• La pandemia amenaza con provocar el mayor aumento de la desigualdad desde que se tienen registros.
• Los pobres, las mujeres y las personas de grupos raciales y étnicos marginados se encuentran en desventaja en muchos ámbitos de la vida.
• El mundo debe emprender un proyecto económico en favor de la igualdad y la sostenibilidad.
A lo largo de la historia, las pandemias nos han obligado a ver qué y quién realmente importa más.
Pensemos en los trabajadores de cuidados y en las enfermeras que nos han mantenido con vida durante el último año. En los agricultores que nos han alimentado. En los científicos que nos salvarán. O en el aire limpio que permite a nuestros hijos respirar con facilidad por primera vez.
Pero, aunque nuestro sentido de comunidad se renueva, parece que fuerzas que escapan a nuestro control nos están desgarrando.
En todo el mundo, los demagogos han encontrado espacio para desatar sus impulsos más peligrosos. ¿Hay un símbolo mayor del peligro que enfrenta nuestro mundo que la imagen de supremacistas blancos aterrorizando las cámaras de la democracia hace apenas unas semanas en Estados Unidos?

La gran brecha está presente en todas partes, incluso en lo más profundo de nuestras economías. Hoy, Oxfam publica una nueva investigación que aborda el centro de los desafíos que tenemos por delante. Revela:
• Podríamos enfrentarnos al mayor aumento de la desigualdad desde que se tienen registros, ya que la pandemia está incrementando la desigualdad económica en casi todos los países al mismo tiempo.
• Podrían necesitarse más de una década para que miles de millones de las personas más pobres del mundo se recuperen del golpe económico de la pandemia, mientras que los 1.000 más ricos recuperaron sus pérdidas por la COVID-19 en solo nueve meses.
• Solo 10 personas —los multimillonarios más ricos del mundo, todos hombres— han visto cómo su riqueza combinada se disparaba en medio billón de dólares desde que comenzó la pandemia. Eso es más que suficiente para pagar una vacuna contra la COVID-19 para todos y evitar que la pandemia empuje a alguien a la pobreza.

Nuestras economías y sociedades están infectadas por un virus de la desigualdad tan letal como la COVID-19.
Vivimos en un mundo en el que una pequeña minoría en la cúspide vive casi casi en un planeta diferente, mientras que miles de millones de personas en el mundo real luchan por sobrevivir.
Si eres pobre, mujer o perteneces a grupos raciales y étnicos marginados, es más probable que hayas perdido tus ingresos o que te hayas visto empujado a la pobreza. En todo el mundo, el virus está matando de forma desproporcionada a personas pobres y a integrantes de grupos raciales y étnicos marginados.
Pensemos en las mujeres, que tienen mucha más probabilidad de trabajar en sectores mal remunerados, como el turismo y el comercio minorista, que han sido los más golpeados por la pandemia. Si hombres y mujeres estuvieran igualmente representados en estos sectores, más de 100 millones de mujeres no estarían en riesgo de perder su empleo. Pregunte a cualquier mujer. No será ninguna sorpresa.
O pensemos en 20 millones de niñas en edad de educación secundaria que quizá no vuelvan nunca a las aulas, lo que agrava las desigualdades y resulta desgarrador para esas niñas, pero también doloroso para todos los que formamos parte del movimiento por los derechos de las niñas tras los avances de los últimos años.
Pensemos en los afrodescendientes de Brasil. Tienen un 40 % más de probabilidades de morir por COVID-19 que las personas blancas.
O que casi 22.000 personas negras e hispanas en Estados Unidos seguirían vivas hoy si hubieran sufrido las mismas tasas de mortalidad por COVID-19 que sus homólogos blancos.
Basta pensar en cuántas familias nunca volverán a abrazar a sus seres queridos, porque no logramos combatir el elitismo, la supremacía blanca, el racismo y el patriarcado que están arraigados en nuestras economías.
Y, sin embargo, lo más escandaloso es que nada de esto les sorprende, ¿verdad?
Por eso, el proyecto económico en favor de la igualdad y la sostenibilidad —poner fin a la brecha extrema entre ricos y pobres, junto con la eliminación de la desigualdad de género y racial— debe ser nuestra salida de esta crisis.
Oxfam insta a todos los gobiernos del planeta a comprometerse explícitamente a poner fin a la desigualdad extrema.
Eso es lo que pediré a los líderes que asisten a la Agenda de Davos que hagan. Me hago eco de los llamamientos de personas de todo el mundo, desde los jóvenes activistas por el clima que participan en huelgas, los manifestantes de #BlackLivesMatter y los activistas de la Fight Inequality Alliance.
Los líderes pueden aprender de países como Nueva Zelanda, que centra su presupuesto en el bienestar de su población, y de Sierra Leona y Corea del Sur, que están adoptando medidas ambiciosas para reducir la desigualdad.
Instamos a los líderes a respaldar una Vacuna del Pueblo para que todas las personas puedan vacunarse, no solo los países y las personas más ricos. Los líderes deben plantar cara a las farmacéuticas y exigir que la tecnología y los conocimientos sobre vacunas se compartan, para que podamos producir dosis suficientes para todo el mundo.
Les instamos a garantizar servicios públicos universales y de calidad, y a asegurar que todas las personas, sin importar el color de su piel ni el monto de su salario, accedan a una atención sanitaria de calidad, algo que muchos países han logrado. Costa Rica ha demostrado que puede lograrse en el plazo de una década. Esto implica garantizar una educación universal, de modo que ninguna niña se vea obligada a abandonar la escuela por falta de dinero, y una protección social universal, para que nadie caiga en la pobreza al perder su empleo.
La acción real también implica invertir en sectores bajos en carbono para crear millones de nuevos empleos y valorar de verdad los miles de millones de horas que cada día dedican las mujeres, especialmente las de grupos raciales y étnicos marginados, al trabajo de cuidados mal remunerado y no remunerado, como un trabajo real.
Implica no tener miedo de gravar a los ricos para que podamos invertir en un futuro más verde y justo para nuestros hijos y nietos. Vean cómo Argentina adoptó recientemente un impuesto a la riqueza extrema que podría generar miles de millones para vencer al virus.
Implica actuar para evitar el colapso climático, que perjudica sobre todo a las comunidades más pobres y históricamente marginadas. Y proteger nuestras democracias del poder desenfrenado de la riqueza extrema.
Es responsabilidad de los gobiernos legislar para reducir la desigualdad, pero las empresas también deben desempeñar su papel. Necesitamos modelos empresariales más justos y que las grandes empresas, como mínimo, no causen daño.
Algunas empresas están dando los pasos correctos, como el gigante de productos de consumo Unilever, que acaba de comprometerse a garantizar un salario y unos ingresos dignos a todas las personas que proveen directamente de bienes y servicios a la compañía. Se trata de un compromiso histórico, y todas las empresas presentes en Davos deberían seguirlo.
¿Qué hace el Foro Económico Mundial en materia de diversidad, equidad e inclusión?
El Centro para la Nueva Economía y la Sociedad conecta a líderes para comprender cómo el cambio económico y tecnológico está transformando el empleo, las competencias y las oportunidades.
Gracias al conocimiento compartido y a la colaboración, el Centro permite a los socios explorar modelos económicos inclusivos que apoyen a las personas y a las sociedades durante la transición.
2021 no es un año como los demás. Debemos aprovechar la oportunidad, antes de que sea demasiado tarde, para garantizar que nuestras economías funcionen para todos, y no solo para un puñado de privilegiados.