunas de las mayores desigualdades de ingresos. El INB per cápita de India y Bangladesh se asemeja más al de Ghana y Kenia, pero ambos países, junto con Tanzania (que también se encuentra entre los más pobres), presentan disparidades de género mucho menores que las de los países asiáticos encuestados.
Sin embargo, se observan anomalías interesantes. Aunque el PIB per cápita de Argentina, superior a 10.000 dólares, es más del doble que el de los demás países con mejores resultados, que rondan los 5.000 dólares e incluyen a Colombia, Argentina apenas supera a Colombia en cuanto a la paridad de género en la propiedad de teléfonos móviles. Si bien la penetración general de la telefonía móvil en Colombia es menor que en sus homólogos latinoamericanos, existe paridad de género en la propiedad de estos teléfonos. Sudáfrica, cuyo INB per cápita medio es similar al de los países latinoamericanos, pese a tener una de las mayores desigualdades de ingresos del mundo, cuenta con más mujeres propietarias de teléfonos móviles que hombres.

De todos los países encuestados, India, Pakistán y Bangladesh presentan las mayores brechas de género en la propiedad de teléfonos móviles (figura 1). Junto con Ruanda y Nigeria (que tiene, con diferencia, la mayor población de África, similar a la de Bangladesh), también presentan algunas de las mayores brechas de género en el uso de internet (figura 2). Por tanto, estas naciones populosas representan un gran número de mujeres sin conexión en el Sur Global.
Estas brechas de género superan las de algunos de los países menos adelantados de África, donde las mayores diferencias de género en la propiedad de teléfonos móviles se registran en Mozambique y Tanzania. La mayor brecha de género en el uso de internet entre todos los países encuestados se da en Bangladesh, seguida de cerca por Ruanda y, a continuación, por India, Mozambique y Nigeria. Las brechas de género de Ruanda y Mozambique duplican las de otros países africanos en desarrollo.
Además de Sudáfrica, entre los países africanos y asiáticos encuestados, Kenia es el único que se acerca a los países latinoamericanos, con una brecha de género relativamente baja del 10 % en la propiedad de teléfonos móviles. Esta correlación entre una mayor penetración de la telefonía móvil y una menor brecha de género también se observa en Kenia, donde la tasa de penetración de los teléfonos móviles está en consonancia con la de los países latinoamericanos de ingresos medianos bajos. Ghana, cuyo INB per cápita en 2016 era similar al de Kenia, le sigue con una brecha de género del 16 %. Nigeria, con un INB per cápita doble que el de Kenia y Ghana, presenta una brecha de género del 18 % en el uso de teléfonos móviles y una tasa de penetración similar a la de Camboya.
Camboya tiene el INB per cápita (y la tasa de penetración) más bajo de los países asiáticos encuestados, más acorde con los de Ghana y Kenia. A pesar de ello, su brecha de género del 20 % es, con diferencia, la menor de los países asiáticos encuestados en cuanto a la propiedad de teléfonos móviles y el acceso a internet. Su brecha de género en el uso de internet es 15 puntos porcentuales menor que la de Pakistán y Bangladesh, y 25 puntos menor que la de India. Con el INB per cápita más alto, de casi 2.000 dólares en 2016, India presenta una asombrosa brecha de género del 46 % en la propiedad de teléfonos móviles y del 57 % en el uso de internet.

En la mayoría de los países encuestados, el uso de teléfonos móviles para realizar transacciones de dinero móvil es mínimo y casi insignificante. Sin embargo, en los países donde se usa el dinero móvil sigue habiendo una brecha de género (véase la figura 3). En América Latina, solo en Paraguay más de la mitad de los hombres y de las mujeres utilizan dinero móvil. Asia es la región donde menos se usa el dinero móvil.
Incluso en Pakistán, que destaca entre los países asiáticos por el uso del dinero móvil, solo el 13 % de los hombres y el 12 % de las mujeres utilizan este servicio. Se ha escrito mucho sobre la retirada de circulación de billetes de determinadas denominaciones en India y la afirmación resultante de que el uso del dinero móvil se disparó, pero nuestras cifras no muestran tal uso.
En África, especialmente en África Oriental, el dinero móvil se usa ampliamente. El servicio de transferencias de dinero móvil M-Pesa, hoy reconocido internacionalmente, representa la inmensa mayoría de la cuota de mercado del dinero móvil en Kenia; por eso no sorprende que más del 70 % de la población keniana use dinero móvil. Aun así, existe una brecha del 16 % entre hombres y mujeres que lo utilizan, en favor de los hombres.

Los análisis de regresión de los datos a escala regional muestran que el sexo, los ingresos, la educación y la ubicación son factores determinantes significativos del uso de internet. En cuanto al sexo, las mujeres tienen menos probabilidades de usar internet, lo que respalda los resultados descriptivos según los cuales las mujeres iban rezagadas respecto de los hombres en el uso de internet en los siete países africanos encuestados. En todas las regiones, las personas con mayores ingresos y niveles educativos tienen más probabilidades de estar conectadas que aquellas con ingresos y niveles educativos más bajos. Asimismo, las personas de zonas rurales tienen menos probabilidades de estar conectadas.
Estos factores pueden contribuir a las disparidades de género en el uso de internet, ya que más mujeres suelen pertenecer a estas categorías. Aunque el modelo muestra que los principales factores determinantes de esta brecha digital son la educación y los ingresos, es probable que estos, a su vez, estén determinados por factores culturales y sociales que se reflejan mejor en la investigación cualitativa.
Implicaciones para las políticas
Desde la perspectiva de las políticas públicas, está claro que las intervenciones del lado de la demanda que abordan no solo la asequibilidad, sino también la alfabetización digital y la educación en un sentido más amplio, son tan fundamentales para la inclusión digital como las medidas de conectividad del lado de la oferta. Además, como muestran los casos de Asia y América Latina, al analizar el acceso de las mujeres a las TIC y su uso, es preciso tener en cuenta factores profundamente arraigados, como las normas sociales y culturales y las actitudes hacia las mujeres.
Aunque hace falta investigar más para comprenderlo mejor, la adopción y difusión de la tecnología mediante modelos comerciales refleja que quienes la adoptan primero suelen ser usuarios con mayor nivel educativo e ingresos, en sociedades y economías con escasas diferencias de género y que no limitan la participación de las mujeres. A medida que más personas se conectan, las disparidades en el acceso y el uso de las TIC reflejan las diferencias entre mujeres y hombres en materia de educación e ingresos (empleo). Sin embargo, a medida que bajan los precios de los dispositivos y servicios y se conectan las personas más pobres (entre quienes hay una proporción desmedida de mujeres), los mercados empiezan a saturarse y las cifras de hombres y mujeres tienden a igualarse.
Las iniciativas para hacer más asequible el uso de internet, incluida la reducción de los impuestos y aranceles sobre los dispositivos y de los impuestos sobre las redes sociales para estimular la demanda de contenido local y, así, reducir la barrera de ingresos que impide a hombres y mujeres conectarse, también reducirían la brecha de género en el acceso a internet a medida que más personas lo utilicen.
