Pienso en el futuro de mi continente a partir de tres preguntas: ¿ gozan de buena salud los africanos? ¿Tienen acceso a una buena educación? ¿Y tienen oportunidades de poner en práctica sus habilidades?
En los últimos años, millones más de africanos han podido responder que sí a estas preguntas. Pero hay un elefante en la habitación. Una de las claves para mantener este progreso es frenar las rápidas tasas de crecimiento demográfico en algunas partes del continente. Sin embargo, los problemas relacionados con la población son tan difíciles de abordar que la comunidad dedicada al desarrollo los ha ignorado durante años.
El crecimiento demográfico es un tema controvertido porque, en un pasado no tan lejano, algunos países intentaron controlar el crecimiento de la población mediante políticas abusivas y coercitivas, entre ellas la esterilización forzada. Ahora, los derechos humanos vuelven a ocupar el lugar central que les corresponde en el debate sobre la planificación familiar. Sin embargo, como parte de la reparación de las heridas causadas por esta historia, la población desapareció por completo del vocabulario del desarrollo.
Por el bien del futuro de África, deberíamos volver a hablar de ello. Según las tendencias actuales, se prevé que África en su conjunto duplique su población para 2050. Entre 2050 y 2100, según las Naciones Unidas, podría casi duplicarla de nuevo. En ese caso, el continente tendría que cuadruplicar sus esfuerzos tan solo para mantener el nivel actual de inversión en salud y educación, que ya es demasiado bajo.
Pero si se desacelera el crecimiento demográfico, habrá más recursos para invertir en la salud, la educación y las oportunidades de cada persona africana; en otras palabras, en una vida digna.
Para que quede muy claro: el objetivo de los programas de planificación familiar no es alcanzar metas demográficas; al contrario, es empoderar a las mujeres para que puedan ejercer su derecho fundamental a elegir cuántos hijos tendrán, cuándo y con quién. Afortunadamente, empoderar a las parejas para que tomen decisiones sobre sus vidas también mejora el futuro de África al cambiar las perspectivas de crecimiento demográfico en todo el continente.
Escenarios
Se han elaborado algunos escenarios futuros relativamente sencillos para el África subsahariana con el fin de considerar cómo podrían afectar al crecimiento demográfico distintas inversiones relacionadas con la planificación familiar. Se han creado utilizando datos del Proyecto Track20. El proyecto sigue los avances mundiales para ampliar el acceso a anticonceptivos modernos a 120 millones de mujeres adicionales en los 69 países más pobres del mundo para 2020.
Examinemos los datos.
Fecundidad deseada: la línea negra representa la población del África subsahariana hasta 2100, según las estimaciones de la División de Población de las Naciones Unidas. La línea azul representa su población hasta 2100 si cada mujer tuviera solo el número de hijos que desea. Actualmente, las mujeres de la región tienen, en promedio, 0,7 hijos más de los que desean. Si esa cifra bajara a cero en los próximos cinco años, la población en 2100 podría cambiar un 30%.
Educación: otro vínculo entre el empoderamiento y el crecimiento demográfico es el efecto transformador de la educación secundaria para las niñas. Las niñas con educación tienden a trabajar más, ganar más, ampliar sus horizontes, casarse y empezar a tener hijos más tarde, tener menos hijos e invertir más en cada uno. A su vez, sus hijos tienden a seguir patrones similares, de modo que el efecto de que una niña complete sus estudios se mantiene durante generaciones. Aunque el impacto de la educación es amplio, nuestro modelo analiza solo un aspecto limitado: el cambio en la edad a la que las mujeres tienen su primer hijo.
La línea rosa representa la población del África subsahariana si el primer parto de cada mujer se retrasara, en promedio, aproximadamente dos años. La edad promedio al tener el primer hijo en África es significativamente menor que en cualquier otra región. Actualmente, en la mitad de los países africanos es de 20 años o menos. Este escenario no tiene nada que ver con que las mujeres tengan menos hijos. Solo tiene que ver con cuándo empiezan a tenerlos.
Consideremos este experimento mental. Si todas las mujeres empezaran a tener hijos a los 15 años, en 60 años habría cuatro generaciones (60/15=4). Pero si todas empezaran a tener hijos a los 20 años, en 60 años habría tres generaciones (60/20=3). Aunque esas mujeres tuvieran el mismo número de hijos en cada generación, la población total sería una cuarta parte menor en el segundo escenario. Para ser prudentes, en nuestro modelo supusimos un retraso menos pronunciado. Aun así, cambia la población proyectada en casi un 10%.
Todos los africanos bienintencionados apoyarán que las niñas vayan a la escuela y tengan acceso a información sobre planificación familiar y anticonceptivos cuando los soliciten.
Y espero que dejemos de evitar señalar también que las mujeres empoderadas toman millones de decisiones individuales que, en conjunto, conducen a una mejor situación demográfica para ellas, para sus hijos y para África.

