Para combatir la discriminación, primero hay que entender cómo medirla

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  • El racismo, y la discriminación en general, puede ser muy difícil de medir de forma objetiva.

  • Un profesor asociado revisa los enfoques actuales para medir la discriminación.

  • No existe una solución perfecta, y es importante comprender las ventajas y limitaciones de usar un enfoque u otro.

El racismo es un asunto espinoso y difícil de medir de forma objetiva. Stephane Wolton analiza los distintos enfoques para medir adecuadamente la discriminación y la importancia de comprender lo que ganamos y lo que perdemos al utilizar un enfoque u otro.

“Con demasiada frecuencia, el «racismo» es la explicación que lo abarca todo y puede aceptarse tácitamente en lugar de examinarse de forma explícita. Las pruebas demuestran que la geografía, la influencia familiar, el origen socioeconómico, la cultura y la religión tienen un impacto más significativo en las oportunidades vitales que la existencia del racismo.” (Comisión sobre Disparidades Raciales y Étnicas: El informe, página 8).

Esta frase, junto con la afirmación de que no existe racismo institucional en el Reino Unido, resume la conclusión de la Comisión sobre Disparidades Raciales y Étnicas de 2021 (CRED). El informe provocó la indignación de la prensa y los medios de comunicación y desencadenó un enredo político que dividió la opinión tanto dentro del gobierno como entre el público británico.

Unos pocos, cercanos al gobierno, lo defendieron; muchos subrayaron que otros datos apuntan a la existencia de una discriminación generalizada en el Reino Unido. Las mujeres negras en el Reino Unido tienen cuatro veces más probabilidades de morir durante el embarazo o el parto que sus homólogas blancas. Los estudiantes negros tienen significativamente menos probabilidades de acceder a la educación superior; incluso cuando sus calificaciones de A-Level son equiparables a las de los solicitantes blancos, tienen hasta un 14 % menos de probabilidades de recibir una oferta de las universidades del Russel Group.

El racismo es un asunto espinoso. Es un tema que puede avivar tensiones, polémicas y tormentas políticas como ningún otro. Pero las cosas no se simplifican por la realidad de que el racismo, y la discriminación en general, es algo intrínsecamente difícil de medir en ningún sentido objetivo.

Cuando intentamos cuantificar la discriminación, normalmente recurrimos a uno de dos enfoques: amplio o estrecho. El enfoque amplio, como sugiere su nombre, tiende a examinar las simples diferencias de resultados entre distintos grupos. Se utiliza a menudo para medir varios resultados socioeconómicos, como las brechas salariales, las diferencias en las tasas de desempleo, la salud, los logros escolares o la violencia sufrida a manos de la policía.

El enfoque estrecho, en cambio, establece comparaciones más complejas. En lugar de limitarse a observar las diferencias de resultados entre distintos grupos, como hace el enfoque amplio, el enfoque estrecho reconoce que los grupos difieren en más de una dimensión. Los miembros de distintos grupos tienden a vivir en lugares diferentes, a tener experiencias familiares distintas y a proceder de orígenes socioeconómicos diferentes. Todos estos factores también pueden afectar a los resultados estudiados. En el enfoque estrecho, el efecto de la raza, la orientación sexual u otros marcadores de discriminación solo se mide después de tener en cuenta el posible impacto de otros atributos.

En general, aunque no siempre, el enfoque amplio arroja una medida de discriminación más alta que el enfoque estrecho. Por ejemplo, ya en 2018, la Oficina de Estadísticas Nacionales (ONS) publicó un informe sobre las «brechas salariales étnicas». Utilizando big data y técnicas de regresión estadística para identificar patrones más amplios, la ONS pudo ofrecer algunos datos interesantes. Por ejemplo, con el enfoque amplio, los empleados del grupo étnico bangladesí ganaban de media un 20,2 % menos que los empleados británicos blancos, mientras que la diferencia porcentual en la mediana del salario por hora entre las personas de origen blanco y todas las pertenecientes a un grupo minoritario étnico es la mayor en Londres con un 21,7 %. Sin embargo, el mismo informe también reveló que «la brecha salarial por origen étnico entre los empleados británicos blancos y la mayoría de los demás grupos étnicos se reduce una vez que se tienen en cuenta otras características, como la educación y la ocupación», lo que sugiere que la brecha salarial tiende a ser menor cuando se mide con el enfoque estrecho.

Volviendo al debate sobre el informe CRED, con estos elementos en mente, podemos ver que la comisión optó por un enfoque estrecho, como ilustra la primera cita, mientras que los críticos adoptaron un enfoque amplio. Así, los comisionados y sus oponentes han hablado uno al lado del otro en lugar de debatir entre ellos.

Entonces, ¿es mejor un enfoque que otro? La respuesta corta es: depende. Depende del tipo de discriminación que la persona o la organización quiera medir. Y depende de las circunstancias.

Tomemos como ejemplo la contratación. Si lo que se busca es detectar una posible discriminación en los procesos de contratación de una empresa, probablemente sea más inteligente adoptar un enfoque estrecho, que profundice en los detalles de candidatos comparables en igualdad de condiciones. Carece de sentido comparar la experiencia de solicitantes muy distintos que difícilmente competirían por el mismo puesto. Una forma mejor de medir la discriminación en este contexto consiste en comprobar si existen diferencias de resultados entre solicitantes con características similares, que compiten por el puesto y que podrían recibir un trato diferente por su identidad. En otras palabras, parece que lo mejor es adoptar un enfoque estrecho. Y la investigación ha propuesto algunas soluciones prácticas para comprobar la discriminación en la contratación.

En cambio, si lo que se busca es obtener pruebas de discriminación a mayor escala, es decir, si se analiza el efecto de la raza en la calidad de vida o en el tipo de oportunidades que se ofrecen a las personas, adoptar un enfoque estrecho puede resultar complicado. Es necesario tener la certeza de que otros factores contribuyentes o históricos en la vida de las personas no son el resultado de la discriminación en otro momento del pasado. Dicho de otra manera: ¿podrían las condiciones de vivienda o el lugar de residencia de alguien ser consecuencia de una discriminación pasada? ¿O podría la situación socioeconómica de sus padres ser el resultado de un trato desigual en el pasado? Si la respuesta es afirmativa, probablemente adoptar un enfoque estrecho no ayudará a comprender la discriminación a nivel social. Y esta es precisamente la crítica que se dirigió al informe CRED.

Es tentador simplificar la forma en que pensamos sobre la medición del racismo y de otros tipos de discriminación en el mundo. Cuando se trata de algo concreto o específico, conviene adoptar un enfoque estrecho. Cuando es algo más general, conviene ampliar el enfoque. Por desgracia, no es tan sencillo. Si se es demasiado estrecho, no se ve el panorama completo. Si se es demasiado amplio, se corre el riesgo de restar importancia al papel de la capacidad de decisión personal en la determinación de nuestros resultados: nuestras decisiones, fracasos, triunfos y éxitos individuales pueden convertirse simplemente en una función de la «sociedad» en su conjunto.

Aquí tienen un papel los CRED y la ONS, las comisiones y los centros de reflexión, los académicos e investigadores, y cualquiera que tenga interés en tomar el pulso a la tolerancia en nuestra sociedad, lo cual es, de hecho, imperativo. No podemos combatir la discriminación sin las herramientas y los métodos para medir adecuadamente estas cuestiones. Y un buen punto de partida es comprender lo que ganamos y lo que perdemos al utilizar un enfoque u otro.

Stephane Wolton es profesor asociado de Ciencia Política en el Departamento de Gobierno de la LSE y coordinador del curso del máster en línea de la LSE Comprender la discriminación

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