Cómo puede Japón abordar los desafíos de las trabajadoras autónomas y las empresarias

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  • En Japón, la mayoría de las ayudas públicas para las mujeres relacionadas con el parto y el cuidado infantil solo están disponibles para quienes trabajan por cuenta ajena en una empresa.

  • Esto significa que muchas mujeres que trabajan como autónomas y empresarias encuentran obstáculos para trabajar por falta de apoyo económico.

  • Corregir este desequilibrio podría ayudar a Japón a abordar diversos problemas laborales, como el envejecimiento de la población y la caída de la productividad.

  • Lee el artículo en japonés aquí.

Aunque las formas de trabajar se diversifican en consonancia con la tendencia actual, que exige actualizar los estilos de trabajo para adaptarse a la evolución del futuro del trabajo, el retraso en el desarrollo de mecanismos y sistemas que presten apoyo supone ahora un importante obstáculo para las mujeres que trabajan como autónomas y empresarias.

En Japón, la mayoría de las ayudas y garantías públicas para las mujeres que afrontan acontecimientos vitales como el parto y el cuidado infantil durante su trayectoria profesional solo están disponibles para quienes trabajan por cuenta ajena en una empresa, lo que deja atrás a las mujeres con modalidades de trabajo flexibles.

Japón se enfrenta a diversos problemas laborales

Japón afronta diversos problemas laborales, entre ellos la reducción de la población activa debido al descenso de la natalidad, el envejecimiento de la población, la caída de la productividad, las largas jornadas laborales y las muertes por exceso de trabajo.

Para remediar estos problemas, el Gobierno promueve la «reforma del estilo de trabajo» con el objetivo de hacer realidad una sociedad en la que los trabajadores puedan elegir formas de trabajar diversas y flexibles según sus circunstancias personales.

Según una encuesta realizada en otoño de 2021 por Lancers, empresa que gestiona el mayor servicio de crowdsourcing de Japón, la población autónoma del país asciende a 15,77 millones, 6,4 millones más que en la encuesta de la empresa de 2015.

El tamaño de la economía también aumentó en 9,2 billones de yenes entre 2015 y 2021, hasta alcanzar los 23,8 billones de yenes. En particular, el mercado del trabajo autónomo se expandió considerablemente desde 2020, cuando la COVID-19 se propagó en Japón y provocó un cambio drástico en la forma de trabajar.

Al igual que el número de trabajadores autónomos, también va en aumento el de empresarias. Una encuesta de Tokyo Shoko Research muestra que la cifra se ha multiplicado por 2,8 hasta alcanzar las 584.000 en los últimos 12 años.

Las trabajadoras autónomas carecen de permiso de maternidad y ayudas para el cuidado infantil

Así, aunque sigue aumentando el número de mujeres que trabajan sin estar empleadas por una empresa, han pasado tres años desde 2019, cuando comenzó la reforma del estilo de trabajo, pero los obstáculos que impiden a estas mujeres compaginar el trabajo con el parto y el cuidado infantil siguen siendo considerables.

Las trabajadoras autónomas, como las profesionales independientes y las empresarias, no tienen derecho a los permisos de maternidad y de cuidado infantil disponibles para todas las empleadas de empresas en Japón, porque no tienen una relación laboral y no pueden afiliarse al seguro de desempleo.

Si una mujer trabaja para una empresa, puede tomar un permiso de maternidad de 12 semanas antes y después del parto y un permiso para el cuidado infantil hasta que su bebé cumpla dos años como máximo.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial respecto al futuro del trabajo?

Además, durante el permiso para el cuidado infantil, el Gobierno paga prestaciones equivalentes al 50-67 % del salario anterior al permiso para garantizar los ingresos. También se exime del pago de todas las primas de los seguros sociales. El sistema japonés de ayudas por maternidad y cuidado infantil es muy generoso y completo.

Sin embargo, dado que ninguna de estas ayudas está disponible para las trabajadoras autónomas y las empresarias, está claro que existe una marcada desigualdad en la protección de la maternidad y el apoyo económico por el simple hecho de que sus formas de trabajar sean distintas.

Sin garantías de permiso, muchas trabajadoras autónomas y empresarias se ven obligadas a trabajar poco después del parto. Una encuesta de 2017 sobre mujeres autónomas de entre 20 y 50 años que habían dado a luz reveló que el 44,8 % volvió al trabajo durante el primer mes después del parto y el 59,0 % durante los dos primeros meses.

Para volver al trabajo, deben conseguir cuidado infantil, pero también en este aspecto las trabajadoras autónomas y las empresarias están en desventaja.

Aunque trabajen el mismo número de horas que las empleadas de empresas, las mujeres que trabajan por cuenta ajena y utilizan el sistema de ayudas públicas del Gobierno tienen ventaja en el proceso de selección para acceder a guarderías autorizadas por el Gobierno si regresan al trabajo después del permiso para el cuidado infantil y mantienen su situación laboral.

Esto se debe a que el sistema actual de asignación de plazas en guarderías autorizadas se basa en puntos, que se otorgan según la necesidad de cada familia. La selección se realiza en orden descendente de puntuación, y primero se admite a los niños de las familias con más puntos.

Salvo en el caso de las familias con bajos ingresos que reciben ayudas sociales, el sistema de puntuación favorece a las familias en las que ambos progenitores trabajan a tiempo completo como empleados fijos.

Esto pone en desventaja a las trabajadoras autónomas y a las empresarias, sobre todo si trabajan desde casa, ya que se considera que pueden compaginar el trabajo con el cuidado infantil o se les pide que presenten justificantes salariales de los últimos meses, aunque tengan previsto volver al trabajo tras el permiso por nacimiento y todavía no hayan percibido ingresos.

Como resultado, a menudo tienen que pagar tarifas elevadas para dejar a sus hijos en guarderías privadas o contratar a una niñera.

Las dificultades para encontrar una guardería como trabajadora autónoma

Como madre de un niño de 11 meses y trabajadora autónoma, yo fui una de las madres que se enfrentaron a este obstáculo cuando volví al trabajo hace unos meses. Tuve que renunciar pronto a solicitar una plaza en una guardería autorizada porque acababa de reincorporarme al trabajo y aún no podía demostrar que tenía ingresos, y por el mero hecho de trabajar desde casa.

Después de dos meses buscando guardería, por fin conseguí una plaza para mi hijo en una de las guarderías privadas que tenía vacantes.

Detrás de la decisión de una madre de dejar al cuidado de otros a su bebé menor de un año para ir a trabajar hay dudas, angustia y conflicto, pues desea dar importancia tanto a su hijo como a su trabajo.

Mujeres en la fuerza laboral global 2022
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Será necesario desarrollar un sistema de cuidado infantil justo que apoye a las madres que aún quieren trabajar y contribuir a la sociedad con su trabajo.

En su afán por ampliar las ayudas para el cuidado infantil, el Gobierno japonés anunció este mes que estudiaría establecer una nueva prestación en efectivo para quienes trabajen menos horas para criar a sus hijos después de tomar un permiso para el cuidado infantil. Sin embargo, en la práctica, estas iniciativas también se limitan a quienes trabajan por cuenta ajena en empresas.

El último Informe sobre la brecha de género del Foro Económico Mundial muestra que Japón ocupa el puesto 121 de 146 países en el subíndice de participación y oportunidades económicas, el más bajo entre los países del G7.

El cuidado infantil, un obstáculo para las mujeres trabajadoras en Japón

Una de las razones por las que el cierre de la brecha de género en la participación de las mujeres en el mercado laboral japonés sigue avanzando más lentamente que en otros países desarrollados podría ser que el entorno no facilita lo suficiente que las mujeres compaginen el trabajo con el parto y el cuidado infantil, sea cual sea la modalidad de trabajo que elijan. Esto supone un obstáculo tanto para el avance social de las mujeres como para abordar el descenso de la natalidad.

El informe revela que los países que invierten en todo su capital humano y facilitan a su población la conciliación entre el trabajo y la vida familiar tienden a ser más prósperos.

¿Cómo promueve el Foro Económico Mundial la igualdad en el lugar de trabajo?

El Informe sobre el futuro del empleo de 2023 reveló que el 75 % de las empresas encuestadas prevé adoptar tecnologías de inteligencia artificial, macrodatos y computación en la nube en los próximos cinco años.

El Centro para la Nueva Economía y la Sociedad ofrece una plataforma para que los líderes compartan conocimientos sobre la adopción y eficacia de las nuevas tecnologías, así como sobre la preparación de la fuerza laboral para utilizarlas. Nuestro trabajo incluye desarrollar análisis y diálogo sobre crecimiento, empleo, competencias, equidad y riesgos.

Conoce mejor nuestro impacto:

  • Paridad de género: Desde 2006, hemos medido cada año el estado y la evolución de la paridad de género en 101 economías, ayudando a los responsables de la toma de decisiones a identificar las políticas más eficaces para cerrar las brechas de género. En Chile, contribuimos a establecer aceleradores de la paridad de género y beneficiamos a 728.000 mujeres, reduciendo en un 37 % la brecha de género en las empresas participantes.

  • Revolución de la recapacitación: Junto con nuestros socios, ayudamos a la fuerza laboral mundial a preparar sus carreras para el futuro. Colaboramos con más de 350 organizaciones para ofrecer a 1.000 millones de personas una mejor educación, competencias y oportunidades económicas de aquí a 2030.

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  • Justicia racial: Colaboramos con unacoalición mundial de 55 organizaciones de 13 sectores que se han comprometido a crear lugares de trabajo equitativos y justos para profesionales de grupos raciales y étnicos infrarrepresentados.

¿Quieres saber más sobre el impacto de nuestro centro o participar? Ponte en contacto con nosotros.

Para que Japón pueda abordar problemas urgentes como el descenso de la natalidad y la escasez de mano de obra, y promover de verdad la diversificación de las formas de trabajar, es esencial desarrollar estructuras y sistemas sociales que apoyen a mujeres de distintos orígenes, sean cuales sean las decisiones que tomen en cada etapa de sus vidas.

Esto no requiere necesariamente grandes innovaciones. Bastaría con ampliar el alcance de los sistemas y marcos ya bien desarrollados para que puedan utilizarlos más personas; así sería posible avanzar hacia una sociedad más inclusiva.

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