Las exigencias de reestructurar a fondo los departamentos de policía de EE. UU. se han generalizado.
Un historial bien documentado de injusticia racial alimenta los llamamientos a la reforma.
Es una consigna que impulsa el cambio profundo. También provoca una fuerte reacción en contra.
Cuando las personas abogan por “Defund the Police”, con frecuencia defienden diversas reformas y al menos un objetivo común: abordar la histórica injusticia racial en la actuación policial de una manera que sirva mejor a las personas de color y salve vidas.
Este impulso al cambio surge en medio de una implacable sucesión de personas negras que mueren innecesariamente. Unas semanas después de que se grabara en mayo a un agente de policía de Minneapolis asfixiando mortalmente al manteniendo su rodilla sobre el cuello de George Floyd durante ocho minutos y 46 segundos, lo que provocó protestas en todo el mundo, Rayshard Brooks fue abatido a tiros por un agente en Atlanta tras haberse quedado dormido en su coche. Cuando usted lee esto, es posible que ya haya otro atroz incidente con una víctima negra en la actualidad informativa.
Algunas de las reformas de “Defund the Police” que ahora se proponen podrían ayudar a evitar tragedias como estas, al rediseñar la aplicación de la ley para que funcione menos como una presencia militar en las comunidades negras y más como un servicio público que mantiene la paz.
La idea de que la actuación policial, tal como está configurada actualmente, afecta por igual a todos en EE. UU. no se sostiene según las estadísticas. En 2019, las personas negras representaron el 24 % de las personas muertas por la policía en el país, aunque solo constituyen el 13 % de la población total, según el proyecto Mapping Police Violence. Ese año no fue una anomalía.

Quienes abogan por la reforma señalan que es habitual que más de un tercio del presupuesto de una ciudad estadounidense se destine a su departamento de policía, que, aun así, puede seguir sin estar preparado para tareas cruciales.
En varios lugares, los responsables municipales están prestando atención y se comprometen a replantear los presupuestos policiales. Los concejales del ayuntamiento de Minneapolis afirmaron que votarán para disolver el departamento de policía y sustituirlo por un “nuevo modelo de seguridad pública”, mientras que se presentó en Los Ángeles una resolución para sustituir a los agentes por personal de respuesta sin armas, y Salt Lake City recortará el presupuesto de su departamento de policía mientras financia más cámaras corporales y proporciona menos armas letales.
Los datos muestran claramente por qué se exigen cambios. En California, por ejemplo, las personas negras representaron casi el 16 % de las muertes causadas por la policía el año pasado, pero solo el 6,5 % de la población, mientras que las personas blancas representaron el 24,8 % de las muertes causadas por la policía en el estado y el 36,8 % de su población.
Los llamamientos a abordar la injusticia racial en la actuación policial no son nuevos. En 1968, la Comisión Kerner publicó un informe que atribuía la brutalidad policial como causa de los disturbios urbanos en una nación “que avanza hacia dos sociedades, una negra y otra blanca, separadas y desiguales”. Le siguieron comisiones comparables y la publicación de informes por motivos similares en 1922, 1936, y 1943.
Es posible que, a medida que el concepto de una reforma policial profunda avance hacia lo convencional, esta vez sea diferente.
Más lecturas sobre la reforma policial en EE. UU. y la injusticia racial
Para más contexto, a continuación se enlazan lecturas adicionales de la plataforma de Inteligencia Estratégica del Foro Económico Mundial:
Según este análisis, hasta el pasado martes, los órganos legislativos estatales de EE. UU. habían presentado, modificado o aprobado 159 proyectos de ley y resoluciones relacionados con la actuación policial, y nueve se habían convertido en ley. (FiveThirtyEight)
Un periodista y abogado sostiene que un enfoque de “cajón de sastre” para la reforma incremental de las políticas no solucionará los problemas de la actuación policial en Estados Unidos, y que se requiere una reconsideración integral de los recursos públicos. (Mother Jones)
La capacidad de la policía para desempeñar sus funciones depende de la aprobación y el respeto públicos, y, según este análisis, en muchas sociedades ese contrato social está hoy hecho pedazos. (Global Initiative Against Transnational Organized Crime)
Aunque han aumentado las demandas de formación en desescalada para la policía, esta no será suficiente si no se combina con una política sólida sobre el uso de la fuerza, la rendición de cuentas y la supervisión, según este análisis. (Scientific American)
Se ha propuesto aumentar el número de cámaras corporales de la policía en EE. UU. y Canadá, pero este análisis sostiene que no generarán más rendición de cuentas ni transparencia a menos que se obligue a la policía a utilizarlas de forma diferente. (Wired)
El impulso de Black Lives Matter ha generado movimientos similares en India y también ha suscitado interrogantes sobre por qué no hubo una respuesta concertada ante una paliza policial mortal en Nueva Delhi a principios de este año, según este informe. (The Diplomat)
La violencia policial es un problema de salud pública, según las investigaciones citadas en este informe. La policía de EE. UU. envió a unas 100.000 personas a urgencias para recibir tratamiento en 2013, y los programas de “stop-and-frisk” provocan estrés postraumático en las comunidades negra y latina. (JSTOR Daily)
En la plataforma Inteligencia Estratégica, puede encontrar visualizaciones y fuentes de análisis de expertos relacionados con racismo sistémico, derechos humanos y cientos de temas adicionales. Deberá registrarse para acceder.