Los forenses investigan con menos frecuencia las muertes no naturales de mujeres

Female students of American University of Afghanistan walk on the roof of a building during a security training and new orientation sessions at a American University in Kabul, Afghanistan March 27, 2017.REUTERS/Mohammad Ismail - RTX32XRE
The data revealed that female deaths were less likely to proceed to an inquest than male deaths.Image: REUTERS/Mohammad Ismail
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Cada año mueren medio millón de personas en Inglaterra y Gales. Según la Oficina Nacional de Estadística (ONS, por sus siglas en inglés), en 2015 murieron 257.207 hombres y 272.448 mujeres. Las principales causas de muerte son el cáncer, las enfermedades cardíacas y las enfermedades pulmonares. Sin embargo, cada año muere de forma no natural un número pequeño, pero significativo, de personas. Las estadísticas de los forenses del Ministerio de Justicia (MOJ, por sus siglas en inglés) revelan que en 2016 murieron de forma no natural 24.542 personas (16.694 hombres y 7.848 mujeres), generalmente por accidentes, suicidio o fallos en una intervención médica o quirúrgica.

Las muertes no naturales son competencia del forense. En virtud de la Ley de Forenses de 2009, el forense tiene la obligación de investigar toda muerte no natural o aquella cuya causa se desconoce. Sin embargo, se investigan muchas más muertes de hombres que de mujeres. Al analizar datos de diez años de la ONS y el MOJ, descubrí que era menos probable que las muertes de mujeres se notificaran al forense para su investigación que las de hombres (el 38 % del total de muertes frente al 49 %). Los datos también revelaron que, una vez notificadas al forense, era menos probable que las muertes de mujeres dieran lugar a una investigación judicial que las de hombres (el 8 % frente al 16 %). Además, la probabilidad de que una muerte de mujer se confirmara como no natural era un tercio de la de una muerte de hombre (el 2 % frente al 6 % del total de muertes).

Image: ONS/MOJ

No existe la obligación legal de notificar una muerte al forense. Cada año, los médicos expiden certificados médicos que detallan la causa de muerte de algo más de la mitad de los fallecimientos, sin intervención alguna del forense. La obligación legal de investigar las muertes violentas, no naturales o de causa desconocida recae en el forense.

La independencia judicial del forense —que es nombrado por las autoridades locales— ha dado lugar a incoherencias y prácticas locales diversas en los procedimientos de notificación y en la toma de decisiones. Aun así, desempeñan una función crucial al reconocer las muertes no naturales, ofrecer respuestas a las personas en duelo y prevenir muertes similares en el futuro.

Sin embargo, existen diferencias marcadas según si la persona fallecida es hombre o mujer. En todas las jurisdicciones forenses, durante el período de diez años, se notificaron al forense más muertes de hombres que de mujeres en proporción a las muertes registradas de cada sexo, y en todas las jurisdicciones se llevaron proporcionalmente más muertes de hombres que de mujeres a una investigación judicial.

Entonces, ¿por qué las mujeres quedan fuera del proceso de investigación de las muertes? ¿Se debe a que las mujeres viven más que los hombres y, por tanto, tienen más probabilidades de morir por causas naturales? La edad puede ser un factor, pero resulta cada vez menos probable que lo explique a medida que se avanza por el proceso forense, desde la notificación hasta la investigación judicial y el dictamen.

Cabe imaginar que, si un médico ha atendido recientemente a un paciente de edad avanzada, quizá esté más seguro de que murió por causas naturales, por lo que notificar la muerte al forense parecería innecesario. Pero cuesta más entender por qué la edad afectaría a la decisión de abrir una investigación judicial, cuando, tras las indagaciones iniciales, la muerte aún podría presentar algo extraño. Dicho de otro modo, se denegará una investigación judicial a más mujeres notificadas al forense porque este considerará que la muerte fue natural.

Una profesión dominada por los hombres

El problema podría ser el siguiente: el servicio forense es un vestigio de otra época. Durante la mayor parte de sus 800 años de historia ha sido una profesión exclusivamente masculina, y más recientemente la han moldeado la industrialización y la creciente posibilidad de muertes no naturales, sobre todo entre los hombres.

De las 92 jurisdicciones forenses que hay actualmente en Inglaterra y Gales, solo 28 tienen mujeres como forenses superiores (varias fueron nombradas recientemente). De hecho, pasaron exactamente 757 años hasta que se nombró a la primera forense, Lilian Hollowell de Norfolk, en Inglaterra, en 1951 (el cargo de forense se creó en 1194). La primera mujer forense de Gales, Mary Hassall, fue nombrada en fecha tan reciente como 2005. Así pues, hasta mediados del siglo XX, solo los hombres determinaban qué era una muerte no natural.

Durante la mayor parte de su historia, el servicio forense no solo ha estado dominado por los hombres, sino que también se ha centrado en ellos. Casi todas las muertes no naturales (el 95 %) se clasifican de una de seis maneras, conocidas hoy como «conclusiones» (antes, «veredictos»): muerte accidental o por percance; veredicto narrativo (cuando se prefiere una «narración» explicativa de la muerte a una categoría más breve); suicidio; enfermedad profesional; muerte relacionada con drogas o alcohol; y veredictos abiertos. Sin embargo, incluso hoy, dos conclusiones de investigación judicial —muerte accidental y veredicto narrativo— explican siete de cada diez muertes no naturales de mujeres. Es una clasificación sumamente limitada que no contribuye en absoluto a que entendamos cómo mueren las mujeres en circunstancias no naturales. Las muertes de hombres se distribuyen de forma mucho más equilibrada entre las demás categorías y, por supuesto, representan la mayoría de los casos en todas ellas.

Las muertes de hombres y mujeres reciben un trato distinto a lo largo del proceso de investigación forense. Menos mujeres superan los umbrales para que su muerte se notifique al forense, se celebre una investigación judicial o se confirme como no natural. Cuando los superan, la lista actual de veredictos no responde bien a las necesidades de las mujeres. Tal como está planteada, la labor de los forenses es vulnerable a la acusación de que se concede más importancia a las muertes de hombres que a las de mujeres.

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