Expertos reunidos por el Foro Económico Mundial esbozan seis vías hacia una sociedad más justa.
La creación de empleos bien remunerados en la nueva economía contribuirá a reducir la desigualdad.
Es necesaria una mayor coordinación entre empleadores y educadores para dotar al alumnado de las competencias propias de la nueva economía.
Los gobiernos también deben controlar los riesgos emergentes en nuevas fronteras, como la IA.
Lea el documento «Building Back Broader: Policy Pathways for a Post-Pandemic Transformation» aquí.
Mientras China se ha recuperado con fuerza y la actividad económica en Estados Unidos se acerca a los niveles previos a la pandemia, la recuperación económica tras la COVID-19 dista mucho de ser uniforme a escala mundial. Es un tema clave que se debatirá en la Cumbre Jobs Reset, del 1 al 2 de junio.
Mientras tanto, la Plataforma del Foro para la Nueva Economía y la Sociedad ha reunido a destacados líderes de opinión en sus seis Consejos Globales del Futuro para trazar una hoja de ruta hacia una recuperación justa e inclusiva. En un documento titulado Building Back Broader: Policy Pathways for a Post-Pandemic Transformation, identifican seis áreas clave de atención para configurar una recuperación que beneficie a todos los miembros de las sociedades a escala mundial.
Política fiscal y monetaria
Proteger a las poblaciones y las economías de las conmociones de la pandemia exigió una serie de iniciativas de apoyo fiscal y monetario, entre ellas cambios en los regímenes fiscales, en los tipos de interés y la introducción de programas de suspensión temporal de empleo para los trabajadores despedidos.
Si bien estas medidas fueron fundamentales en las primeras etapas de la pandemia, según el libro blanco se requiere ahora un cambio fundamental de enfoque. Los autores afirman: «las economías deben centrarse en … invertir en mejorar las capacidades de [sus] personas mediante la educación, la infraestructura física y digital y la innovación». El informe añade: «la fase de recuperación de la pandemia mundial debe ser un llamamiento a la acción para que los responsables políticos afronten la magnitud de las profundas reformas estructurales necesarias para construir economías más resilientes, inclusivas y sostenibles».
Empleo y salarios
El brote de COVID-19 provocó la peor crisis de empleo en la memoria reciente. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que se perdieron 114 millones de empleos en todo el mundo en 2020.
Como muestra el gráfico siguiente, la reducción de horas trabajadas en las primeras etapas de la pandemia fue diez veces mayor que la caída provocada por la crisis financiera mundial de 2008.
El documento del Foro advierte de nuevos repuntes del desempleo, ya que la prolongada naturaleza de la crisis obliga a más empresas a reestructurarse o cerrar. El informe señala que «también es urgente fomentar la creación de empleo, especialmente para los jóvenes y otros grupos vulnerables; empleos de calidad, con salarios dignos y condiciones de trabajo adecuadas». El informe insta a los gobiernos y las empresas a aplicar niveles de salario mínimo que permitan a las personas vivir con dignidad y mantener a sus familias.
Educación y competencias
La pandemia de COVID-19 obligó a cientos de millones de niños a dejar la escuela. Los afortunados pudieron seguir su educación desde casa, asistiendo a clases en línea mediante dispositivos digitales y conexiones de internet rápidas. Pero una desigualdad flagrante dejó excluidos a muchos millones de niños. Carecían de alfabetización digital, dispositivos y conexiones para seguir al día con su educación.
Como muestra el gráfico siguiente, la pandemia ha aumentado el número de niños afectados por la pobreza de aprendizaje en los países de ingreso bajo y mediano.
Además de garantizar el acceso básico a la educación para todos, el libro blanco del Foro identifica la necesidad de integrar en los planes de estudio de todas las materias las competencias requeridas en la «nueva economía». El informe señala: «una mayor coordinación entre empleadores y educadores en torno a un lenguaje común sobre las competencias podría generar una mayor eficiencia en el mercado laboral, al permitir que los educadores orienten la enseñanza hacia las competencias relevantes para el empleo».
Equidad y justicia social
«La desigualdad no es inevitable», afirman los autores.
Piden a todos los gobiernos que legislen para prohibir todas las formas de discriminación, citando una serie de convenios de la Organización Internacional del Trabajo como marco para leyes que garanticen que todas las personas puedan contribuir por igual a la economía y vivir una vida segura y digna.
El informe también plantea un desafío a las empresas, al afirmar: «las empresas desempeñan un papel fundamental en la defensa de reformas sociales positivas, dando prioridad a los intereses de los grupos históricamente desfavorecidos e influyendo en las decisiones dentro de las esferas política, económica y social. Los gobiernos pueden amplificar el impacto del activismo empresarial estableciendo normas, exigiendo responsabilidades a las empresas y difundiendo ejemplos eficaces».
Nuevos mercados
El informe no se anda con rodeos al exponer la magnitud del desafío que supone modernizar la industria y los servicios para crear una nueva economía «verde y equitativa». «Los desafíos y las disrupciones a los que nos enfrentamos hoy exigen una transformación económica de una profundidad y una magnitud que las generaciones actuales nunca han presenciado».
Los autores sugieren varias vías para crear estos nuevos mercados. Cada una de estas estrategias implica una transformación profunda y amplia tanto de los agentes del sector público como del sector privado, así como de las relaciones entre ellos.
El libro blanco sugiere que ni los gobiernos ni las empresas pueden lograr por sí solos esta compleja transición, por lo que concluye que las asociaciones público-privadas serán esenciales para completar el cambio con eficacia. También señala las limitaciones de las estructuras actuales de asociación público-privada, afirmando: «las asociaciones público-privadas en torno a la innovación y la creación de mercados han sido con frecuencia demasiado desequilibradas, y los beneficios de los proyectos exitosos no se han repartido equitativamente entre la población». Para contrarrestar estas limitaciones, el informe propone una revisión profunda que dé lugar a nuevos modelos centrados en los derechos de propiedad intelectual compartidos, un reequilibrio entre riesgo y recompensa y una prioridad en favor de la sostenibilidad.
Riesgos de frontera
Si bien las nuevas tecnologías, como la IA y el aprendizaje automático, abren nuevas oportunidades, también generan nuevos riesgos. Estos se conocen como «riesgos de frontera», ya que existen más allá de los marcos de riesgo conocidos hasta que se cruza una nueva frontera. La pandemia de COVID-19 era un riesgo conocido, como lo era la crisis financiera de 2008. La militarización del espacio o la posibilidad de un ataque a la humanidad mediante armas de IA se clasificarían como riesgos de frontera, según los autores del libro blanco. Estos riesgos se caracterizan por una probabilidad o unos impactos desconocidos, o ambos.
El informe identifica cuatro ámbitos en los que los seres humanos avanzan hacia terrenos que podrían enfrentarnos a riesgos de frontera. Entre ellos figuran la exploración espacial, la geoingeniería, las redes sociales, y la IA y la mejora genética.
Entre una serie de recomendaciones para identificar tempranamente los riesgos de frontera, los autores del informe aconsejan: «Los gobiernos y los organismos internacionales deben priorizar el cierre de las lagunas evidentes en los marcos jurídicos que rigen las nuevas fronteras, como en el ámbito del espacio o de la IA. Por ejemplo, el último gran tratado que regula el espacio ultraterrestre entró en vigor hace más de medio siglo, mientras que la actividad espacial se ha expandido de forma espectacular en los años transcurridos». Asimismo, las nuevas tecnologías deben regularse frente a «usos malintencionados o involuntariamente dañinos», lo que exige que los gobiernos colaboren con el sector privado, aprovechando la experiencia necesaria para comprender estas tecnologías.
La pandemia de COVID-19 es uno de esos acontecimientos excepcionales que afectan a cada persona del planeta. Cuando el mundo salga del brote y su impacto empiece a remitir, reconstruir de forma más amplia, como aconsejan los autores del informe, debe garantizar que todas las personas del planeta también se incluyan en la recuperación.

