La COVID-19 provocó que las mujeres abandonaran el empleo remunerado en mayor proporción que los hombres.
Pero ahora las mujeres emprendedoras están rompiendo barreras al incorporarse cada vez más a ocupaciones tradicionalmente dominadas por hombres.
Las mujeres siguen viéndose frenadas por sesgos inconscientes, normas sociales e incluso leyes en muchos países.
Para evitar que la desigualdad se arraigue, es necesario mejorar el acceso a la educación superior y a la formación en el trabajo, además de impulsar reformas legales y contar con el apoyo de familiares y colegas varones.
El impacto desigual de la pandemia de COVID-19 es innegable: las mujeres se han visto afectadas de manera desproporcionada, pues abandonaron el empleo remunerado en mayor proporción que los hombres y asumieron responsabilidades de cuidado de niños y personas enfermas. Las múltiples crisis, desde los conflictos hasta el cambio climático, agravan el desafío y golpean con especial dureza a las economías en desarrollo.
Pero las mujeres están demostrando su capacidad y desempeñan un papel fundamental en la incipiente recuperación económica. Están rompiendo barreras e incursionando en ámbitos laborales que tradicionalmente eran «solo para hombres». Están innovando, como emprendedoras que adoptan tecnologías para fortalecer la resiliencia.
Para Sharon Tumusiime, que dirige un negocio de carpintería en Kampala, Uganda, la inspiración para dedicarse a este trabajo «no tradicional» surgió cuando necesitó una casita de juegos para su hija. Consiguió palés adicionales de quien entonces era su empleador, una empresa de transporte marítimo, y pidió a un carpintero que la construyera. Al ver que había una demanda insatisfecha de muebles, emprendió por cuenta propia hace 5 años.
Fue difícil, pero hoy lidera iniciativas para abastecerse de madera de fuentes más sostenibles. Atribuye su éxito a haberse incorporado pronto a una red empresarial, al apoyo de su familia y a la confianza que le inculcaron sus padres, quienes criaron por igual a sus hijos e hijas. Lamenta la falta de acceso al capital para hacer crecer su negocio y contempla invertir en impresoras 3D y otros equipos.
Mujeres como Tumusiime demuestran que abordar la segregación ocupacional puede crear más oportunidades para las mujeres. Según un análisis del Banco Mundial, las mujeres que acceden a ámbitos laborales dominados por hombres obtienen, en promedio, beneficios un 67 % mayores que las mujeres que permanecen en sectores tradicionales.
Sin embargo, las mujeres de todo el mundo suelen estar rodeadas de «muros de cristal» que les dificultan acceder a ámbitos más rentables. Las frenan los sesgos inconscientes, las normas sociales, las limitaciones de capital y las leyes. En 86 de las 190 economías encuestadas en el nuevo informe Mujeres, empresas y derecho.
El acceso a la educación superior, la exposición a ámbitos laborales tradicionalmente masculinos mediante la experiencia laboral y la formación, y el apoyo de familiares y colegas varones pueden ayudar a las mujeres a romper barreras. Las reformas legales también son importantes para evitar que la desigualdad existente se arraigue. En este frente se están logrando avances: durante el último año, Baréin y Vietnam eliminaron todas las restricciones legales al empleo de las mujeres; Benín derogó las restricciones que impedían a las mujeres trabajar en empleos industriales, y Pakistán eliminó las restricciones al trabajo nocturno de las mujeres.
La transformación digital, acelerada por la pandemia, es otro ámbito con un gran potencial para el empoderamiento económico de las mujeres . Las tecnologías digitales pueden facilitar el acceso a información y formación, a redes de apoyo y a la inclusión financiera, pero la gran brecha digital de género puede ser un obstáculo. Las mujeres tienen todavía un 10 % menos de probabilidades que los hombres de poseer un teléfono móvil y un 23 % menos de probabilidades de usar Internet móvil.
Durante una visita reciente a Nigeria, conocí a mujeres que recibían formación en competencias digitales como parte de una iniciativa del gobierno local para preparar a los jóvenes para los empleos del siglo XXI. Debemos asegurarnos de que las mujeres estén incluidas en estas iniciativas. El cambio tecnológico podría crear hasta 365 millones de nuevos empleos en todo el mundo, pero el 60 % estará en campos actualmente dominados por hombres, en particular en STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). La igualdad de acceso a las tecnologías digitales, como los teléfonos móviles, las computadoras e Internet, puede ayudar a las mujeres a crear nuevas empresas, descubrir nuevos mercados y encontrar mejores empleos.
Apoyar la elección ocupacional e incluir a las mujeres en la transformación digital son solo dos ámbitos en los que podemos tomar medidas concretas como parte de los esfuerzos generales para situar a las mujeres en el centro de la recuperación. Como ha dejado claro la pandemia, ofrecer servicios de cuidado infantil de calidad permitirá a las mujeres participar en el trabajo remunerado, y el acceso a programas de protección social evitará que las crisis las empujen a la pobreza. Para fundamentar las políticas, necesitamos mejorar la evidencia, porque no podemos gestionar lo que no medimos. El nuevo Portal de datos de género del Banco Mundial es un ejemplo de cómo mejores datos pueden hacer visible lo invisible e impulsar la acción.
La tasa mundial de participación de las mujeres en la fuerza laboral apenas supera el 50 %, frente al 80 % de los hombres. Es menos probable que las mujeres trabajen en empleos formales y tienen menos oportunidades de ampliar sus negocios o progresar en sus carreras. Cuando trabajan, ganan menos. Los datos recientes de encuestas de hogares sugieren que la pandemia de COVID-19 ha acentuado estas brechas de género.
A medida que los países salen de la crisis, las reformas para acelerar la igualdad no deben quedar relegadas, para que las mujeres puedan seguir haciendo realidad sus aspiraciones. Necesitamos que hombres y mujeres trabajen como socios en igualdad de condiciones para recuperarnos y lograr un desarrollo verde, resiliente e inclusivo.